Por Juan JORGANES

La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, ha declarado que “nadie se ha tomado en serio” la entrada en vigor del registro obligatorio de la jornada laboral.  Según datos oficiales, en España no se pagan 2,6 millones de horas extraordinarias  a la semana, de un total de 5,7 millones. A finales de 2015, se contabilizaron 3,5 millones de horas extras impagadas.  Casualmente, 48 horas después de la entrada en vigor del decreto, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea daba la razón a CC OO ante la sentencia del Tribunal Supremo español que consideró innecesario el registro de la jornada por parte de las empresas para delimitar la diferencia entre jornada ordinaria y la realización de horas extraordinarias.

Por Carlos ARENAS POSADAS

(Texto de la conferencia que iba a pronunciar en el paraninfo de la Universidad de Sevilla hoy día 12 de diciembre de 2018 en un acto conmemorativo del 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx y que ha sido suspendido por el rectorado)

A lo largo de la segunda mitad del año 1854 y, dos años después, en el mes de agosto de 1856 Karl Marx se ocupó de España en una serie de artículos que publicó en New York Daily Tribune. Se trató de trabajos periodísticos de los que hoy llamaríamos alimenticios y que le daban para malvivir en una época en que estudiaba en Londres la economía política clásica que serviría de base a la magna obra El Capital.

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Un recentísimo artículo de Giorgio Pagano en MicroMega invita a releer dos importantes ensayos prospectivos de Vittorio Foa y Bruno Trentin: la Gerusalemme rimandata (“Jerusalén aplazada”) y la Città del lavoro (“Ciudad del trabajo”). El primero data de 1985; el otro de 1997. Los dos pasaron en su momento inadvertidos, casi clandestinos. La gran corriente secular de la sinistra, la izquierda italiana constituida, apuntaba en otra dirección, la de la conquista paulatina del Estado por medios democráticos. El curso de los acontecimientos ha venido a indicar desde entonces que el objetivo perseguido era erróneo, por dos razones: primera, porque no era el Estado sino la vida lo que era necesario conquistar; y segunda, porque el instrumento rectificador del Estado no era tan decisivo como algunos teóricos podían suponer, en el contexto de un poder fáctico transnacional y de unas finanzas globales.

Por Enrico BERLINGUER

Un día como hoy, hace  34 años, era enterrado en Roma Enrico Berlinguer, secretario general del PCI. Había muerto en Padua dos días antes tras sufrir un derrame cerebral mientras daba un mitin. Berlinguer hubiera cumplido hoy 96 años. Publicamos un extracto de su famoso discurso de 1977 ante la convención de los intelectuales comunistas en el que expuso una teoría sobre la austeridad, es decir, sobre otro modo de producir y consumir. Dicho texto dio en una magnífica síntesis los elementos necesarios para una concepción progresista sobre el falso desarrollo capitalista y ofreció elementos de análisis que todavía hoy son válidos para la izquierda. Las personas mueren pero las ideas permanecen.

Por Javier ARISTU

Asistimos a un momento desconcertante. Esta palabra, desconcierto, puede ser una de las que mejor resuma el estado de la cuestión en España y en Europa. Por desconcierto se pueden entender varios y distintos significados. Desde “descomposición de las partes de un cuerpo o de una máquina”, hasta “estado de ánimo de desorientación y perplejidad” o incluso “desorden, desavenencia, descomposición”. Claro que también nos podríamos acoger a la cuarta acepción de la Academia de la Lengua para definir este periodo como “falta de modo y medida en las acciones o palabras”. No estoy seguro de que la quinta designación se pueda aplicar a la España actual: “falta de gobierno y economía”. Todo el caudal de comentaristas, críticos de prensa, representantes políticos y demás ejército de la actual sociedad de la comunicación política no están consiguiendo aclarar un panorama que se nos prefigura sobre todo como confuso, borroso e indefinido. Desde hace mucho tiempo no se veían tan difuminadas las fronteras culturales e ideológicas que se suponen separan a la derecha de la izquierda. El desconcierto es antológico.

Sindicalismo e independencia, según el Noi del Sucre

Por Juan JORGANES

En una literatura contemporánea en la que el trabajo nunca es el centro de la trama -y si aparece forma parte del paisaje, del telón de fondo-, resulta una novedad digna de reseñarse encontrar una novela en cuyo conflicto narrativo esté presente el trabajo y la protagonice un sindicalista.

Antonio Soler (Málaga, 1956) novela la biografía de Salvador Seguí, el Noi del Sucre, en Apóstoles y asesinos (Galaxia Gutenberg, 2016). Seguí formaría parte de la mitología sindical si tal cosa existiese. Sin duda fue una referencia en la Barcelona de las primeras décadas del siglo XX. Lo fue por su capacidad de liderazgo en las reivindicaciones laborales, por su trabajo organizativo y porque permanecen vivas sus teorías sobre el papel del sindicato, la unidad sindical, o la inseparabilidad de la presión y la negociación, que puede llevar al pacto. De la mano de Seguí asistimos a la fundación de la CNT como central sindical.

 

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Por fin, al alcanzarse los novecientos casos aislados de corrupción en el PP,  Rajoy ha decidido atajar de raíz el problema recordando lo que nos decía el cura “ya que no podéis ser castos, ser cautos”. Ha caído en la cuenta de que lo malo de la corrupción es su conocimiento, porque  el escándalo debilita la autoridad.

En los medios de comunicación ya aparecen voces que nos avisan de que el excesivo celo de la Guardia Civil va a convertir España en un estado policíaco; se establece la Ley Mordaza; se mueven jueces, fiscales y la frontera entre el poder ejecutivo y judicial; renace el término chisme con nuevo significado… y aparece en un horizonte próximo  otro espantajo que nos hará olvidar la corrupción: el separatismo catalán.

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Yo, que fui tribuno de la plebe (versión sindicalista) en los setenta, conocía ya al patricio Trump cuando, en los ochenta,  era un icono de los jóvenes americanos.Donald era entonces un abanderado de la desregulación y yo, como sindicalista de una empresa nacional, Iberia, expuesta a los rigores de la globalización, defendía que los estados debían regular  el transporte aéreo.Durante décadas los sindicatos nos opusimos a la política de desregulación que propugnaban los neoliberales. Ganaron ellos.