A FERNANDO SOTO MARTÍN

Por Eduardo SABORIDO GALÁN

[Discurso de Eduardo Saborido ante el féretro de Fernando Soto, fallecido el pasado 9 de julio]

Así terminaba Fernando un libro de recuerdos, “Odisea  en Re Menor”,  escrito en la cárcel de Carabanchel, en abril de 1975,  y que publicó 25 años después.

Fernando cantó, sin saber  cantar, durante 20 años, luchando contra la Dictadura franquista, clamando por las libertades y derechos democráticos fundamentales.

Por ello sufrió toda la gama represiva de que es capaz una dictadura fascista: múltiples detenciones  en las comisarías y sus interrogatorios,  ejecutados por la nefasta BPS;   cárceles y condenas,  dictadas por los jueces de instrucción de primera instancia y por el TOP;   destierro y multas  gubernativas;   despidos, decididos por los empresarios de entonces, y su inclusión en las “listas negras “,  para que  no pudiese conseguir un nuevo trabajo;   amenazas y vejaciones sin cuento…  Siempre acompañados por el miedo.

De todo ello, destaca  el conocido “ Proceso 1001 “ , en el que los magistrados del TOP, con su golpe de toga, impusieron  a la Coordinadora Nacional de CC.OO., la mayor condena de sus trece años de existencia, 162 años de cárcel para solo diez procesados,  uno de ellos Fernando, con más de 17 años de prisión.  Este proceso encabezado por Marcelino Camacho,  también tuvo como condenados a  otros dos sevillanos y andaluces, el que os habla y Paco Acosta.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Hace unos días asistí invitado por CCOO de Sevilla a unas jornadas de reflexión sobre el estado de un tejido industrial en la provincia, aquejado desde hace décadas de una crisis por consunción traducida en cierre de empresas, fuga de otras y peligrosa dependencia de muchas de las que quedan de decisiones estratégicas que se toman fuera de Andalucía.

Me agradó la frescura con la que algunos delegados sindicales, el de Fasa o el de Mina las Cruces, por ejemplo, enfocaron el problema: vinieron a decir, algo así como que una golondrina no hace verano, que se necesita escapar a la dependencia mencionada y a la maldición de actividades extractivas con fecha de caducidad, insertando lo que hoy son industrias enclaves dentro de un aglomerado industrial capaz de complementarlas, provocar sus externalidades y garantizar su sostenibilidad añadiendo valores al mero aprovechamiento de los recursos naturales.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Hace unos días la opinión pública se ha desayunado con que Andalucía ocupa el primer lugar en cuanto a la tasa de desempleo de las 272 regiones europeas. El 36 por ciento. A esta merecida distinción debe añadirse otros méritos menos conocidos como el que sea también la primera o una de las primeras en cuanto a los niveles de precariedad laboral, trabajo sumergido, menor cobertura de prestaciones por desempleo, menor cobertura en la negociación colectiva, etc. ¡Cuánto honor!

Los economistas de la casa o de la cosa reducen sus explicaciones al bonito juego del mercado. La responsabilidad del desempleo se debe a un exceso de oferta de mano de obra porque la población en Andalucía crece más rápidamente que en otras regiones y países. Al último que le oí ese razonamiento fue al presidente Griñán que olvidó añadir que el desempleo es alto incluso con tasas de ocupación, masculinas y femeninas, de las más bajas de España. Algún otro ilustrado se refiere a la escasez del capital humano en la comunidad –tenemos una de las mayores tasas de universitarios en paro de España- o  a la tradicional aversión de nuestra fuerza de trabajo a emigrar. Del lado de la demanda, se culpa a la crisis, a la abrumadora amplitud de las pymes en el tejido productivo, etc.

Por Carlos ARENAS

La coalición de “izquierdas” que gobierna en Andalucía está en un tris de romperse. La derecha, sin comillas, se frota las manos y ya anuncia como inevitable elecciones anticipadas en octubre. Las razones del encontronazo, el asunto de la corrala “la utopía”, me parecen, sin embargo, un burdo pretexto; una ocasión pintiparada de la presidencia de la Junta para no cumplir definitivamente lo que no se está cumpliendo desde hace dos años: un programa político que se proponía, si mal no recuerdo, avanzar hacia un cambio en el modelo productivo en Andalucía.

 La señora Díaz, y a los hechos me remito, parece estar más a gusto entre los parientes de Arias Cañete en Jerez y saludando al señor Botín que entre desahuciados ocupas. El argumento de de que hay que respetar las listas de espera de los que necesitan una vivienda oficial debería avergonzarla, primero porque su gobierno no ha resuelto el problema de la vivienda, segundo porque se han construido viviendas de protección para clases medias que son rechazadas porque los beneficiarios no pueden pagarlas y, tercero, porque atufa escrúpulos pequeño-burgueses de quienes abominan más del pícaro que hurta una gallina que del ratero de guante blanco que roba masivamente con la ley en la mano.

