Por Francisco DURÁN LAGO

Una gran parte de los ciudadanos españoles lo intuían desde el principio. Dado el resultado electoral del 20 D y la composición parlamentaria salida de las mismas, concretar acuerdos entre las diferentes fuerzas políticas para llegar a investir a un presidente, y no digo para formar gobierno, iba a ser muy difícil. El camino que se abría iba a ser bastante tortuoso. Las dos votaciones de investidura pusieron de manifiesto varias visiones encontradas,  algunas irreconciliables, otras incomprensiblemente surrealistas y peligrosas, pero lo cierto es que las dos fueron fallidas.

Por Javier ARISTU

Desde hace días sigo las vicisitudes en el campo de “la izquierda” tendentes a configurar una candidatura unitaria con un programa común aunque compatible con que cada cual lleve además sus propias demandas y señas de identidad. Cosa que, modestamente, no termino de entender. ¿Programa común o programa forfait?

Las cosas han venido como han venido y no toca lamentarse ahora. Tampoco creo que estén las campanas sonando a mañana de gloria cuando atisbamos un 26 de junio cargado de temores a una abstención que, se pongan como se pongan, afectará sobre todo al voto de las candidaturas de “la izquierda”. Algunos, mejor, muchos, advertimos y advirtieron del error de no configurar un gobierno tras las elecciones de diciembre. Pero, repito, no es hora de lamentos sino de previsiones o miradas al futuro.

Por Ramón BARRAGÁN REINA

La situación política española es ya insostenible. Cada vez queda menos tiempo, aunque nos da la sensación a los ciudadanos que algunas fuerzas políticas están haciendo todo lo posible en que la insostenibilidad sea total y las nuevas elecciones, por agotamiento de posibilidades y de tiempo, sean inevitables.

El 4 de marzo la investidura de Pedro Sánchez no se pudo consumar. El acuerdo PSOE-C’s apenas concitó adhesiones. Era normal, porque aún quedaba mucho tiempo y el acuerdo en sí mismo parece que no servía para formar un “gobierno del cambio”.

Por Javier ARISTU

Tras el debate y votación de ayer no sabemos si las espadas siguen en alto entre PSOE y Podemos cara a sustentar un gobierno de Sánchez o se está cerrando esta fase parlamentaria y tenemos a la vista elecciones generales. Por las intervenciones de los portavoces antes, durante y después del debate me inclino a pensar que visitaremos las urnas el próximo 26 de junio y que va a ser casi imposible que eso se remedie. Ojalá me equivoque.

Ya he puesto por escrito mi opinión de que ni es posible ni es conveniente en esta fase un gobierno denominado “de izquierda”. No hay fuerza parlamentaria que lo sostenga, no hay fuerza social y cívica suficiente para sustentarlo y, no es lo menos importante, no hay cultura ni programa cohesionado y unitario capaz de llevarlo al éxito. No se puede pasar en cuarenta y ocho horas del antagonismo y la contradicción fundamental al abrazo en la misma mesa de un gobierno. Para ello hace falta un proceso de encuentros y de diálogo que no ha habido tiempo de desarrollar desde que Podemos accedió a la relevancia electoral hace menos de dos años.

Por JAVIER ARISTU

En mi última entrada en este blog cité a Berlinguer y su política de compromiso histórico para referirme a la actual situación española. Solo un lector con escasas dotes o con excesiva mala intención ha podido pensar que con esa referencia me refería a la necesidad de una gran coalición entre PSOE y PP. Nada que ver. Citando al dirigente italiano trataba de rescatar de la historia (1973) una de las reflexiones más lúcidas, poderosas y audaces hecha sobre los cambios culturales en las sociedades occidentales y la necesidad de una política de alianzas de amplio recorrido. Aquella política de compromiso histórico —que supuso uno de los debates más intensos en el interior del PCI— sabemos que fracasó. El asesinato de Moro, la política de la dirección de la Democracia Cristiana y, posiblemente, otras intervenciones ajenas a la política, provocaron que aquella orientación construida por Berlinguer no pudiera llegar a término. Pero muchos de los análisis y reflexiones que este proyectó en sus papeles siguen teniendo una evidente actualidad para gran parte de los países europeos, entre ellos el nuestro. No se trata de quedarse solo con la frase reductora —el “pacto con sectores que no son de la izquierda”— sino de entrar en la médula del análisis berlingueriano y comprender las razones que están tras el mismo. La sociedad italiana (y europea) de aquellos primeros años 70 ya no era la de los años 50. Y hoy sigue siendo una evidencia que esta sociedad de principios del siglo XXI es mucho más compleja y diversa aún que la de entonces. Cojamos, pues, no las hojas del rábano; quedémonos con la esencia y el espíritu de aquel análisis vertebrador de una nueva manera de pensar la política desde posiciones de izquierda.