Por Javier ARISTU

Comentaba en un post de hace solo ocho días que la situación de las fuerzas políticas españolas podía dar como resultado que el PP se mantuviera a flote a pesar de lo que venía ocurriendo desde meses antes. Lo escribía dos días antes de la publicación de la sentencia del caso Gürtel y tres de la presentación de la moción de censura del PSOE. El cálculo que hice evidentemente era erróneo. Tras la moción y, sobre todo, tras su apoyo por todo el arco parlamentario a excepción de Ciudadanos y PP es obvio que el PP se ha venido abajo, al menos durante un corto tiempo. Se ha venido abajo porque al perder el Gobierno de España se queda como partido de gobierno solo en 5 comunidades autónomas (Madrid, Castilla León, Galicia, Murcia, La Rioja). Sin duda es una derrota extraordinaria. Una derrota parlamentaria y de poder político. Queda por ver si ésta se traduce posteriormente en una pérdida de relevancia dentro de la sociedad española en beneficio de Ciudadanos o de otros partidos. En estos momentos no sabemos, ni creo que lo sepa el PP, qué van a hacer los 8 millones de ciudadanos que todavía en 2016 dieron su voto a Rajoy y al PP.

Un grupo de amigos y amigas de la abogada Aurora León González, con motivo de que el Ayuntamiento de Sevilla, a solicitud de la Unión Provincial de CC.OO., le ha dedicado una calle, deseamos celebrar un homenaje a esta persona representativa de una época y un estilo de ejercer la abogacía en defensa de los que entonces no tenían defensa: los trabajadores. Aurora León fundó  uno de los despachos laboralistas más importantes y decisivos para la configuración de un marco de derechos y libertades en Andalucía.

Por Javier ARISTU

Conforme se acerca el 28 de febrero comienzan a moverse las noticias memoriales de aquel día de 1980, la Junta de Andalucía prepara sus medallas y títulos de hijos e hijas predilectas de Andalucía y el himno de la tierra se oye más que el resto de los días del año. Es el Día de Andalucía, que recuerda aquel referéndum donde, tras un muerto, muchas batallas parlamentarias, dialécticas y políticas, se conseguía superar la vía del 151 para la autonomía plena. Han pasado ya 38 años. Una perspectiva amplia como para poder hacer un pequeño balance. Trataré de hacerlo de forma sintética y breve.

Por Javier ARISTU

José Rodríguez de la Borbolla fue el primer secretario general de la entonces llamada Federación Andaluza del PSOE, luego reconvertido por mor de las autonomías en PSOE de Andalucía. Fue la persona que sustituyó a Rafael Escuredo (1986) en la Presidencia de la Junta cuando éste dimitió. Borbolla, sin embargo, no se enrocó en una gestión simplemente descentralizada del gobierno socialista de Madrid sino que apostó desde su gobierno por una autonomía con plenas competencias y con igualdad de trato ante catalanes y vascos. Pepote, así llamado en sus círculos, trató de consolidar un poder político, en la Junta y en el partido, que no estuviera sujeto a las riendas de Alfonso Guerra. Aquella batalla la perdió y fue defenestrado de todos sus cargos. Luego, ha recorrido estas décadas de forma más o menos anónima, sin perder su fidelidad al partido que ayudó a fundar y jugando siempre con sus propias armas y tácticas. Es obediente al partido…pero suele hacer lo que le da la gana.

Por Javier TERRIENTE

1.- ¡Minorías al poder!

De cómo un partido grupuscular, y crepuscular, en el ocaso de su trayectoria, ha sido capaz de controlar la organización de Podemos en Andalucía y otros lugares, con la inestimable ayuda de la dirección estatal, mientras sus oponentes se fragmentan a su paso,  es digno de figurar en los Planes de Estudios de la Facultad de Sociología de la Complutense  como un clásico de la conspiración política.

