Por Enrico BERLINGUER

Un día como hoy, hace  34 años, era enterrado en Roma Enrico Berlinguer, secretario general del PCI. Había muerto en Padua dos días antes tras sufrir un derrame cerebral mientras daba un mitin. Berlinguer hubiera cumplido hoy 96 años. Publicamos un extracto de su famoso discurso de 1977 ante la convención de los intelectuales comunistas en el que expuso una teoría sobre la austeridad, es decir, sobre otro modo de producir y consumir. Dicho texto dio en una magnífica síntesis los elementos necesarios para una concepción progresista sobre el falso desarrollo capitalista y ofreció elementos de análisis que todavía hoy son válidos para la izquierda. Las personas mueren pero las ideas permanecen.

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

No hay alternativa. Con solo tres palabras los neoliberales han impuesto su modelo de gestión de los cambios tecnológicos, sociales, políticos y económicos que se produjeron en los ochenta.

Dogma total, que afecta no solo a la economía, sino a la filosofía (pensamiento débil, pensamiento único, postmodernismo…), a la historia (el fin de la Historia)…sospechosamente total.

Por Franco BERARDI BIFO

A finales de los años 70, tras diez años de huelgas salvajes, la dirección de la FIAT reunió a los ingenieros para que introdujesen modificaciones técnicas capaces de reducir el trabajo necesario y despedir así a los extremistas que habían bloqueado las cadenas de montaje. Sea por esto o por lo otro el hecho es que la productividad aumentó cinco veces en el periodo que va desde 1970 al 2000. Dicho de otro modo, en el año 2000 un obrero podía producir lo que precisaba de cinco en 1970. Moraleja de la fábula: las luchas obreras sirven entre otras cosas para que los ingenieros consigan aumentar la productividad y para reducir el trabajo necesario.

¿Os parece bueno o malo? A mí me parece algo buenísimo si los obreros tienen la fuerza (¡y, caray, en aquel tiempo la tenían!) para reducir la jornada laboral con el mismo salario. Y algo pésimo si los sindicatos se oponen a la innovación y defienden los puestos de trabajo sin comprender que la tecnología cambia todo y que ya no hace falta más trabajo.

Aquella vez  los sindicatos creyeron desgraciadamente que la tecnología era un enemigo del que había que defenderse. Ocuparon las fábricas para defender el puesto de trabajo y el resultado, como se preveía, fue que los obreros perdieron todo.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

“En el  día de hoy cautivo y desarmado el pueblo griego ha alcanzado la oligarquía europea sus últimos objetivos. La guerra ha terminado”.  Cada vez que pienso en Grecia me viene a la memoria el último parte de guerra  de Franco. La desesperación de los griegos me recuerda a los desgraciados republicanos hacinados en Alicante esperando un barco que nunca llegaría y que acabarían en el campo de concentración  de Albatera (los más afortunados, a otros  les esperaba el paredón). Sé que es un poco exagerado en cuanto a las condiciones reales y materiales pero no hay mucha diferencia respecto a la frustración de las esperanzas fallidas no solo para los griegos sino para muchos europeos, especialmente del sur, que han visto en Grecia el espejo  de sus anhelos.

Hace un par de semanas en esta misma página expresaba mis dudas sobre  la maniobra de Tsipras convocando el referéndum. Tres días después, en la noche del domingo, pensé que me había equivocado y me contagié del entusiasmo de mis hijos, eufóricos por la victoria del oci. Hoy, pasados ya diez días desde el referéndum el panorama no puede ser más desolador. Grecia está hundida, Tsipras derrotado y Schauble, este particular Perry Mason alemán más vengativo que sagaz, totalmente eufórico. Pero por muy hundidos que nos encontremos, porque lo de Grecia nos afecta a todos, hay que analizar lo ocurrido e intentar extraer alguna lección de futuro. Se me ocurren a bote pronto algunas conclusiones:

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

En unas declaraciones desde Bruselas, Mariano Rajoy se ha hecho a sí mismo la reflexión de que sería bueno que Alexis Tsipras perdiera el referéndum y así dejara el mando de una vez, para que otro gobierno, de otro color, rectificase el lío que se ha organizado y prosiguiese la imparable marcha de Grecia hacia el superávit y la superación de la crisis dentro de una Unión Europea más unida y cohesionada.
La ministra de Agricultura española, Isabel García Tejerina, ha sido más explícita todavía, al advertir que «las urnas son peligrosas» (¡qué confesión inefable para una supuesta demócrata!) y apuntar: «Grecia crecía al 3% y en cinco meses están haciendo cola para sacar 60 euros.»
No se trata del club de la comedia, atención; son declaraciones serias. Ciertamente, cabe alegar en favor de los dos opinantes que no están hablando de Grecia, por más que una primera impresión superficial apunte en ese sentido. Son dos ejemplos clásicos del añejo refrán castellano «A ti te lo digo, hijuela; entiéndelo tú, mi nuera.» Es decir, Grecia les trae al pairo a los dos. A Grecia, que le den. Mariano no sabe con exactitud por dónde cae la península helénica, por más que un avión lo dejara allí mismo cuando fue a echar una mano a su amigo Andonis Samarás, cuando las últimas elecciones. Es probable que, dada la rígida concepción geopolítica de nuestro presidente, piense que Grecia es vecina de la Venezuela chavista, situadas ambas en el mismísimo “eje del mal”.

