Por José Luis LÓPEZ BULLA

Querido Carlos:

Bienvenido a estas conversaciones. Para un servidor es algo más que un placer pegar la hebra contigo. Máxime sobre estos asuntos tan vidriosos.

 En tu entrada, subtitulada la burguesía nos conduce al paraíso abordas la relación entre nacionalismo y burguesía. Tu punto de vista fundamentado tiene el valor de haber estudiado durante muchos años el vínculo entre los poderes económicos andaluces y el territorio. Poco tengo que decir sobre esa relación que estableces. Ahora bien, me vas a permitir que haga algunas consideraciones sobre la segunda parte del potente incipit de tu artículo: “creo que vas a entender mi tono de cabreo porque cada vez que oigo “nación” mi sistema nervioso se desestabiliza”.

 Pero, antes de meterme en harina, me agarro a templanza (mitezza)  del maestro Norberto Bobbio.  En un libro-conversación entre Bobbio y Maurizio Viroli (Dialogo intorno alla repubblica, Laterza 2001), el filósofo del derecho responde explica: “Hay italianos que están orgullosos de una cierta historia de italia que no se refiere a la política, ni a la historia social o religiosa: es la historia literaria de Dante, Petrarca, los grandes pintores renacentistas, aquellos que en cierta medida han contribuido a la formación de la cultura europea. Esta es mi Italia, la talia en la que me miro, la Italia que me hace ser orgulloso de ser italiano. Cuando en Trento quisieron testimoniar su fidelidad a Italia erigieron un monumento a Dante … es la Italia que continúa con los grandes poetas, con Leopardi, Foscolo, Manzoni y termina con Giuseppe Verdi”.

 Tres cuartos de lo mismo me pasa, querido Carlos. Mi relación con España es muy similar: la España de Cervantes y Velázquez, de Federico y don Manuel de Falla, la de las agitaciones campesinas andaluces que relató el notario de Bujalance, la de los intentos de renovación de la vida política, intelectual y científica que maduró en la segunda república, la España de Camacho y Saborido. Con lo que, dada mi formación, no tengo más remedio que ampliar las cofradías que cita Norberto Bobbio. Comprenderás que mi relación con Catalunya tenga la misma dimensión: la catalunya de Joan Maragall y Salvador Espríu, la de Salvador Seguí “noi del sucre”, Ángel Pestaña y finalmente la Catalunya del Partit Socialista Unificat de Catalunya.

En esta entrega de Una conversación sobre Cataluña se incorpora a la misma Carlos Arenas. De esta forma abrimos el prisma, ampliamos el foco y confiamos en que nuestro amigo José Luis López Bulla nos siga ilustrando con su reflexión desde una Cataluña distinta a la del President Mas.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Querido José Luis:

Tercio en este comienzo epistolar que habéis acometido Javier y tú sobre “el asunto catalán”. Creo que vas a entender mi tono de cabreo porque cada vez que oigo “nación” mi sistema nervioso se desestabiliza.

El que esto suscribe se está poniendo mayor  y espera que tras cuarenta años de servicio a la comunidad, no le vengan con cuentos a estropear los últimos años de la vida. ¿Qué es lo que tiene, qué es lo que quiere conservar después de tantos años de trabajo? Un techo, una familia, una pensión, tiempo libre para escribir y seguir aprendiendo,  el placer de tomar unas copas con los amigos. No tiene sensación alguna de haber vivido por encima de sus posibilidades, si acaso no mucho más de lo que le han permitido a cómodos plazos los bancarios al servicio de los banqueros. Estos sí que han vivido por encima de lo que merecen por la basura que han ofrecido, así como la cohorte de grandes y pequeños especuladores, los estúpidos que se creyeron filatélicos, rumasianos, fondopensionistas, capitalistas populares.

¿Quién me viene a joder los últimos años de la vida, Zavalita? El capitalismo  insostenible que necesita joder para reinventarse, hacer daño para reconstruir al alza los márgenes de beneficio, privatizando, reduciendo costes y compromisos democráticamente asumidos con la población.  Los que conocemos algo de la historia de la humanidad sabemos que las distintas reinvenciones del capitalismo han venido acompañadas de momentos dramáticos para quienes no poseen ese bien celestial, áulico, que llamamos capital. Generaciones enteras a lo largo de la historia fueron sacrificadas en las work-houses,  expulsadas de sus tierras, muertas estúpidamente por las patrias en guerras mundiales o coloniales, angustiadas por el desempleo o por  las reformas laborales para que el capital mantuviera o incrementara la tasa de ganancia.

