Por Javier ARISTU

Resulta difícil seguir al día el frenético ritmo de la actualidad política española y, en este momento ya, europea. Llevamos un año loco. Desde la moción de censura a Rajoy se han celebrado elecciones andaluzas, generales, europeas y autonómicas. Solo queda por aclarar definitivamente el terreno de los próximos cuatro años unas previsibles elecciones catalanas, bien en este otoño próximo o bien recién comenzado 2020. Y, si echamos la vista hacia atrás solo cinco años, la mirada nos lleva a un ciclo dislocado y cambiante como pocos ha habido en la reciente historia de nuestro país y, repito, de Europa. Por un lado, todo ha saltado por los aires pero, por otro, hay cimientos y estructuras que se mantienen. Estamos, por tanto, en una situación compleja y contradictoria donde se mezclan elementos de cambio sustancial del país y otros de permanencia de viejas estabilidades.

Por Paco Rodríguez de Lecea y Javier Aristu

Se presenta en las librerías, bajo el título La utopía cotidiana. Diarios 1988-1994, una amplia selección de las entradas realizadas por Bruno Trentin en sus diarios a lo largo de los años en que ejerció la secretaría general de la CGIL. Quienes hemos tenido la idea de espigar estas notas que combinan crónica, reflexión y anticipación, de traducirlas y de anotarlas, hemos sido los arriba firmantes, Paco Rodríguez de Lecea y Javier Aristu. Otros amigos nos han ayudado con aportes de naturaleza varia y con sus ánimos consistentes. Destaca en ese sentido la importante introducción escrita por Antonio Baylos. La Fundación Primero de Mayo ha acogido el proyecto bajo su prestigioso marchamo, y El Viejo Topo se ha hecho cargo de la edición.

Por Javier ARISTU

En medio del agujero negro de su encarcelamiento durante los años treinta del pasado siglo, el histórico dirigente comunista Antonio Gramsci se planteó desarrollar un trabajo de investigación sobre la historia de su país, Italia. En la celda de Turi, con los pocos libros y revistas que le dejaba usar la administración carcelaria y que su amigo Piero Sraffa le enviaba, Gramsci se propuso estudiar la Italia mussoliniana a partir de la historia del Risorgimento (el periodo de la construcción nacional italiana) y de la República e Imperio de Roma, una época esta que se aleja hasta más de dos mil años antes. El encarcelado –tal y como escribe en su cuaderno carcelario nº 19– se planteaba analizar aquellos elementos históricos que habían podido dar sentido a la moderna nación itálica: 1)el propio sentido que ha tenido la palabra «Italia» a lo largo de la historia; 2) la importancia del cambio geopolítico de la República romana al Imperio a partir de César y la posterior división de este entre Oriente y Occidente; 3) el surgimiento de nuevos grupos sociales a lo largo de la Edad media, grupos nucleares de una nueva sociedad; y 4) las monarquías absolutas y el desarrollo del mercantilismo como factores de una rápida modernización de las estructuras de las naciones europeas.

Por Javier ARISTU

Nuestro amigo Steven Forti ha utilizado una expresión conocida, pero terrible, para definir lo que ha pasado en Italia ayer domingo: terremoto. Efectivamente, la tierra ha temblado y una parte muy considerable del edificio institucional italiano ha sido destruido. En su urgente análisis publicado en Contexto aporta suficientes elementos para comprender la gravedad de lo que ha pasado. Algunos hablan ya de una Tercera República. Los engranajes sobre los que se sustentó en los últimos veinte años la política en esa península están destruidos. Ya antes, con la desaparición de la Democracia cristiana y el Partido comunista, se habían volatilizado las artes políticas que gobernaron y dirigieron Italia desde 1945 hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. Ayer se derrumbaron las de los últimos veinte años. Creo que pocas personas conocedoras de la política estarán en condiciones de saber lo que vaya a pasar a partir de ahora. Un terreno ignoto, desconocido y alarmante se abre. El problema es que analistas y conocedores venían avisando desde hace tiempo de lo que podía ocurrir.

Por Javier ARISTU

Cuando, profesor de literatura en activo, trataba de explicar a mis alumnos  el famoso tránsito español del siglo XIX al XX, la llamada crisis del 98, era inevitable hablar de una generación, un grupo de ilustres escritores que habían sido capaces de interpretar la esencia de España –la crisis de España, más bien— a través de sus ensayos, poemas y relatos. Unamuno, Azorín, Maeztu, Baroja, Valle Inclán eran los autores de aquella nómina. Machado era otra cosa, más a su aire, más autónomo y más interesante. No tengo en estos momentos que escribo las referencias para saber de dónde pudo surgir esa manida y falseada estampilla de “generación del 98” para encuadrar a gente tan distinta y contradictoria en el mismo grupo. ¡Unamuno y Valle Inclán, dos individuos de especies distintas! Creo que ya estudiante de bachillerato me enseñaron en los libros de entonces —mitad de la década del sesenta— ese constructo histórico-literario de una pretendida generación de la crisis de fin de siglo. La influencia de Ortega y de Julián Marías era evidente. Posteriormente, toda una escuela de enseñanza literaria de los años setenta (especialmente el  recordado Lázaro Carreter) prosiguió con esa lectura castellanista, y nacionalista en definitiva, de una pretendida generación del 98. Afortunadamente, años después se ha ido corrigiendo y reorientando esas alineaciones hacia una historia de la cultura española de aquel momento más compleja, diversa y diferente al “paisajismo” castellano.

Por Javier ARISTU

Ando sumergido en asuntos del pasado. Los del presente me tienen, ¿cómo decirlo?, algo aturdido y sorprendido, por lo que recurro a la vista atrás, a repasar fotos y mensajes de hace treinta o cuarenta años, intentando encontrar claves y señales que me alumbren algo en estos tiempos de actualidad rabiosa. Para entender el presente, me dicen amigos, hay que leer, al parecer, a Juan Carlos Monedero. Ya habrá momento. Vayamos, por ahora, nosotros a ese tiempo en que la democracia española recién comenzaba después de cuarenta años de dictadura.

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Como es sabido, la actual crisis económica ha supuesto para el paradigma neoliberal lo que la caída del Muro de Berlín para el socialista. Lo dicen los sociólogos, economistas, filósofos y demás personal de izquierdas dedicado a la noble tarea del pensar. Pero, a pesar del reconocido-fracaso-de-su-política- neoliberal, están llevando a cabo sus reformas a tal velocidad y profundidad que van a dejar a Europa irreconocible. Menos mal que son reformadores y no revolucionarios…