Por Javier ARISTU

Dos noticias han movido la cacerola electoral. La primera viene de Podemos y se refiere a la designación del antiguo JEMAD como candidato de esta formación en Zaragoza. La aparición del general Julio Rodríguez en la escena política a través de Podemos ha significado un aldabonazo, sin duda, y somete a las demás fuerzas competidoras, especialmente al PSOE, a un tour de force, a ver quién puede más a la hora de presentar candidatos estrellas. Pero presentar en una lista electoral al general que presidió el JEMAD no es lo mismo que presentar a un juez o a un empresario. Los militares en este país han significado mucho y el hecho de que Julio Rodríguez —a partir de ahora es eso un nombre y un apellido y ha dejado de ser general— haya decidido dar ese paso marca, en cierto modo, una agenda de cara a la política de defensa respecto a la OTAN y los cambios en Europa. El mismo ha manifestado ya la perspectiva de esos cambios. Que Podemos, además, acepte en sus listas a este tipo de figuras le condicionará sin duda a la hora de construir su alternativa de defensa y de cara al estamento militar español. De momento ya han decidido desengancharse de esas manifestaciones contra la base de Rota que tradicionalmente organizaban las diferentes plataformas de las izquierdas andaluzas. Tengo para mí, sin embargo, que esta decisión de Rodríguez y de Podemos va a suscitar entre los militares un cierto cabreo: no es aceptable para estos que su antiguo máximo jefe se haya ido ahora con los chicos del cambio, con la representación de los peores males de la patria.