Por Francisco FLORES TRISTÁN

IU ha jugado a veces con fuego en los tres años de participación en el Gobierno de Andalucía pero la ruptura de la coalición por parte de la Presidenta Susana Díaz parece más una excusa para convocar las elecciones que un motivo real. Es verdad que el anuncio de referéndum de su militancia para el mes de junio hecho por IU es otra muestra más de esta política hecha al borde del precipicio pero, como decía Javier Aristu hace unos días, responde más a una manera de acallar al sector de IU que ha estado siempre en contra de la coalición, que a una presión sobre la Presidenta. De todas formas las seguridades dadas por Maíllo y el aplazamiento sine die del viaje de Valderas al Sahara son síntomas evidentes de la actitud conciliadora de la dirección de IU, una actitud que, teniendo en cuenta los precedentes en otros momentos de tensión, seguramente hubiera hecho posible resolver las diferencias si esa hubiera sido la intención de la Presidenta.

Desde luego lo que parece difícil de justificar es que la convocatoria electoral se deba a la “inestabilidad política”. Uno de los elementos más importantes que suelen poner a prueba la estabilidad de un Gobierno es la elaboración de los Presupuestos. Pues bien, PSOE e IU han sido capaces de aprobar los Presupuestos de 2015, lo que en teoría suponía dar un año más de continuidad a la coalición, que no aparecía menos estable que en otros momentos anteriores de la legislatura. Pero además si lo que buscaba Susana Díaz es mayor estabilidad política parece muy difícil que lo vaya a lograr con las elecciones. La forma de lograrlo sería alcanzar una mayoría absoluta de la que hoy por hoy parece muy alejada. La única encuesta publicada en Andalucía después del anuncio de la Presidenta, la de “El Mundo”, prevé incluso un retroceso del PSOE-A situándolo en una horquilla de 43-45 escaños frente a los 47 actuales si bien pasaría a ser primera fuerza política por el desplome del PP, que bajaría a 39-42 desde los 50 actuales; Podemos pasaría a ser tercera fuerza con 17-19 escaños desplazando a IU al cuarto lugar con 5-7 desde los 12 actuales; UPD podría entrar en el Parlamento con 0-1 escaño. 

Por Javier ARISTU

Viene siendo ya un latiguillo de estos últimos días: “¡Nos hace falta una Syriza en Andalucía, en España…!”. Son ya muchos los que a través de las redes sociales difunden esa idea para que la firmemos y, de esa manera, se logre convencer a no sé quién de Podemos y a no sé cuántos de IU para formar una candidatura única de la izquierda en las próximas elecciones andaluzas del 22 de marzo que, supongo, sería precedente de la gran eclosión “syriziana” de las elecciones generales de este 2015. Fiat voluntas tua, [hágase tu voluntad] dice el verbo latino. Sin embargo, creo que el devenir del futuro de la izquierda en nuestro país no es cosa de voluntades sino de situaciones, sintonías y procesos; y de intelecto común, vamos.

Veamos antes de todo el proceso de Syriza, cómo y por qué ha llegado a donde está, desplazando al Pasok de “la centralidad de la izquierda” y construyendo una fuerza política capaz de representar a una gran mayoría nacional griega. Para ello, y entre otras apuestas, tuvo que desprenderse y enfrentarse en su momento con el partido comunista griego (KKE, prosoviético en la jerga de entonces), dominante en la izquierda griega durante muchos años. El proceso de Syriza ha pasado por muchas y diversas vicisitudes.

Por Angelo D’Orsi

Bersani, líder del PD
Bersani, líder del PD

Publicamos un largo artículo de valoración de los resultados de las recientes elecciones italianas. Más allá de la provisionalidad de algunas afirmaciones, hechas a vuelapluma tras las elecciones, bastantes de las afirmaciones y reflexiones que se lanzan tienen todavía valor y, lo que es tan importante, podemos aplicarlas a nuestro país, a España. Aunque pueda haber finalmente un gobierno del PD, con Bersani al frente, el autor nos habla claramente de una “derrota política”, de la que no es ajena el éxito de las candidaturas en torno a Beppe Grillo y los resultados obtenidos por el PDL de Berlusconi.

