Por Aurelio GARNICA DÍEZ

Recientemente hemos celebrado el 40 aniversario del referéndum de aprobación de la Constitución española (CE) y en breve, el de su entrada en vigor. Fue el 29 de diciembre de 1978, día de su publicación en el boletín oficial del Estado (BOE). En estos días hemos oído muchas alabanzas a la CE y también voces resaltando insuficiencias y limitaciones.

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Por Paco Rodríguez de Lecea y Javier Aristu

Se presenta en las librerías, bajo el título La utopía cotidiana. Diarios 1988-1994, una amplia selección de las entradas realizadas por Bruno Trentin en sus diarios a lo largo de los años en que ejerció la secretaría general de la CGIL. Quienes hemos tenido la idea de espigar estas notas que combinan crónica, reflexión y anticipación, de traducirlas y de anotarlas, hemos sido los arriba firmantes, Paco Rodríguez de Lecea y Javier Aristu. Otros amigos nos han ayudado con aportes de naturaleza varia y con sus ánimos consistentes. Destaca en ese sentido la importante introducción escrita por Antonio Baylos. La Fundación Primero de Mayo ha acogido el proyecto bajo su prestigioso marchamo, y El Viejo Topo se ha hecho cargo de la edición.

Por Thomas PIKETTY

¿Debemos tirar a la hoguera el Mayo del 68? Según sus detractores, el espíritu de mayo habría contribuido al triunfo del individualismo, por no decir del ultraliberalismo. Pero son tesis que no resisten un análisis riguroso. El movimiento de Mayo del 68, por el contrario, supuso el inicio de un periodo histórico de fortísima reducción de las desigualdades sociales en Francia que posteriormente perdió impulso por razones diversas. La pregunta es importante porque condiciona el futuro.

Por Javier ARISTU

Asistimos a un momento desconcertante. Esta palabra, desconcierto, puede ser una de las que mejor resuma el estado de la cuestión en España y en Europa. Por desconcierto se pueden entender varios y distintos significados. Desde “descomposición de las partes de un cuerpo o de una máquina”, hasta “estado de ánimo de desorientación y perplejidad” o incluso “desorden, desavenencia, descomposición”. Claro que también nos podríamos acoger a la cuarta acepción de la Academia de la Lengua para definir este periodo como “falta de modo y medida en las acciones o palabras”. No estoy seguro de que la quinta designación se pueda aplicar a la España actual: “falta de gobierno y economía”. Todo el caudal de comentaristas, críticos de prensa, representantes políticos y demás ejército de la actual sociedad de la comunicación política no están consiguiendo aclarar un panorama que se nos prefigura sobre todo como confuso, borroso e indefinido. Desde hace mucho tiempo no se veían tan difuminadas las fronteras culturales e ideológicas que se suponen separan a la derecha de la izquierda. El desconcierto es antológico.

Por Javier ARISTU

De los debates en televisión… a la política, en el parlamento y en la calle: esa es la diferencia entre el día antes y el día después al 20D. Como de la noche al día. La política de verdad tiene algunos aspectos que a la gente no le gustan, que son rechazados por principio, como la que expresa esa obsesión tan española de estar siempre en contra del representante público, como si este fuera por principio el malo de la película; pero, al final, la política tiene el indudable beneficio de que es la que tiene que resolver (o intentarlo seriamente) los asuntos del común. Sin política muchos de nuestros asuntos no se arreglarán.

Por Carlos ARENAS POSADAS

En días pasados, dos personas, el inglés Owen Jones y el uruguayo José Mújica, me han inspirado las líneas que siguen. El primero, a través de su escrito “Hacer posible la aspiración”, [leer original en Class], introduce una sugerente aportación al respecto de tal concepto, para decirnos que al igual que el ánimo de lucro y la codicia han sido la “aspiración” burguesa en todo tiempo y lugar,  es llegada la hora de que la izquierda se apropie del mismo para darle un sentido colectivo en nombre de la inmensa mayoría.

En el pasado, las aspiraciones de las clases populares han sido canalizadas a través de los dos partidos herederos del marxismo, por aquellos que confiaban en el Estado propietario, la vía soviética, y por aquellos socialdemócratas de primeras, segundas y terceras vías que confiaban en su capacidad para repartir benévolamente las ganancias de productividad del capital. El resultado en ambos casos han sido rotundos fracasos históricos.

Por Tom ANGIER

[Traducimos el siguiente texto de Tom Angier porque, a pesar de estar centrado especialmente en la sociedad británica, aporta algunas reflexiones interesantes sobre la crisis de la izquierda europea. El autor cree que se han abandonado los ámbitos tradicionales de la reflexión y la actividad de la izquierda, como son los estrictamente sociales y de clase, por otros denominados “de identidades” (especialmente los relacionados con las culturas y etnias, los de género y otros): ello ha provocado un colapso en la cultura de izquierda y un abandono de los tradicionales votantes de los partidos socialdemócratas. Frente a planteamientos “policiales y de seguridad” —como el reciente acuerdo antiterrorista del PP/PSOE— ante el reto del Islamismo radical, Angier plantea la necesidad y urgencia de reconstruir una política social europea que pueda resolver los problemas de marginación, pobreza y desigualdad que estarían en el fondo de esa amenaza.]

Con el ascenso de los partidos europeos de extrema derecha y de la izquierda radical los partidos socialdemócratas se enfrentan al reto de conservar su apoyo electoral en varios países de Europa. El primer problema con el que se encuentran los socialdemócratas es que ya no son tan atractivos en los distritos  tradicionales y entre las organizaciones que previamente habían servido para asentar su presencia en las comunidades, tales como sindicatos y cooperativas. Solo volviendo a sus prioridades tradicionales pueden los socialdemócratas tener la esperanza de que este declive se detenga.

Europa se encuentra en dificultades. Esto es evidente en el plano puramente político, en el que el proyecto de la UE provoca la indiferencia o la hostilidad por parte de un número cada vez mayor de los ciudadanos europeos, y la afiliación de los principales partidos ha descendido precipitadamente desde 1980. Es evidente en el plano económico, donde la riqueza se concentra en un pequeño número de manos, manos que no parecen estar unidas a ninguna nación o lugar en particular. Y es evidente a nivel de la sociedad civil donde el tejido social se está desarticulando, entre otras razones por el temor al Islam político, temor que no es atenuado por aquellos que lo reducen, de manera condescendiente, a una forma de locura o “fobia”.