Por Francisco FLORES TRISTÁN

Las pasadas elecciones municipales y autonómicas no han deparado grandes sorpresas pues la mayor parte de las novedades ya estaban adelantadas por las encuestas pero sí pequeños matices muy interesantes de comentar tanto por lo que reflejan o representan como por las posibilidades que abren de cara al futuro. Ya se sabe que a menudo en la letra pequeña de los contratos está la sustancia de los mismos. Repasemos el resultado de las principales fuerzas de ámbito estatal para poder extraer después las consecuencias que a mi juicio se pueden derivar de los mismos.

  1. El PP ha sufrido un descalabro. Esto parece la “crónica de una muerte anunciada”. Ha perdido más de 10 puntos porcentuales desde 2011, todas las mayorías absolutas en los Parlamentos autonómicos y la mayor parte de las de los Ayuntamientos, especialmente en las grandes ciudades. Esto lo habían previsto los analistas y las encuestas y es resultado de la política económica seguida, especialmente del recorte del llamado “estado del bienestar” y de la corrupción generalizada. No me voy a detener en lo ya sabido pero sí en un aspecto que a mí me parece no suficientemente comentado. A pesar de todo sigue siendo la primera fuerza política con un 27,05% de los votos en las elecciones municipales, un 29,98 en el conjunto de los Parlamentos autonómicos que se han renovado. Y, lo que para mí es más significativo, conserva el papel de primera fuerza en la mayoría de las Autonomías y en las grandes ciudades.  Habrá quien argumente que esto es lógico porque la Izquierda está extraordinariamente fragmentada y la Derecha agrupada en torno al PP. Pero esto ha dejado de ser cierto en las pasadas elecciones. El PP por vez primera (el papel de Vox no ha dejado de ser “anecdótico”) ha tenido un competidor por la derecha, “Ciudadanos” que representa una Derecha, o si se quiere un centro-derecha, moderno, liberal y europeo. Y aún así conserva el papel de primera fuerza. Si sumamos el PP y Ciudadanos las dos fuerzas de la Derecha son mayoritarias en gran parte de las Autonomías y Ayuntamientos, entre ellas la Comunidad de Madrid (a pesar del estercolero de corrupción evidenciado por los procesos e imputaciones antes y después de las elecciones) o Ayuntamientos como Málaga  y Granada.

Por Ramón BARRAGÁN REINA

 La política andaluza se ha complicado desde las elecciones del 22 de Marzo: ha entrado en un laberinto del que no se vislumbra una salida positiva para los andaluces. A dos meses de las elecciones aún no hay un nuevo gobierno en Andalucía que pueda hacer política que intente resolver los muchos problemas existentes en nuestra Comunidad Autónoma.

            La estrategia puesta en marcha por el PSOE para conseguir la presidencia con la abstención de alguna o algunas fuerzas políticas, no lleva muy lejos. A la vista está: ya son tres las votaciones en el Parlamento y los números se repiten (47-62). No hay salida, y si la hubiera, podría ser peor a estas alturas, sería “pan para hoy y hambre para mañana”. Susana Diaz formaría el Gobierno andaluz más inestable de la Historia andaluza, quedando a merced de las posibles fuerzas abstencionistas, que son diversas y tienen poco tienen en común. Todo deberá ser negociado, lo cual no es malo en sí mismo, sino todo lo contrario, pero visto lo visto todo cada asunto se puede eternizar. Parece que no se han medido las consecuencias o quizás sea que no importan, porque el objetivo es formar gobierno y después ya veremos, mientras los demás afilan sus garras para las siguientes batallas.

Por Javier ARISTU

Los avatares de la situación parlamentaria andaluza —la más real va camino del Rocío o de la playa, según como se mire— está provocando reacciones y opiniones curiosas, llamativas en algunos casos, como comentaremos a continuación. Incluso ha provocado encuestas peculiares como la de El País-Metroscopia del pasado 18 de mayo sobre la opinión de los andaluces acerca de una repetición de las elecciones autonómicas en nuestra Comunidad. Las encuestas y los estudios demoscópicos tienen el valor que tienen y además, en algunos casos (veremos el nivel de acierto en las municipales del domingo 22 de mayo) se equivocan. El problema no es que se equivoquen las encuestas; estas se hacen para medir la temperatura social en ese momento que, como temperatura y como sociedad, es algo voluble y cambiante por lo que no nos debemos escandalizar de sus errores. El asunto es cómo ciertos medios entran en liza parlamentaria publicando aquellas noticias y reportajes que le pueden venir bien para sus propios intereses.