Por Carlos ARENAS POSADAS

La presidenta Susana Díaz está cosechando aplausos por las manifestaciones vertidas en su viaje a Cataluña días pasados respecto al encaje de Cataluña en España. De todas ellas, me quedo con una: Andalucía ha demostrado en toda su historia que ha contribuido a la viabilidad del estado español, a que no parezca, y esto lo añado yo, un estado más fallido de lo que realmente es.

Estoy absolutamente de acuerdo. La contribución viene de lejos: desde que los caballeros castellanos derrotaron a los habitantes de Al Andalus en 1212. Ancha es Castilla….por Andalucía, se solía decir. Todavía hay grandes de España que viven de aquella ocupación, cobrando sus buenas millonadas de la Política Agraria Comunitaria sin sembrar un pimiento. Es comprensible, por tanto, aunque no se compartan argumentos falsarios tan usuales en otros nacionalismos, que los herederos de los reconquistados, los jornaleros que han sufrido la humillación de los señores generación tras generación, tengan la convicción de que Andalucía no es España.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Nuestra consejera Cortés ha manifestado, o así se recoge en los periódicos, que la construcción de carriles bici en toda Andalucía será la clave para el cambio del modelo productivo en la comunidad.

Dicho así, tal cual, a palo seco, la cosa no deja de ser chocante. No ha pasado mucho tiempo hasta que, desde el propio gobierno andaluz, de parte del mismo consejero que hace días agradecía el “gesto” de los quinientos millones al señorito Botín, se ha minimizado la iniciativa o, mejor dicho, se la ha ridiculizado.

Uno, que tiene que creer en algo y en alguien para no tirarse a un pozo, piensa más bien que la señora Cortés no ha sido entendida en todos sus términos o se le ha mutilado la opinión.

Por Francisco Javier MERCHÁN IGLESIAS

MUCHO me temo que la desafección ciudadana hacia las políticas que hacen los gobernantes alcanza ya a la política educativa. Mirando desde dentro, a veces uno tiene la impresión de que la política educativa nada o casi nada tiene que ver con lo que ocurre en el interior de los centros escolares, y de que el sistema educativo funciona sin un horizonte definido, meramente por inercia y por la vocación de muchos de sus profesionales. Los datos PISA son de fiabilidad discutible y se prestan a muy diversas e incluso contradictorias interpretaciones. Admitiendo esa versatilidad, no puede negarse, sin embargo, que el informe de las pruebas de 2012 ofrece algunos resultados que tienen gran valor indicativo.

Por Carlos ARENAS POSADAS

A lo largo de su historia, hasta hoy, la economía andaluza ha presentado un paisaje marcadamente tripartito: (1) unas pocas decenas de grandes empresas públicas y privadas dirigidas desde los centros económicos nacional y extranjero; (2) unos pocos cientos de aprovechados buscadores de rentas bien pertrechados en la propiedad inmueble y/o en la influencia política a nivel local o regional; (3) cientos de miles de pequeñas y microempresas incapaces de llevar a cabo otra misión que la de subsistir a duras penas.

El resultado de este escenario fue y sigue siendo el conocido: una sociedad atrasada, con insoportables tasas de parados y temporeros, la más desigual entre ricos y pobres, por debajo del resto de regiones en cualquier índice que sirva para manifestar bienestar y progreso.

Junta-CEA-Acuerdo-Empleo-presupuestos_EDIIMA20130320_0514_13Por Carlos ARENAS POSADAS

Concertación social es sinónimo de corporativismo; si corrientemente usamos aquella expresión y no esta se debe a que la palabra corporativismo suena mal, tiene mala fama: nos recuerda a dictaduras, a intereses estrechos de un colectivo económico y social. En realidad corporativismo es un modelo de gobernanza que suele aparecer en momentos en los que el sistema capitalista se halla en fases de desconcierto en los que necesita consenso para iniciar un nuevo modelo de acumulación de capital. Mediante una transacción corporativa las clases dominantes mantienen el control del sistema económico y político a cambio de ofrecer a sus rivales, especialmente a los trabajadores y a sus organizaciones, una serie de mejoras económicas y una capacidad de interlocución  previamente inexistente.  Cuando ese tránsito se ha efectuado, menguan las ganancias y aparece la fase recesiva, el ánimo corporativo desaparece, la guerra de clases desde arriba se reanuda  con bríos para arrebatar lo concedido y derrotar al rival de clase.