Por Antonio LETTIERI

 5. La política de reformas estructurales, en la específica versión de las instituciones europeas, reviste un carácter estratégico. Antes o después las medidas de austeridad habrán culminado su tarea pero los cambios aportados por las reformas habrán introducido un cambio radical en el modelo de relaciones sociales. Los objetivos a largo plazo de las reformas son el drástico redimensionamiento de la intervención del estado en la economía, la reducción y la tendencial privatización de los sistemas de bienestar, la marginación del poder de los sindicatos y de la negociación colectiva.

En otros tiempos, esta política habría sido definida como reaccionaria. De hecho, se ha convertido en el paradigma dominante en la eurozona. La particularidad reside en el hecho de que esta política tiene una connotación de derecha en todos los países democráticos y los gobiernos que la practican deben enfrentarse con una oposición que tiene los colores más o menos pronunciados de la izquierda. En la eurozona, el área económica más grande del planeta tras los Estados Unidos, la diferencia entre derecha e izquierda sin embargo se ha desteñido hasta desaparecer del todo cuando se trata de partidos en el gobierno.

Por Antonio LETTIERI

La victoria de Syriza, con Alexis Tsipras al frente, en las elecciones griegas del 25 de enero ha creado un gran desconcierto en la eurozona. Lo cual no sorprende tratándose de la verdadera primera crisis política de la eurozona tras su nacimiento hace quince años. Hasta ahora estábamos acostumbrados a discutir solo de dificultades económicas.

Sin embargo, la victoria de Syriza era previsible. Es normal que en un país conmocionado por una crisis económica y social que dura ya siete años, pudieran ser derrotados en unas elecciones los partidos de gobierno en favor de los que no han tenido esa responsabilidad. Berlín y Bruselas habían hecho todo lo posible para evitarlo. Angela Merkel había ido a Atenas para apoyar al gobierno de Antonis Samaras. Después, la Comisión europea había enviado a Pierre Moscovici, el comisario francés de economía, para advertir a los griegos sobre los riesgos que corrían si escogían la incógnita de un partido de la izquierda radical.

Pero esta vez las sirenas de la eurozona no han podido encantar al electorado griego. La victoria de Tsipras ha destruido el escenario político griego de los últimos 40 años, constantemente dominado, tras la caída del régimen de los coroneles, por Nueva Democracia y por el Pasok, los dos partidos de las dinastías de los Papandreu y de los Karamanlis. Syriza ha ganado las elecciones con un programa tan audaz como difícil: liberar a Grecia de la política de austeridad y del asfixiante control de la Troika, el arrogante grupo de tecnócratas que representa a la Comisión europea, el Banco central y el Fondo monetario internacional.

Por Pedro JIMÉNEZ MANZORRO

            A vueltas con Grecia. El viernes 27 de febrero hubo una manifestación frente al parlamento griego en la ya archiconocida plaza de Sýntagma. Era nuestra última noche en Atenas y necesitábamos emociones fuertes; una concentración del KKE, coronada por un mitin de Dimitris Koutsoumpas, su secretario general, lo era. Si alguien ha visto el arranque de La mirada de Ulises de Theo Angelópoulos puede guiar su imaginación: lluvia persistente, que no muy recia, caras ensombrecidas y silenciosas recortadas por la luz de unos focos y las consignas de los altavoces [Algún desclasado de palito se hace una selfie.]. De pronto aparece la cabecera de la manifestación; al frente cuatro o cinco líneas de banderas rojas hocimartilladas en amarillo —el mismo color con el que lucen las siglas de la organización—, avanzan en orden coreando eslóganes con una letanía ortodoxa en el fondo y en las formas. Solo para los muy cafeteros. Koutsoumpas lee un abigarrado informe, que ya nos habían entregado unos voluntariosos militantes la noche anterior a la salida del metro de Doukissis Plakentías, que está allí donde Christós se cansó de esperar. Los reproches a Tsipras-Varoufakis van y vienen; vienen y van las recriminaciones a SYRIZA-ANEL, que evocan los aromas de las reconvenciones a NEA DIMOKRATÍA-PASOK. Las medidas que se habían prometido no han llegado y se va a firmar con las Instituciones (la Troika con indoloro lifting facial) otra versión de los acuerdos anteriores que tanto se habían criticado desde la dorada oposición. Nada nuevo bajo el sol en la lluviosa noche de Atenas.