Hablaba antes de reacciones y opiniones curiosas o llamativas. Algunas hay, como las del ex parlamentario y dirigente socialista Luis Ángel Hierro. En un artículo firmado en Andalucesdiario encauza su indignación por la inexistencia de acuerdo para dejar gobernar a la candidata de su partido, critica a Podemos, Ciudadanos, PP e IU por impedir ese hecho y defiende la independencia de los procesos electorales andaluces respecto de cualquier otro con la idea de destacar la importancia de la autonomía andaluza. Nada que no sea legítimo dentro del campo de la opinión personal y política por lo que no voy a polemizar con él en relación con su criterio sobre el actual desacuerdo y estancamiento parlamentario. Sí me resulta chocante su canto a la importancia de la autonomía andaluza cuando afirma: «Aquí el problema es que, por tactismo político, PP, Podemos, Ciudadanos e IU echan por tierra el trabajo que venimos haciendo los andaluces y andaluzas desde hace 35 años para defender nuestra singularidad y nuestro autogobierno y separarnos de la tendencia uniformista y centralizadora que siempre ha querido la derecha para esta tierra».

Por Francisco PALERO GÓMEZ

Aun a riesgo de no ser preciso en el análisis por ver la realidad política andaluza desde la distancia e influido por los voceros – en las tertulias no descubro  analistas – me voy a adentrar, siguiendo la reflexión publicada por Aristu, en el suceso de la no investidura de una Presidenta que apareció en la escena política por mor de la designación a dedo y que pretende hoy repetir, fundada en la razón cierta de representar a la fuerza más votada de Andalucía, pero – al menos eso es lo que trasmite – haciendo caso omiso a la aritmética, esto es, al hecho cierto de que han sido mayoría los andaluces que no le dieron su apoyo en las elecciones por ella convocadas.

El hecho, el suceso – o el insuceso –, me conduce a tres reflexiones enlazadas.

1.- La singularidad andaluza.

Señalemos lo obvio: Andalucía celebra su fiesta el 28 de febrero y – a diferencia de otras comunidades históricas – en conmemoración de una batalla (política) ganada: la que asimiló esta comunidad a las de origen histórico, la que permite a Andalucía elegir sus gobiernos en espacios temporales diferentes al resto de las autonomías y por ello reafirmando su identidad conquistada y sin injerencia dependiente de los avatares de otras realidades políticas.

Por Carlos ARENAS POSADAS

El viejo reloj de la política andaluza lleva casi dos meses parado. Crece la presión mediática (o mejor decir la publicidad encubierta) y emocional para que se ponga cuanto antes fin a esta situación de interinidad provocada (repiten a coro) por los “tacticismos” de quienes se oponen a la investidura. La candidata a la presidencia de la Junta quiere gobernar a toda costa (debe ser demasiado duro admitir que con ella se puede acabar un “fructífero” modelo de gobernanza de más de 35 años) sin importar cómo ni para qué; lo mismo vale un roto (y se recuerda a Rajoy aquello del apoyo a la lista más votada) que un descosido (intentando atraerse al mismo tiempo a fuerzas tan dispares como Ciudadanos y Podemos).

A pesar de tanta alarma por el desgobierno, la vida sigue igual. Nada de lo que era firme se ha derrumbado. No obstante, quienes reclamamos un tiempo de reflexión en este momento de la historia andaluza constatamos que, efectivamente, la presidenta está rebajando la dosis diaria de egolatría, pero que no se está aprovechando el desconcierto provocado por el evidente fracaso de su decisión de adelantar las elecciones. Dicho de otra manera, algo viejo se muere pero nada nuevo está naciendo. Es más, se corre el riesgo de que, como tanto se publicita, lo nuevo se identifique con “tacticismo”. Un mensaje que cala bien en el subconsciente popular machacado secularmente por la idea de que el “régimen” representa la centralidad y procura el bien común frente a las ambiciones personales de los “políticos”.

Por Francisco DURÁN LAGO

Pasaron las elecciones del 22 de Marzo, y de inmediato vamos a votar en las del 24 de mayo. En las autonómicas del 22M los andaluces, con su voto (los que votaron), han dibujado un mapa político que ya era previsible pero que al final ha sido mucho  más amplio y diverso del que existía antes aunque en absoluto consolidado, de momento.

