Por Francisco FLORES TRISTÁN

Me resulta sorprendente la unidad y la contundencia que han mostrado las fuerzas políticas francesas de Derecha y de Izquierda frente a los atentados del 13N si las comparo con las dudas y vacilaciones observadas en España. El asunto es lo suficientemente brutal y presenta tantas aristas como para meditar con calma sobre las posibles alternativas. Habría que distinguir dos vertientes sobre este asunto, la interior y la exterior. La interior se refiere a las medidas a adoptar en Francia o en otros países europeos para la detención de los autores de la masacre y para evitar que se repita. En Francia el Gobierno proclamó el estado de emergencia por el que suspende o limita ciertas garantías constitucionales como el registro de domicilios o la libertad de residencia. Este estado de emergencia fue ratificado por tres meses en el Parlamento con la casi unanimidad de los grupos políticos (solo 6 votos en contra en la Cámara baja y 12 abstenciones en el Senado). Quizá son explicables la unanimidad y la dureza de las medidas por el impacto brutal de la matanza pero cuando los ánimos se serenen sería preciso ponderar hasta qué punto es justificable la suspensión de garantías que forman parte del núcleo duro de libertades que hemos considerado esenciales en una Democracia desde le Revolución francesa acá. Sería triste que al final los terroristas consigan por vía indirecta el desmantelamiento de una parte del Estado de derecho que ellos quieren derribar. Me refiero especialmente a derechos como el límite de tiempo para la detención policial y la inviolabilidad de domicilio cuya suspensión solo me parece admisible en períodos de tiempo cortos en casos excepcionales. Que yo recuerde en España no se adoptaron medidas similares cuando el 11 M y la acción policial fue bastante eficaz.