Por Carlos ARENAS POSADAS

Los carlistas han ganado la batalla después de 175 años. Llegaron a tener casi un estado propio de corte clerical y reaccionario en la zona montañosa del norte de Cataluña entre 1834 y 1840; derrotados, se enmascararon formando parte de las primeras hornadas nacionalistas a comienzos del siglo XX; en los primeros años veinte del siglo pasado organizaron y dirigieron las bandas de pistoleros del Sindicato Libre que asesinaron a obreros cenetistas bajo el dictado de nacionalistas burgueses y de generalotes sádicos como Martínez Anido o Primo de Rivera. En 1934, durante la República, se auparon al carro de la clase pequeño burguesa catalana para proclamar el Estado Catalán; en 1939, no sé si agitaron pañuelos a la llegada de Franco pero tuvieron cuarenta años para aislarse en el terruño y cocinar un ideario localista, remensa, meapilas y xenófobo. Desde 1978, ingresan en todas las organizaciones nacionalistas formando parte del ala independentista de las mismas, desde el pujolismo hasta la CUP, la organización heredera del pensamiento libertario catalán y, por tanto, de los asesinados por los carlistas entre 1919 y 1923.

Por Francisco DURÁN LAGO

Soñar no cuesta dinero, así que me acuesto todas las noches, desde el 20D, ilusionado, contento de que por fin la derecha ya no gobierna España, que se ha terminado la gran pesadilla de los recortes, de la degradación de la democracia, que la reforma laboral ha desaparecido, que la sanidad y los medicamentos que pagan los jubilados junto con la educación y las pensiones son algo del pasado, que los que quieren trabajar van encontrando un puesto de trabajo con salarios dignos, es decir, para finalizar mi sueño, que vamos de nuevo a vivir en un país donde la ciudadanía recobra su sonrisa dejando atrás el autoritarismo, el rodillo de la mayoría absoluta de esta derecha dirigida por un gran servidor de los poderes más reaccionarios de España, Mariano Rajoy, y que las fuerzas de izquierdas, y del centro habían formado gobierno.

Por Javier ARISTU

Las cosas, tras las elecciones del pasado 20 de diciembre, siguen evolucionando a su manera. No sería sincero si dijera que me gusta la dirección que llevan los acontecimientos; al contrario, me parece que van camino de situarse a un nivel no necesariamente mejor que como estaban antes. Pero, por otra parte, no me extraña nada lo que está ocurriendo en estos días de análisis y evaluación postelectoral: los mimbres eran y siguen siendo los existentes antes del 20D, los protagonistas, los fundamentos programáticos y los horizontes de las fuerzas políticas estaban diseñados desde antes y no parece que se dejen influir por los resultados electorales. Lo que ha cambiado, y de qué manera, es la correlación de fuerzas parlamentarias, que no es poco. Planteo, aquí y ahora, algunas de las dudas y perplejidades que me asaltan tras leer y repasar las primeras declaraciones y tomas de posición de los líderes políticos en estas dos semanas de shock electoral.

Por Juan JORGANES

He perdido las elecciones con el peor resultado de mi partido desde 1977 y la enfollonadora de guardia de mi partido ya se ha colocado los galones de enfollonadora jefe, aunque solo sea porque arrastra más tropa que nadie.

Así que puedo quedarme en una esquina agitando banderines, banderas y otros trapos que me vayan pasando los míos mientras la ola de la política del 20 D pasa por encima de mí y del partido.

También podría tomar la iniciativa, cabalgar la ola del 20 D, liderar un proyecto para una legislatura que represente una alternativa al que presenta la derecha, el PP, a quien ha presidido el Gobierno que ha favorecido la desigualdad social, ha empobrecido a la mayoría, ha expulsado de España a los mejores estudiantes, presidente de un partido corrupto…

Por Javier ARISTU

Todos tenemos derecho a equivocarnos un día como hoy. Los resultados han sido espectacularmente extraños aunque hayan a la vez visualizado lo que ya se suponía: la pérdida de potencia del bipartidismo y la emergencia de nuevas propuestas políticas. Sin embargo, todos andamos desconcertados. Han sido muchas las lealtades que se han roto, muchas las variables nuevas que surgen. Es verdad que un ciclo viejo parece que acaba pero no se ve con claridad por dónde irá el nuevo. Me atrevo a expresar mis dudas con estas notas.

Por Javier ARISTU

De los debates en televisión… a la política, en el parlamento y en la calle: esa es la diferencia entre el día antes y el día después al 20D. Como de la noche al día. La política de verdad tiene algunos aspectos que a la gente no le gustan, que son rechazados por principio, como la que expresa esa obsesión tan española de estar siempre en contra del representante público, como si este fuera por principio el malo de la película; pero, al final, la política tiene el indudable beneficio de que es la que tiene que resolver (o intentarlo seriamente) los asuntos del común. Sin política muchos de nuestros asuntos no se arreglarán.

Por Javier ARISTU

Paseo por mi ciudad una tarde noche de sábado y noto al personal inquieto y bullicioso en torno a los quioscos de navidad. Se nota que llegan momentos de consumo y gasto. Llevamos una semana de campaña electoral y solo diviso un cartel colgado de una farola que dice «Vota PP». Estamos justo en el ecuador de una campaña electoral que dicen los expertos es «decisiva». Pero la calle no es testigo de esta agitación política. La campaña y la política han dejado la calle para dominar la nube. Hoy todo vive y asienta su realidad en el espacio de la televisión y de twitter. Fuera de ahí no existe nada. No hay mítines en la plaza, no hay encuentros de calle, no hay reparto de consignas. Es otro tiempo electoral con otra forma de comunicación.