Por Javier ARISTU

Ha comenzado, como una melodía ya repetida y que viene de muy atrás, el soniquete del clientelismo en Andalucía. Las elecciones del próximo día 2 de diciembre comienzan a marcar un ritmo que, por lo general, no se oye fuera de ese tiempo electoral. Andalucía como «sociedad clientelar», que es lo mismo que decir como un conjunto de ciudadanas y ciudadanos que se dejan embelesar por los cantos del poder. Sin criterio propio, sin opinión ajustada y sin autonomía de juicio, la mayoría de los andaluces –nos dicen esos rítmicos opinadores– votan al poder, el cual les facilita su vida sin ejercer ni oficio ni trabajo a cambio de ese voto.

Por Javier ARISTU

En estos momentos tocaría hablar de Grecia. Es el asunto clave, decisivo de este arranque de verano pero no voy a decir nada nuevo que no se sepa ni aportaría ningún elemento innovador al cúmulo de análisis, opiniones y juicios sensatos que se vienen difundiendo desde el sábado noche. Lo que podría regalar a raudales es cabreo, mucho cabreo por lo que está sucediendo en relación con el país heleno, y su gente.

Hablemos de Andalucía, de los EREs, del partido gobernante y de la ética.

Finalmente, el magistrado del Supremo, Alberto Jorge Barreiro, ha resuelto imputar a dos ex presidentes de la Junta y a un ex consejeros de la misma por el presunto delito de prevaricación, y, a otro ex consejero de Empleo por el delito, además, de malversación. Lo que fue la estructura de mando de la Junta de Andalucía y del PSOE andaluz durante la década de comienzos de siglo (Chaves, Griñán y Zarrías), íntimamente relacionada con la del partido en Sevilla (Viera), tendrá que pasar por el nada deseado camino de un  juicio oral, no sabemos todavía si  en el Supremo o en otro tribunal. El golpe asestado por esta decisión del magistrado Barrero coloca a los inculpados en una situación que, hasta ahora, parecía casi imposible —siempre habían manifestado su desconocimiento de la trama— y a su partido con un problema de primer orden y que viene a ser una dificultad muy grave en los planes tanto de Susana Díaz como de Pedro Sánchez: dos presidentes federales que fueron del PSOE, un miembro de la ejecutiva con Zapatero y otro que llegó a ser responsable durante varios años de la organización más poderosa y emblemática del partido (Sevilla), son inculpados de delitos muy graves cometidos en sus etapas de servidores públicos.

Por Félix TALEGO, Ángel del RÍO y Agustín COCA

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”Don Quijote

En unos días comienza una nueva campaña electoral marcada por la acción intensa de las organizaciones políticas en busca del mayor número de votos para sus candidaturas. En estos períodos se activan las relaciones entre los miembros del partido y cuadros dirigentes, militantes, afiliados y hasta simpatizantes desempeñan un rol de crucial importancia para el desarrollo de la estrategia electoral. E, inevitablemente, surgirán las preguntas sobre la existencia y la ética de las redes clientelares y el voto cautivo. En este sentido, quisiéramos reflexionar sobre estos asuntos poniendo el foco en la naturaleza interna de la relación clientelar que, entendemos, trasciende el ámbito de lo político-partidista y modela, en buena medida, una forma de estar y concebir la vida toda.

LA GRABACIÓN

Y lo haremos poniendo como ejemplo una noticia que apareció en los medios días después de las elecciones andaluzas del pasado 22 de marzo y que, en pocos días, se convirtió en fenómeno viral extendiéndose de manera masiva por Internet y las redes sociales. La noticia incluía una grabación –hecha de forma clandestina– en la que se escucha a una alto cargo del PSOE y de la Administración andaluza –la delegada de Empleo en Jaén– instar a sus subordinados a abandonar sus quehaceres laborales para hacer campaña y pedir el voto para el partido en el gobierno.