Además, dice el autor, en el quinto centenario de la publicación de “El Príncipe”, el pensamiento de Maquiavelo nos ayuda a reflexionar sobre las causas de la derrota electoral de la izquierda. Esta sólo podrá recuperarse a través de lo que Gramsci llamaba “un lento trabajo cultural” y  redescubriendo el auténtico sentido de la política como búsqueda y lucha por una sociedad mejor.

¿Y ahora? Me muevo en un escenario que no me agrada, entre la fastidiosa borrachera de los vencedores, las grotescas justificaciones de los perdedores, el silencio embarazoso del que pronosticaba otro resultado, y, personalmente, trato de hacer el luto, como uno más entre aquellos que votaban sabiendo que de cualquier forma iban a ser derrotados, más allá de los resultados concretos obtenidos por las listas que ellos habían apoyado. Derrotado, dado que ninguno de los contendientes expresaba mi pensamiento, y, sobre todo, porque aquel al que me sentía más próximo había elegido procedimientos y métodos típicos de una “vieja política” (no transparente, no democrática, de cúpulas dirigentes, y a pesar de todo vencida en las urnas) en la construcción del proyecto y en la configuración de las candidaturas. Como no ejerzo de político profesional, aunque sí lo estudio,  en vez de quejarme, o de alegrarme, o de justificar, intento razonar sobre las causas de lo que es sin lugar a dudas una derrota quizá histórica de la izquierda, o al menos de lo que hasta ahora hemos llamado “izquierda”. Y la conclusión de esta reflexión es para mí devastadora. Me siento solo, como nunca lo he estado. Y sin embargo, las posibilidades de ver una luz existen, al menos en el plano de la simple lógica. Con un esfuerzo que no es indiferente trato de iluminar esta nebulosa situación postelectoral. Pido ayuda al “Secretario florentino”, al gran Nicolás, recordando que “El Príncipe” —la obra maestra de la teoría política de todos los tiempos— fue escrito por él exactamente hace medio milenio, a partir de la experiencia política directa y basándose en el conocimiento de la historia, las dos fuentes del pensamiento de Maquiavelo, ayuda indispensable todavía para reflexionar sobre el universo político. Y que me perdone Marx por el hábito de las once tesis.

Primera tesis: no se derrota al adversario directo ignorándolo o usando contra él el florete.

 La campaña electoral de Bersani, Vendola e Ingroia ha sido minimalista tanto en la forma como en el fondo. Los tres, y sus aliados, han caído en el error de mostrar la actitud de quien está seguro de los resultados, creyendo que Berlusconi estaba fuera de juego y por eso no atacándolo con energía. La campaña “de buena educación” ya la había llevado a cabo Veltroni[i] en la precedente con los desastrosos resultados que conocemos. No se vence haciendo indirectas, ocurrencias y llenando de metáforas el discurso propio. Te debes presentar como adversario, no como socio ni siquiera como vecino. Especialmente en una batalla en la que el adversario te ataca de forma violenta. Mejor dicho: en una campaña electoral el adversario se convierte en enemigo, y a los enemigos hay que “aniquilarlos”, nos enseña Maquiavelo. La revolución no es un banquete de gala (Mao Ze Dong) pero tampoco lo son unas  elecciones en un momento tan dramático como el actual de la historia de Italia. Ingroia, además, ha cometido el acostumbrado error —un error histórico de la izquierda italiana— de atacar fuertemente y con mayor ímpetu a sus posibles aliados (precisamente aquellos a los que un día sí y otro no invitaba al pacto), que al enemigo número uno, o sea Berlusconi. Bersani ha puesto al mismo nivel al PDL y a M5S. Y ahora, en  el lento proceso de las negociaciones poselectorales parece oscilar todavía entre los dos polos.[ii]

En cualquier caso a todos los candidatos del Centroizquierda les ha faltado la necesaria agresividad, tanto más en una situación catastrófica como la actual. Ninguno de ellos ha sabido ser “león” pero, ¡ay!, tampoco “zorro”: ni energía ni astucia. Lo que  por el  contrario han mostrado Berlusconi y Grillo (Monti era por su parte más bien patético y el Vaticano, la masonería y la Confindustria no han bastado para hacerlo despegar).

