Por Francisco FLORES TRISTÁN

A finales de los 90 la situación social y económica en Andalucía era explosiva.  Numerosas empresas estaban en quiebra o en peligro de quiebra, Astilleros, Santana, Delphi… La consecuencia lógica eran las numerosas movilizaciones de los trabajadores, manifestaciones, cortes de carreteras, marchas a San Telmo…un polvorín social en definitiva por la desesperación de los trabajadores afectados y las dificultades de los Gobiernos central y autonómico para afrontar la situación. Es en esos momentos cuando se genera el problema de los EREs cuya reciente sentencia ha vuelto a poner de notoria actualidad.

Por Juan JORGANES

El fiscal general de Pensilvania presentó un informe que revela el último escándalo de pederastia que involucra a la Iglesia católica. 300 sacerdotes abusaron de menores durante los últimos setenta años, la mayoría adolescentes y preadolescentes. La investigación identificó a más de mil víctimas. Denuncia el “encubrimiento sistemático por parte de altos funcionarios de la iglesia en Pensilvania y en el Vaticano”. Una investigación del Gobierno australiano concluyó en 2017 que el 7% de los sacerdotes católicos había sido acusado de abusos a menores entre 1950 y 2010. La Conferencia de Obispos Católicos de Australia se niega a obedecer las leyes que obligan a los curas a denunciar a la Policía los abusos aunque se enteren en una confesión. El secreto de confesión es un “elemento no negociable de nuestra vida religiosa y encarna una comprensión del creyente y de Dios”.

Por Juan JORGANES

“intro”El portavoz del grupo parlamentario Unidos Podemos, Pablo Iglesias, preguntó en una de las sesiones de control si el Gobierno había cuantificado el coste de la corrupción para todos los españoles. Como en la respuesta el presidente del Gobierno y del PP no diera cifra alguna, Iglesias enumeró en la réplica los casos que involucran al PP y las cantidades que aparecen en las respectivas instrucciones. El diario Público informaba de que globalmente “la corrupción cuesta a los españoles 87.000 millones de euros al año, según un informe conjunto de varias universidades y la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) fechado en 2016”. Rajoy cerró el debate sin dar una cifra, es decir, sin responder la pregunta. Acabó, sí, hablando de Venezuela.

 

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Por fin, al alcanzarse los novecientos casos aislados de corrupción en el PP,  Rajoy ha decidido atajar de raíz el problema recordando lo que nos decía el cura “ya que no podéis ser castos, ser cautos”. Ha caído en la cuenta de que lo malo de la corrupción es su conocimiento, porque  el escándalo debilita la autoridad.

En los medios de comunicación ya aparecen voces que nos avisan de que el excesivo celo de la Guardia Civil va a convertir España en un estado policíaco; se establece la Ley Mordaza; se mueven jueces, fiscales y la frontera entre el poder ejecutivo y judicial; renace el término chisme con nuevo significado… y aparece en un horizonte próximo  otro espantajo que nos hará olvidar la corrupción: el separatismo catalán.

Por Juan JORGANES

La UDEF calcula en 70 millones los beneficios de la familia Pujol en Andorra. Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat, confesó en 2014 que disponía desde 1980 de una fortuna sin regularizar en el extranjero. Procedería de una herencia de su padre. “Su conciencia y su cargo le empujaban a rechazar esta herencia”, pero la aceptó para respetar la voluntad de destinarla a su esposa y sus siete hijos. “Lamentablemente”, no había encontrado el momento de ponerse al día con la Hacienda pública. Con toda la familia involucrada en procesos judiciales, se ha publicado una nota manuscrita de la matriarca, Marta Ferrusola. Se identifica ante el presidente de su banco andorrano,  como “madre superiora de la congregación”. Le pide al “mosén”, que “traspases dos misals de la meva biblioteca a la biblioteca del capella de la parroquia, ell ja li dirà a on s’ha de colocar”. Su cuenta registra entonces, diciembre de 1995, un movimiento de dos millones de pesetas.

Por Javier ARISTU

Cuando, profesor de literatura en activo, trataba de explicar a mis alumnos  el famoso tránsito español del siglo XIX al XX, la llamada crisis del 98, era inevitable hablar de una generación, un grupo de ilustres escritores que habían sido capaces de interpretar la esencia de España –la crisis de España, más bien— a través de sus ensayos, poemas y relatos. Unamuno, Azorín, Maeztu, Baroja, Valle Inclán eran los autores de aquella nómina. Machado era otra cosa, más a su aire, más autónomo y más interesante. No tengo en estos momentos que escribo las referencias para saber de dónde pudo surgir esa manida y falseada estampilla de “generación del 98” para encuadrar a gente tan distinta y contradictoria en el mismo grupo. ¡Unamuno y Valle Inclán, dos individuos de especies distintas! Creo que ya estudiante de bachillerato me enseñaron en los libros de entonces —mitad de la década del sesenta— ese constructo histórico-literario de una pretendida generación de la crisis de fin de siglo. La influencia de Ortega y de Julián Marías era evidente. Posteriormente, toda una escuela de enseñanza literaria de los años setenta (especialmente el  recordado Lázaro Carreter) prosiguió con esa lectura castellanista, y nacionalista en definitiva, de una pretendida generación del 98. Afortunadamente, años después se ha ido corrigiendo y reorientando esas alineaciones hacia una historia de la cultura española de aquel momento más compleja, diversa y diferente al “paisajismo” castellano.

Por Carlos ARENAS POSADAS

El ministro del interior no se explicaba el otro día por qué tras las elecciones y en pleno proceso de investidura para la formación de un nuevo gobierno estaban saltando a los medios y a los juzgados tantos y tan diversos casos de corrupción relacionados con el Partido Popular. Aquella pregunta me pareció una burda añagaza destinada a despistar, escondiendo las razones de tan evidente oleada denunciatoria.

El asombro del ministro es uno más de los típicos recursos al victimismo que los movimientos corporativos construyen para legitimar y perpetuar su poder. Ha sido desde siempre el recurso de la Iglesia católica, más tarde del Ejército, del nacionalismo o, como en este caso, de los actuales dirigentes del Partido Popular. Manifestarse como víctima es un recurso destinado a crear una comunión identitaria con la gente crédula al tiempo que se fabrica un enemigo (generalmente de clase) al que culpabilizar y combatir. Franco, por ejemplo, usó a “los mártires de la cruzada” y el fantasma del comunismo para cimentar su poder durante cuarenta años, mientras levantó un muro de silencio, que hoy todavía persiste, para borrar el recuerdo y el mensaje político de las verdaderas víctimas. Es muy del ministro invocar al santoral y al martirologio, pero esa treta ya no cuela. Hoy la gente está más (aunque tal vez no mejor) informada.