Por Javier ARISTU

Gran Vía de Granada. Foto: Landahlauts
Gran Vía de Granada. Foto: Landahlauts

Hace ya nueve meses que cuajó en nuestra tierra el acuerdo político entre PSOE e IU para dotar a Andalucía de un gobierno que, surgido y resultado de los resultados electorales del 25 de marzo, fuera capaz de afrontar con eficacia y solidez parlamentaria los vendavales y borrascas de esta terrible crisis. No es mal momento para, cercanos al final del año, hacer un primer balance de esta experiencia primera y única hasta ahora en Andalucía. Importante experiencia ya que, como espada de Damocles que permanentemente está suspendida sobre todos nosotros, tenemos del otro lado la práctica de un gobierno del PP que está dispuesto a cambiar del revés las aceptadas y consensuadas formas de convivencia de los españoles desde 1977.

Sin embargo, y aún siendo conscientes de la política agresiva y deslegitimadora que el gobierno del PP desarrolla contra el gobierno autónomo, seríamos poco juiciosos si pretendiéramos valorar la gestión del gobierno Griñán sólo y exclusivamente desde la comparación con el gobierno Rajoy. La importancia que el gobierno autónomo andaluz tiene, la amplitud de su influencia territorial y poblacional, los recursos presupuestarios (más de 32.000 millones de euros en 2012) y legales (autonomía plena y exclusividad de prestación de servicios en sanidad, educación y otras áreas) de los que dispone y su papel como autonomía del 151 nos obligan a intentar centrar en él mismo, y sólo en él mismo, nuestra modesta valoración y análisis.

Por Javier ARISTU

  1. Europa. ¿Una cumbre europea más o asistimos a un cambio en el poder de esas cumbres? El viernes 29 de junio se anuncia que ha habido acuerdos en la cumbre europea tras “el bloqueo o veto” de Italia y España al plan de crecimiento propuesto inicialmente por Francia. Parte de la prensa habla de derrota de Merkel y de sus tesis. Otras lecturas [ver Il Manifesto] nos dicen lo contrario con las propias palabras de la canciller alemana: “Hemos realizado algo importante pero permanecemos fieles a nuestra filosofía: ninguna prestación sin contrapartida. Seguimos en el anterior esquema: prestación, contrapartida, condicionalidad y control”.  Mario Draghi, presidente del BCE se muestra “muy satisfecho” del acuerdo. Algunos hablan del “adiós a Merkozy”. Otros comentan que el anunciado Pacto por el crecimiento es en realidad una ilusión: Una gota en el océano, una intervención cercana al 1% del PIB europeo que no cambiará la situación mientras la recesión amenaza a toda la eurozona. Mientras, en los últimos meses la banca ha recibido unos 450.000 millones de euros, cifra cercana al 34% del PIB europeo. La banca sigue siendo el monotema de las cumbres y de los Ecofin mientras el principal problema social de Europa es su desempleo creciente y constante. Y nada cambia respecto de Grecia: continúan los brutales planes de empobrecimiento de ese país. En conclusión: algo se han modificado las correlaciones de fuerza europeas pero siguen firmes los vectores profundos de la intervención europea ante la crisis, esto es, más dinero para ayudar a que la banca no se hunda en su mar de deudas –dinero que tendrá que ser controlado estrictamente por el BCE y por Alemania-  pero poca acción ante el paro de millones de europeos.

Por Pedro E. GARCÍA BALLESTEROS

Foto: FAPAR

Es evidente la existencia de los mismos planes de ajustes y recortes sea cual sea el signo político del gobierno de turno: aumento de impuestos e inmediatos y grandes recortes de la masa salarial de los funcionarios, los cuales en su mayoría pertenecen a la educación o la sanidad. Pero lo que me gustaría comentar no es tanto esos hechos evidentes y palpables sino los discursos usados para su justificación, la retórica política. Hasta ahora, los hechos se iban identificando cada vez más, eran similares pero al menos los discursos pretendían diferenciarse. Creo que es inquietante que hasta los discursos comiencen a parecerse, a tener paralelismos evidentes. Esperanza Aguirre (o la cólera de Dios del Tea Party hispano) anunciaba sus recortes como solidarios, es decir, los funcionarios madrileños debían aceptar sus recortes de sueldos porque de esta forma se evitaba el despido de miles de interinos. Nuestra Consejera de Economía andaluza, antes y después de no negociar absolutamente nada con los sindicatos, los presentaba como injustos pero también apelaba a la solidaridad para no despedir a trabajadores de la función pública.