Por Javier ARISTU 

Foto por OregonDOT
Foto por OregonDOT

UNO. Los partidos llamados de izquierda siguen viviendo en un mundo de imágenes del pasado. Una cierta nostalgia invade a las organizaciones que representan al pueblo de izquierda. Banderas, colores, siglas, eslóganes y cantos de una izquierda del siglo pasado… para realizar a veces una política conservadora o simplemente no realizar ninguna. En una parte de esa izquierda se ha sustituido la política por el uso del poder por el poder; en el otro lado, una liturgia repetitiva y de himnos se combina con la ineficacia del que grita mucho pero no influye. La derecha política, desde la gran operación Fraga-Aznar de finales de los años 80, ha sabido encontrar un camino que combina el populismo —léase representación de intereses de sectores populares— con un programa neoliberal y de enorme dureza social. Los jóvenes, y no tan jóvenes, cachorros de la derecha han aprendido de Thatcher pero también de Berlusconi; de Sarkozy y de la derecha nórdica; de Hayek pero también de Blair. Es una formación que, proveniente de la cultura política y de las redes asociativas del franquismo, ha evolucionado hacia un modelo de partido de masas, popular, que compite y triunfa en casi todos los caladeros electorales, incluso en aquellos donde la izquierda había sido hasta ahora dominante. Pruebas: las elecciones de 1993 demostraron que eran capaces de vencer al invencible hegemonismo del PSOE (recordemos la frase de Felipe González en los años 80 diciendo que el líder de la derecha todavía estaba estudiando COU. Pocos años después, Aznar le ganaba las elecciones). Las elecciones de 2011: el PP alcanza resultados desconocidos nunca en la democracia española. Andalucía 2012: la tierra prometida del socialismo y de la izquierda en su conjunto pasa a ser tierra conquistada por el PP. No olvidemos que este partido de la derecha andaluza, dirigido por Arenas, a pesar de no tener la mayoría absoluta —por muy poco— fue el ganador en votos y escaños en estas últimas elecciones. En resumen: la derecha ha sabido adaptarse —popularizar su discurso que de rancio y elitista ha pasado a interclasista y populista hasta hacerlo hegemónico— mientras que la izquierda o bien se ha instalado en la burocracia del poder —perdiéndolo poco a poco precisamente por no tener discurso social— o bien ha seguido relatando historias del siglo pasado, nostálgica y melancólica.

Por Javier ARISTU

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Foto: Eduardo Meneghel

[Extracto de la presentación oral al libro de Antonio Baylos “¿Para qué sirve un sindicato? Manual de instrucciones”, celebrada en la Casa de la Provincia de Sevilla el pasado 27 de noviembre]

Hoy nos ha traído aquí el asunto del sindicato. Palabra que algunos comentaristas e ideólogos de la derecha más cerril, y también de la ilustrada —si es posible que en este país nuestro se pueda decir que haya una “derecha ilustrada”— pretenden situar ya en la parte del diccionario destinada a vocablos en desuso o arcaicos. José Luis López Bulla, a propósito del interesante y necesario libro de Antonio Baylos que hoy nos ha convocado aquí, nos va a motivar, seguro, con reflexiones y propuestas acerca de esta antigua pero no caduca institución social en el actual momento histórico. Por lo que le he seguido en estos meses, López Bulla, a partir de sus lecturas y traducciones de clásicos como el que fuera secretario general de la CGIL, Bruno Trentin, nos va a provocar en el mejor sentido del término; nos quiere zamarrear algo en nuestras viejas concepciones y rutinas a fin de que sintamos la corriente profunda de los cambios que están teniendo lugar en el mundo del trabajo. Le dejo a él por tanto en esa tarea de hablarnos del sindicato como institución social fundamental y de las tareas que tiene en estos años de profundos cambios y salvajes reestructuraciones. Pero antes quisiera aprovecharme de esta posición de privilegio que da el ser organizador y presentador para decir cuatro palabras más.