Por Francisco FLORES TRISTÁN

“En el  día de hoy cautivo y desarmado el pueblo griego ha alcanzado la oligarquía europea sus últimos objetivos. La guerra ha terminado”.  Cada vez que pienso en Grecia me viene a la memoria el último parte de guerra  de Franco. La desesperación de los griegos me recuerda a los desgraciados republicanos hacinados en Alicante esperando un barco que nunca llegaría y que acabarían en el campo de concentración  de Albatera (los más afortunados, a otros  les esperaba el paredón). Sé que es un poco exagerado en cuanto a las condiciones reales y materiales pero no hay mucha diferencia respecto a la frustración de las esperanzas fallidas no solo para los griegos sino para muchos europeos, especialmente del sur, que han visto en Grecia el espejo  de sus anhelos.

Hace un par de semanas en esta misma página expresaba mis dudas sobre  la maniobra de Tsipras convocando el referéndum. Tres días después, en la noche del domingo, pensé que me había equivocado y me contagié del entusiasmo de mis hijos, eufóricos por la victoria del oci. Hoy, pasados ya diez días desde el referéndum el panorama no puede ser más desolador. Grecia está hundida, Tsipras derrotado y Schauble, este particular Perry Mason alemán más vengativo que sagaz, totalmente eufórico. Pero por muy hundidos que nos encontremos, porque lo de Grecia nos afecta a todos, hay que analizar lo ocurrido e intentar extraer alguna lección de futuro. Se me ocurren a bote pronto algunas conclusiones: