Por Carlos ARENAS POSADAS

Los historiadores económicos son los intelectuales; los macroeconómicos son los semiintelectuales que dieron forma a las ideas, y luego están las abejas trabajadoras, que trabajan en lo micro, que no piensan y solo hacen números. Se eliminó a los historiadores porque, una vez que tienes la verdad, no quieres que el pasado sea examinado. Promocionaron a los semiintelectuales a los altares. Y elevaron a los que solo hacen números.

John Ralston Saul

psantelmoComo historiador, no deja de preocuparme el mal uso que se hace de la historia para justificar privilegios,  ambiciones o fracasos. Es más, como historiador me preocupa que la profesión no haya salido al paso de las tergiversaciones interesadas de la historia que sirven como suculento nutriente para las voraces pirañas que engordan con las especulaciones del día a día.

Los últimos tiempos nos aportan múltiples ejemplos del uso torticero de momentos históricos, al gusto del consumidor, para cuadrar los balances de las empresas.  Unos mercachifles encuentran ese momento la semana pasada; otros lo retrotraen poco menos que al neolítico.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Manifestación en Sevilla, el 4D de 1977. Foto: Manuel Sanvicente
Manifestación en Sevilla, el 4D de 1977. Foto: Manuel Sanvicente

El 4 de diciembre de 1977, Andalucía tuvo también su “diada”. Cerca de dos millones de personas, dicen las crónicas, se manifestaron en todas las capitales y pueblos andaluces en reclamación de su autonomía política, según rezaban las pancartas que encabezaban las marchas. En Barcelona, un cuarto de millón de andaluces recorrió las ramblas hasta la plaza de Sant Jaume con el mismo objetivo. El pueblo andaluz, proclamaron los líderes políticos en las tribunas, demandaba participar de igual a igual en el diseño territorial del nuevo Estado democrático con la misma legitimidad que se le otorgaba de oficio a Cataluña y al País Vasco.

Miles de banderas andaluzas cubrían las cabezas de los manifestantes; mujeres y hombres, manifestantes de toda edad y condición -es decir, burgueses y proletarios, clases medias, profesionales y jornaleros-, aparecían allí cohesionados por un mismo sentimiento de agravio, de protesta por la discriminación territorial que se avecinaba. Causó sorpresa en toda España que la Andalucía apática y desconocida, la madre de todos los tópicos españolistas, se levantara contra su españolidad.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Uno de los conceptos más útiles de la moderna ciencia económica es el de la “dependencia de la trayectoria”;  viene a querer decir, grosso modo, que las sociedades circulan por unos raíles construidos en el remoto pasado y, aunque cada vez más difusos, aún marcan el itinerario que seguirán en el futuro a menos que sean destruidos si se considera que conducen por una vía muerta.

Esas vías eran y son el entramado institucional de leyes, normas, valores, creencias, etc., que marcan las conductas de los pueblos. Son instituciones que han sido creadas por las élites dominantes a lo largo de la historia, que han sido impuestas o consensuadas, cambiadas o levemente modificadas por ellas -“para que todo siga igual” que diría el príncipe Salina-,  en las malas coyunturas o en las crisis sistémicas de su dominación. Los raíles por los que circulamos son, en última instancia, el resultado de la pugna de intereses entre los distintos sectores sociales a lo largo del tiempo.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Why nations fail. Ese es el nombre de un libro reciente de Daron Acemoglu y James Robinson, que trata de explicar las razones por las que países, regiones o territorios, situados muy próximos entre sí, con los mismos condicionantes geográficos y climatológicos, dotados con los mismos o parecidos recursos naturales difieren con el tiempo en el  nivel de desarrollo y bienestar de sus pobladores; por qué países, regiones  o territorios que partían hace siglos de un mismo nivel de riqueza son hoy prósperos unos y pobres otros.

Desde antes incluso que Adam Smith, cómo promover la riqueza de las naciones ha sido una preocupación central entre los economistas de todos los tiempos, una parte de los cuales han llegado a la conclusión de que el subdesarrollo y el progreso humano son el resultado de la acumulación de factores físicos  y humanos empleados, de capital en suma, y de la eficiencia como esos recursos se utilizan, de su productividad. Con parecer obvias estas conclusiones, adolecen de un defecto: confunden las causas del desarrollo con el desarrollo mismo, los síntomas con las causas, las consecuencias con los fundamentos.

Que 30 años no son nada…

Por Javier ARISTU

Desde el referéndum autonómico de 1980, la aprobación del estatuto de autonomía de 1981 y la constitución del primer gobierno autónomo tras las elecciones de 1982, Andalucía ha recorrido un camino lineal, aunque no exento de vericuetos y derrapes, en la conformación de su proyecto como región autónoma. Como no se han cansado de reiterar expertos y especialistas en la materia, el referéndum de 1980 rompió el modelo autonómico que la UCD y la derecha nacionalista podía tener previsto e inició una vía, la del estado autonómico, que, sin embargo, hoy día sigue generando rechazo en una parte de la derecha –véanse las declaraciones de Esperanza Aguirre y otros líderes del PP- y en el nacionalismo catalán. Hoy nadie negaría esta evidencia.