Raudo y veloz como la centella, José Luis López Bulla responde la carta de Javier Aristu sobre la cuestión de Cataluña tras el 11 de septiembre. Oído al parche, al análisis y a lo que hay tras ese análisis.
Tapies: PSUC

Querido Javier:

Parece obvio que la gigantesca manifestación del 11 de septiembre en Barcelona es la expresión de un estado de cosas que viene de tiempo atrás. Por lo demás, tan importante acontecimiento sitúa las cosas de una manera matizadamente diferente de cómo estaban las cosas: el independentismo catalán no es ya un dato periférico en la sociedad catalana. Una primera aproximación a explicarnos ese elemento es el siguiente: no es la oposición quien lo lidera políticamente sino el sector mayoritario del principal partido del govern, esto es, el amplio grupo soberanista probablemente mayoritario ya en todos los intersticios de Convergència Democràtica de Catalunya. Puede que te parezca una boutade, pero este partido tiene una potente matriz togliattiana en lo atinente a la estructura organizativa (partido de masas y cuadros) que organiza la hegemonía (gramsciana) a través de los cuatro puntos cardinales de Catalunya. Con el añadido de tener una fortísima presencia en los medios de comunicación social de masas y en una inmensa mayoría de la sociedad civil. Hablando en plata: el Evangelio según Palmiro no lo ha predicado y organizado la izquierda catalana sino la derecha nacionalista desde las primeras elecciones autonómicas. El evangelio, así pues, se ha organizado desde el poder político en el gobierno, no desde la oposición.

 La habilidad de este grupo dirigente –en especial Jordi Pujol— consistió, a mi entender, en establecer esta propedéutica: un sostenido gradualismo (el peix al cove, cuya traducción sería “ave que vuela, a la cazuela”) que, de momento, era lo aconsejable dado que Doña Correlación de Fuerzas durante toda la era pujoliana no daba para más. Es decir, Pujol supo ver la diferencia entre la conciencia real y la conciencia posible. Primero, por lo ya dicho: la acumulación de fuerzas todavía era endeble. Segundo, porque los grandes capitales catalanes no estaban por la labor. Tercero, porque el minoritario sector negocios de CDC estaba más interesado en la billetera que en otras experiencias. La conciencia posible pujoliana tenía que temperarse: la táctica era, como ya se ha dicho, el peix al cove.

Por Javier Aristu

A partir de la manifestación de la Diada del pasado 11 de septiembre se ha abierto una fase nueva en la histórica relación entre Cataluña y España. Aquella manifestación, masiva por otra parte, ha echado a la calle a cientos de miles de catalanes pidiendo la independencia. Mi sorpresa y perplejidad (¡qué iluso sigue siendo uno!) ante el hecho de que el programa independentista haya sido capaz de aglutinar a toda la derecha pero también a casi toda la izquierda hizo que me dirigiera al amigo experto en cosas de Cataluña y de la izquierda José Luis López Bulla. Mi sorpresa él la ha querido convertir en un intercambio de ideas mediante misivas blogueras así que aquí va la primera mía. La podéis leer en este blog y también en el de José Luis, Metiendo bulla. Las sucesivas cartas de este intercambio las podréis ver publicadas de la misma forma, si el cuerpo y el debate lo aguantan.
 

Querido José Luis:Me parece estupenda la oferta que me haces de mantener un diálogo en la distancia a través del correo electrónico y nuestros respectivos blogs sobre las consecuencias que se derivan de esta última Diada del 11 de septiembre en Cataluña. Digo “diálogo en la distancia” de forma física o territorial, que no cultural o ideológica. Creo que tú y yo venimos de la misma cultura – tú más obrera y constructiva, yo quizá más especulativa-, aquella de los años sesenta y de la oposición a la dictadura. Tú, habiendo formado parte como dirigente de aquel proyecto extraordinariamente atractivo y ejemplar que fueron las CC.OO. de Cataluña y el PSUC de principios de los setenta; yo, participando de otro modo en la alternativa democrática desde el comunismo español de entonces. Digo de entonces porque, como quizás tendremos ocasión de hablar, lo de ahora, en tu tierra y en la mía, poco tiene que ver con lo que fue. No valoro, de momento; simplemente describo.