Los antecedentes de las elecciones del 22M son ya conocidos, puede que  no lo suficiente pero, al menos tenemos una gran parte de los elementos que explican  por qué se convocaron las elecciones. Lo importante actualmente es que, en lugar de tres fuerzas políticas, pasamos a cincos, hecho que recoge la pluralidad más amplia del pensamiento  del pueblo andaluz. El actual parlamento está compuesto en una parte por veteranos y en otra por una mayoría de nuevos diputados y diputadas con ninguna experiencia en el debate parlamentario, si bien los hay con algún recorrido en debates en las plazas de las ciudades, hechos que son muy interesantes pero distintos a la práctica parlamentaria.

Por Javier ARISTU

Nunca se arrepentirá lo suficiente Susana Díaz de haber adelantado las elecciones andaluzas al pasado 22 de marzo. Cada día que pasa es un grano en la cuenta de ese error. Antes dependía de una minoría que participaba dentro de un gobierno y ahora tiene enfrente a cuatro partidos que conforman una mayoría de rechazo, ninguno de ellos con posibilidad —de momento— de pactar con ella de forma estable y  que es posible que  nunca vayan a estar con ella en tareas de gobierno. De un gobierno de coalición en 2012, con acuerdo firmado, con tres consejeros de IU, y con un Maíllo y la mayoría de la dirección andaluza de esta formación que estaban a pesar de los pesares por mantener ese pacto de gobierno, Susana Díaz ha pasado a suplicar “que la dejen gobernar” en solitario. Y hasta ahora le han contestado que no.

La candidata socialista y antes presidenta pretendió cambiar, ahora se ve claro,  el ciclo electoral de este año 2015; lo que no se sabe es que con qué finalidad. Desde luego, y a la vista de los resultados, no parece que a pesar de haber mantenido los mismos escaños, lo cual se puede considerar un éxito en los tiempos que corren,  haya conseguido un triunfo político. La aritmética parlamentaria es la que es. Susana Díaz y el PSOE andaluz están ambos peor que antes. Cuando adelantó las elecciones, situándolas dos meses previos a las municipales y autonómicas y medio año de las tan decisivas generales de final de 2015, creía romper un hipotético curso de descenso de su partido y que, con los resultados que esperaba, la situaría en una plataforma inmejorable para gobernar Andalucía e influir a su vez en la política española. Se ha topado con el enorme escollo de que le faltan 8 escaños para tener la mayoría absoluta y, lo que es peor, enfrente tiene cuatro partidos y 62 diputados que están en el lado completamente contrario: no quieren pacto de gobierno de ningún tipo pero tampoco están dispuestos a dejarla pasar de rositas absteniéndose en la investidura “para dejarla gobernar”.

Por Félix TALEGO, Ángel del RÍO y Agustín COCA

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”Don Quijote

En unos días comienza una nueva campaña electoral marcada por la acción intensa de las organizaciones políticas en busca del mayor número de votos para sus candidaturas. En estos períodos se activan las relaciones entre los miembros del partido y cuadros dirigentes, militantes, afiliados y hasta simpatizantes desempeñan un rol de crucial importancia para el desarrollo de la estrategia electoral. E, inevitablemente, surgirán las preguntas sobre la existencia y la ética de las redes clientelares y el voto cautivo. En este sentido, quisiéramos reflexionar sobre estos asuntos poniendo el foco en la naturaleza interna de la relación clientelar que, entendemos, trasciende el ámbito de lo político-partidista y modela, en buena medida, una forma de estar y concebir la vida toda.

LA GRABACIÓN

Y lo haremos poniendo como ejemplo una noticia que apareció en los medios días después de las elecciones andaluzas del pasado 22 de marzo y que, en pocos días, se convirtió en fenómeno viral extendiéndose de manera masiva por Internet y las redes sociales. La noticia incluía una grabación –hecha de forma clandestina– en la que se escucha a una alto cargo del PSOE y de la Administración andaluza –la delegada de Empleo en Jaén– instar a sus subordinados a abandonar sus quehaceres laborales para hacer campaña y pedir el voto para el partido en el gobierno.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Ni en el peor de los escenarios, me parece, pensó nunca la presidenta de la Junta de Andalucía que su decisión de abortar la anterior legislatura iba a desembocar en el callejón sin salida en el que parece haberse metido con la negativa de los partidos de la nueva cámara salida del 22 de marzo no ya a compartir un proyecto  sino tan siquiera a abstenerse para  facilitar su futuro gobierno.

Para convencer a los partidos que les son necesarios para la investidura,  la presidenta en funciones  ha recurrido a reclamarles precisamente aquello de lo que no puede presumir: lealtad institucional, confianza, abandono de tacticismos, altura de miras, etc.  El argumento supremo con el que intenta convencerles ha sido el de que el reloj de Andalucía no puede pararse.