Por Javier ARISTU

Comienza a ser llamativo, si no preocupante, la relación especular que mantienen algunos dirigentes políticos andaluces con Cataluña. Sostengo desde hace tiempo que la tradicional e histórica relación que ha mantenido Andalucía con Cataluña, o los andaluces con los catalanes, ha pasado en los últimos años a una nueva dimensión. Durante gran parte  del siglo XX los andaluces fueron a Cataluña a poner su fuerza de trabajo al servicio de la empresa y del capital catalán. Especialmente durante la mitad del pasado siglo esa oleada migratoria se convirtió en un fenómeno cultural y político de primer orden y ha dado sentido a la actual Cataluña, por mucho que les pese a las actuales élites dirigentes catalanistas de aquella comunidad. Hoy es muy difícil entender la Cataluña de 2017 omitiendo las realidades geográficas, sociales y culturales que están presentes en poblaciones como Hospitalet, Santa Coloma, Cornellá, Badalona, El Prat, Sant Adriá y muchos barrios de la propia Barcelona, donde la población de origen andaluz inunda sus casas y calles. Muchos cientos de miles de ciudadanos de origen andaluz (y de otras regiones españolas)  se han integrado en esa multiforme y plural sociedad catalana, colaboran diariamente en la vida y existencia de esa comunidad política y aportan su trabajo y su valor para mantener el prestigio que hasta ahora ha tenido Cataluña. No estoy seguro de que la actual dinámica segregadora de la élite directiva catalana esté reconociendo ese papel fundamental que jugaron y han jugado esas comunidades de sureños, charnegos o andalusos, como se quieran llamar. No es casualidad que sea Ciudadanos, ese partido escorado hacia el conservadurismo político en el conjunto español, quien pueda estar recogiendo en Cataluña las expectativas y frustraciones de la comunidad catalana de origen andaluz. Ya ocurrió así en las elecciones de 2015 cuando el partido de Inés Arrimadas se colocó como fuerza primera entre las opositoras al bloque soberanista, por delante de socialistas y de la izquierda de Catalunya Si que es Pot (actual Comunes). Los sondeos electorales siguen confirmando esa posición.

Por Javier ARISTU

Se ha levantado alguna, o mucha, polvareda en relación con el asunto de la concesión de la medalla de oro de la ciudad de Cádiz a la Virgen del Rosario. La polvareda incluye a políticos en activo, periodistas, comentaristas de ocasión y, en resumen, a casi todo el mundo que se asoma por las ventanas de la opinión pública. Se ha convertido en un asunto de primer orden. Yo no sé si en verdad es un asunto social de primer o de cuarto orden pero dado que la polvareda es real y que en ella han participado, a veces con opiniones y juicios incomprensibles e incluso alucinantes, políticos nacionales de primera fila, me atrevo a entrar por alguna rendija del asunto y manifestar mi criterio. Por si sirve de algo. Pero antes de entrar en harina, me gustaría hacer un breve comentario sobre las últimas declaraciones de Pablo Iglesias acerca del pasado histórico de Cádiz. Literalmente contesta así a la pregunta del periodista: «En una ciudad como Cádiz, con esa tradición anarquista y liberal, esa Virgen, tan vinculada a las cofradías de pescadores, no va unida al conservadurismo que nos podría parecer desde fuera». La frase está repleta de esos tópicos y creencias que, sin haber sido contrastados, se van repitiendo una y otra vez hasta constituirse en “verdad indiscutible”. ¿Cádiz de tradición anarquista y liberal? Pues según y cómo se vea. Si repasamos la “reciente tradición” política de la ciudad, esta no representa precisamente los valores anarquistas: desde 1979 hasta 1995 (16 años, cuatro legislaturas) fue gobernada por el PSOE; a partir de 1995, con Teófila Martínez, Cádiz fue regida por la derecha, el PP, hasta 2015 (20 años, 5 legislaturas). Durante 36 años de democracia —un tercio de siglo— la “ciudad anarquista” ha dado su voto a los partidos del sistema bipartidista. Solo recientemente la preside un alcalde que es una combinación de valores antisistema y otros de religiosidad popular.