Por Sebastián MARTÍN

La pasada semana, una buena amiga y mejor periodista, Ana Galdámez, me sugirió la idea de hacerme una entrevista para exponer, en dos minutos, mi opinión sobre la situación andaluza y los desafíos que se presentan ante la próxima cita electoral. Acostumbrado a la lógica y extensión de las clases, que permiten la disección detenida y la explicación matizada de cualquier asunto de la propia competencia, semejante tesitura me obligó a esbozar un breve esquema que encerrarse mi diagnóstico sobre esta especialísima coyuntura. Aquí va su puntual desarrollo.

Para detectar sumariamente los lastres andaluces y las posibles vías de su resolución deben evitarse, de partida, tanto el triunfalismo como el catastrofismo. Del primero hay bien poco, salvo algún músculo demasiado endeble y reciente exhibido con insistencia por Susana Díaz. Tan evidente resulta que la situación de la comunidad no está para celebraciones, que la propia candidata socialista se ve obligada con frecuencia a disociar su identidad: inconscientemente, se presenta como la líder que logrará dar la vuelta a la herencia recibida para legar a las generaciones venideras una Andalucía mucho mejor. El espectador avezado debe irritarse ante este lapsus, que omite toda la responsabilidad que el partido en el gobierno tiene de la actual situación y exige de él un acto de fe, esto es, la creencia en que aquellos que han gobernado en exclusiva la región hasta el día de hoy van a comenzar a hacerlo de modo sustantivamente mejor, si triunfan, desde el próximo mes de abril.

Por Javier ARISTU

Este país está cambiando, no sé si a ritmo frenético o de forma pausada pero el cambio es inevitable y pasa delante de nuestros ojos. Quien no lo quiera ver es que está ciego o sordo.

  1. Las sociedades nunca se paran, siempre están en movimiento y en estos tiempos que corren más aún. Las mutaciones y cambios que se están produciendo en el corazón social, en lo que podemos llamar, usando el clásico término impuesto por el barbudo nacido en Tréveris, “modo de producción”, tienen alcance de época, de civilización. Todo un universo de sistemas de producción, de formas de trabajo, de relaciones productivas están transformándose desde hace una veintena de años a ritmo vertiginoso, con consecuencias terribles para la gente y con ruinas sociales incalculables. Pero lamentarse no sirve de nada; lo que vale es analizar el meollo de esos cambios, estudiar la manera de utilizarlos en beneficio de la mayoría y, evidentemente, luchar contra la privatización por unos pocos de esas innovaciones sociales. Como antes hicieron los movimientos sociales industriales que de las actitudes resistenciales pasaron a construir utopías realizables y operativas. Algo de eso se nota cuando en las cúspides de las organizaciones sindicales comienza ya a sonar el clarín de “cambio, adaptación, innovación”. El secretario general de CC.OO. lo ha dicho de forma nítida: “o el sindicato se reinventa o se lo llevará el viento de la historia”. Claro como el agua. Confiemos en que ese mensaje llegue a todos los rincones.

Por Paco DURÁN LAGO

Hace 34 años que el pueblo andaluz aprobó en Referéndum su primer Estatuto de Autonomía (28 de Febrero 1980). Dos años antes, el pueblo andaluz junto al resto de españoles aprobaron la Constitución Española el 6 de diciembre 1978.

En su ya larga historia aquellos fueron dos momentos  de una enorme transcendencia e importancia para la vida de los andaluces/as  ya que  la Andalucía de aquella época era una región de  las más pobres y  atrasadas en España

El segundo Estatuto andaluz se aprueba en el año 2007, 27 años después del primero, tiempo suficiente para adecuarlo a los cambios que se habían producido en Andalucía. Uno de los párrafos del preámbulo dice lo siguiente: “si durante el último cuarto de siglo se han producido transformaciones intensas en el mundo, estos cambios han sido particularmente acentuados en Andalucía, donde en ese periodo hemos pasado del subdesarrollo económico y cultural a un panorama similar al de las sociedades más avanzadas, como ejemplifica la inversión de nuestros flujos migratorios”.

Por Javier ARISTU

Los datos son tercos…hasta cuando dejen de serlo. Lo interesante que tiene la política, la acción política, es que puede demostrar que la capacidad de los hombres y mujeres puede imponerse por encima de las cifras y las estadísticas. Pero todo dentro de un orden, que las matemáticas son una ciencia, exacta además. Me explico.

Tras la convocatoria para el próximo 22 de marzo de próximas elecciones autonómicas en Andalucía, las décimas desde 1982, me he puesto a repasar los datos que tenía de los resultados obtenidos por los partidos presentes en todas las legislaturas —que me perdonen los otros que solo han estado en algunas de ellas— y me gustaría compartir con los lectores de este blog las reflexiones a las que he llegado. Simple y sencillo análisis electoral a partir de cifras globales; no pretendo entrar en más detalles —provincial, de distrito urbano, de capas sociales, etc. que seguro que hay estudios sociológicos donde se precise más—; intento sacar alguna deducción que pueda ayudar a entender lo que está pasando y lo que puede pasar. Aunque, como siempre, la única verdad será la que se desvele el día 22 de febrero a partir de las 20:00 horas.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

La aparición de “Podemos” ha zarandeado con fuerza el árbol de la política española despertándolo del sopor con el que la mayor parte de la ciudadanía contemplaba el espectáculo  de las habituales “peleítas” (Chamizo dixit) de los partidos “tradicionales”. El comportamiento de estos partidos con el habitual recurso al  “y tú más” en asuntos de corrupción o la crítica en la oposición de lo que se hace cuando se está en el poder ha justificado el tan socorrido “son todos iguales” tan habitual en cualquier charla de café y que tranquiliza la conciencia de quien prefiere refugiarse en el apoliticismo pasivo antes que hacer algo por cambiar la situación.

Una de las mayores aportaciones positivas de Podemos es sacar del abstencionismo a una masa importante de gentes y llevarlas a participar en política, devolviéndoles a unos la ilusión perdida y a otros quitándoles la coartada de que “no se puede hacer nada” porque, hagas lo que hagas, siempre ganan los mismos. La irrupción de Podemos  está obligando además a mover ficha al resto de partidos metiéndoles el miedo en el cuerpo. En especial en los partidos de izquierda esto está favoreciendo un proceso de renovación, de cuestionar sus propias actuaciones aunque de momento en algún caso tengan la brújula un tanto mareada sin consolidar un modelo de actuación y un programa consistente.

Mucho se ha insistido en la enorme habilidad y capacidad de los dirigentes de Podemos para utilizar los medios de comunicación y las redes sociales lo que explicaría el enorme éxito electoral ya constatado (en las elecciones europeas) y el más importante que auguran todas las encuestas. Yo añadiría otros tres elementos que conjuntamente con el anterior explican este éxito. Uno es la virginidad política; se trata de un partido nuevo, no lastrado por los vicios y los errores que acompañan inevitablemente el ejercicio del poder y dotado además de una estructura más o menos alejada de la asfixiante burocracia de los partidos tradicionales. Otro es la extremada juventud de la mayoría de sus dirigentes. Desde los años veinte del pasado siglo la juventud no ha dejado de ser un valor en alza en la sociedad en general, pero también en política. Y el tercero es la profesión universitaria del núcleo dirigente; a pesar de lo que pudiera parecer los intelectuales siguen teniendo prestigio en España especialmente entre las clases medias, sector de donde creo que se nutre el mayor semillero de votos de Podemos.