Por Carlos ARENAS POSADAS


¿Qué tienen los suecos, los fineses, los holandeses, los navarros, los riojanos que no tengamos nosotros los andaluces? Tienen mayores niveles de renta, de bienestar, niveles educativos superiores, mayores ratios de inversión per cápita, más lectores de libros y espectadores de teatro,  tasas de paro mucho más bajas, etc. ¿Qué tenemos nosotros que no tengan ellos? Gracia pajolera, más sol, manzanilla, más comparsas, rocíos, semanas santas, bandas de cornetas y tambores a gogó, etc. ¿Qué podemos ofrecerles? Nada; incluso dudo de que les interese lo que a nosotros nos sobra. Si acaso, cuando ponemos nuestro acerbo en el escaparate on-line, vienen por un tiempo corto a verificar lo que se dice de nuestra belleza moruna y de la manera carpetovetónica de hacer las cosas, pagan su óbolo al  tour-operador, y se van.

 ¿Por qué ellos han llegado a ser más ricos mientras  nosotros seguimos dependiendo de la mascarada? Preguntados ciudadanos y ciudadanas de esos que los reporteros buscan en las calles donde se instalan Zara y Mango dirían en un 50 por ciento que la causa es del clima que invita al ocio; un 30 por ciento que la gente es mucho más abierta y simpática; un 15 por ciento haría referencia a las tradiciones. El otro 5 por ciento se repartiría entre los que en la universidad, en concreto en la facultad de ciencias económicas y empresariales, han aprendido aquello de la especialización productiva, la economía extravertida,  la productividad aparente del trabajo, los menores valores añadidos de nuestro tejido productivo,  los elevados costes de transacción de una economía inclinada desde siempre a la especulación y a la búsqueda de rentas, etc. Es decir; la culpa es de la estructura económica. El que conozca  a la tal estructura económica que me la presente para que le pueda cantar las cuarenta.

Por Lorenzo CABRERA

Ahora que ya está formado el nuevo gobierno en Andalucía y consumado, por tanto, el acuerdo PSOE e IU, de nada vale volver a la interpretación sobre los resultados de las elecciones autonómicas y al supuesto mandato que el electorado andaluz dictó en las urnas. Quienes nos han repetido hasta el hartazgo que el PP ha sido la fuerza política más votada en estas elecciones decían una verdad incontestable, pero era también de numérica claridad que ni tenían la mayoría absoluta para gobernar ni han conseguido apoyo parlamentario alguno para conseguirla. Por contra, a quienes afirmaban contar con mayoría de izquierda necesaria para formar gobierno, podrá objetárseles que hacían una interpretación sesgada del voto y, por tanto, un análisis forzado de los resultados electorales, pero es evidente que, sin entrar ahora en la valoración siempre compleja de qué entendemos por izquierda en nuestro país y si lo son todos los que así se proclaman, una cosa es indudable: la mayor parte de los que ejercieron su derecho al voto prefirieron que el PP no se constituyera en el partido gobernante. Y lo que es más importante aún, las dos fuerzas políticas que recogieron esa mayoría han optado por establecer un pacto  y gobernar conjuntamente. Se trata, pues, de un pacto legalmente válido. Y lícito, si como ambas aseguran,  los puntos recogidos por escrito en un llamado Acuerdo para Andalucía no invalidan ni incumplen los respectivos programas con los que concurrieron por separado a las elecciones. No piensan así, claro está, aquellos de entre la minoría de IU que ha perdido el referéndum y denuncian lo acordado como una dejación programática.