El siguiente es un escrito recién salido del horno y relativo a la situación en Cataluña tras la deriva del pasado 11 de septiembre, la propuesta de Artur Mas referente a la independencia de Cataluña  y la convocatoria de elecciones para el próximo 25 de noviembre. Viene suscrito por más de cien firmas y responde a una visión de la situación española y catalana que merece la pena atender.

Por la justicia social y la razón democrática

El resultado de la convocatoria electoral anticipada del próximo 25 de noviembre será decisivo para el futuro de los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya. Desde la llegada de CiU al Govern de la Generalitat —hace ahora dos años— hemos vivido un proceso político paradójico. Por un lado, el Govern de Artur Mas se ha situado en la vanguardia de un modelo de política fiscal y duros rectores sociales, educativos y sanitarios que nos aleja del modelo social de los países más avanzados de Europa, al tiempo que en las Cortes españolas ha dado un soporte reiterado a las políticas laborales más regresivas de la democracia. La alianza CiU – PP ha hecho posible también un escandaloso retroceso en los medios públicos de comunicación  impidiendo avanzar hacia una mayor libertad que habían dado los gobiernos progresistas en España y Catalunya. Por otro lado, CiU ha consumado en muy poco tiempo un giro estratégico oportunista, poniéndose a la cabeza de un movimiento independentista que pretende iniciar un proceso de secesión de Catalunya.

 La sociedad catalana está padeciendo una grave crisis económica que ya se ha convertido en una crisis social y  política que se ha traducido en un aumento de la pobreza y la desigualdad y en una limitación del principio de igualdad de oportunidades.  Hoy, muchas personas están padeciendo y ven cómo se rompen sus proyectos vitales. Esta situación reclama por parte de todos un ejercicio de responsabilidad política y ética, sobre todo en un momento en el que el descrédito de los partidos y las instituciones es extraordinariamente grave. Consideramos que el rompimiento con España no es la única salida de futuro y que el inicio de un proceso de secesión, en un contexto como el actual, pone en peligro la cohesión social y no es el camino para mejorar las condiciones de vida de los catalanas, ni desde el punto de vista económico ni social ni cultural.

Por Javier ARISTU y Pedro E. GARCÍA BALLESTEROS

“…ni siquiera al racionalizar la medida ha sido capaz la Consejería de Educación de librarse de sus prejuicios ideológicos: de la distribución de portátiles quedarán excluidos los centros de la enseñanza concertada, cuyo alumnado no podrá beneficiarse de la iniciativa salvo que sus gestores se hagan cargo del coste de los ordenadores en función de sus prioridades y necesidades. Esta discriminación es injustificable y sectaria. Todos los estudiantes deben ser tratados igual, ya que la libertad de los padres no puede implicar tratamientos desiguales ni agravios comparativos”.

La cita anterior la hemos sacado del Diario de Sevilla del 10 de octubre y formó parte de su editorial dedicado a la medida de la Consejería de educación de la Junta de Andalucía relativa a adaptar (reducir) la política de conceder ordenadores personales a los alumnos de la enseñanza obligatoria y bachillerato en Andalucía dentro del denominado Programa TIC 2.0.

Resumamos los hechos: con vistas a dotar a los alumnos andaluces de capacidad de usuario con las tecnologías de la información la escuela debe ser un instrumento fundamental y decisivo para ello. El reto de alfabetizar en  informática y capacitar para el uso de esas tecnologías es general y universal en todas las escuelas del mundo. Unas con más éxito que otras, todas las administraciones educativas en los países europeos han acometido en los últimos veinte años políticas tendentes a ese objetivo de instruir a los alumnos en el uso de las tecnologías informáticas para la adquisición de conocimientos y para el aprendizaje social. Las inversiones en equipos y en software han sido cuantiosas. Los centros educativos se han transformado en continentes instructivos donde en el mejor de los casos la información mediante ordenadores y otros sistemas ha sido una prioritaria forma de relacionar a la comunidad educativa; en otras menos desarrolladas los profesores han dado por suficiente una instrucción básica a sus colegas y a sus alumnos sobre el acceso a internet como medio de información y aprendizaje. En Andalucía esa política ha estado centrada en dos modelos paralelos: dotar a los centros de infraestructuras permanentes (salas con ordenadores, pizarras electrónicas, acceso a internet, etc.) y, a partir de 2007, dar a los alumnos, dependiendo del nivel en el que estuvieran, un ordenador portátil para su uso exclusivo en el centro y en su casa.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Me viene a la memoria aquel chiste del Perich que ponía en solfa un anuncio gubernamental  reclamando prudencia en el bosque para evitar incendios forestales: “Cuando un monte se quema algo suyo se quema”…señor conde”, añadía el inolvidable humorista gráfico catalán.  Me ha venido a la memoria al escuchar las lamentaciones del ministro de exteriores y de la vicepresidenta del gobierno por los perjuicios que la corriente independentista estaba ocasionando en la marca España y, en concreto, en los efectos que el deterioro de la marca estaba ocasionando en los mercados… don Florentino.

La marca España no goza de buena salud; incluso el candidato derechista Romney (que no sabe dónde está España) nos pone como ejemplo de malos usos. No es raro que ser español no esté de moda. No lo está para muchos catalanes, pero tampoco  para muchos extremeños, manchegos, riojanos o andaluces entre los que me encuentro. No lo estamos  a pesar de ser tildados de “españoles” con la misma displicencia con que los bávaros llaman “prusianos” al resto de los alemanes de cualquier otro länder que no sea el suyo, y  ser “prusiano” es sinónimo de terrateniente feudal, militarista y autoritario.  Como los amigos alemanes que tengo, me rebelo contra esa etiqueta injusta y malintencionada que me imponen sin conocerme ni consultarme.  El descontento con la actual marca España no conoce fronteras regionales, y todo él se justifica por unos mismos motivos, no importa de qué parte de la raya en el mapa nos encontremos.

El motivo que ha deteriorado la marca España es, en buena medida, el regreso a los bancos azules de las instituciones, vaya colorcito, de la derecha más rancia del país, de aquellos que pronuncian la palabra España con pe explosiva. ¿Cómo identificarse con Aguirre, Gallardón, Cañete, Báñez, Morenés, Wert y con los pocos cientos de familias que han mangoneado este país desde hace siglos fueran castellanas, andaluzas o catalanas? Es la marca repeinada y con mechas,  con olor a incienso y sacristía, que ofrece la España actual la que está en cuestión.  

Reproducimos este trabajo realizado por Jorge Aragón, Jesús Cruces, Luís de la Fuente, Alicia Martínez, Amaia Otaegui y Elvira S. Llopis que se publica dentro de la colección Estudios de la Fundación 1º de Mayo, en su número 56, en el que se analiza  la agudización de la pobreza que está produciendo la crisis económica y en el que el acceso al empleo ya no es una salvaguarda ante las situaciones de pobreza. [DESCARGAR PDF ]

Las políticas de recortes están intensificando y extendiendo la pobreza en España hasta alcanzar al 27 por ciento de la población. El acceso al empleo ya no es una salvaguarda ante las situaciones de pobreza. La precarización de las condiciones de trabajo, los procesos de desprotección en el mercado de trabajo y el debilitamiento de los recursos sociales del Estado de Bienestar están provocando un empobrecimiento creciente de la población trabajadora.

En España las erróneas medidas tomadas, tanto desde el punto de vista laboral como desde el punto de vista de la  reducción de los marcos de protección social y la contracción de los servicios públicos, están contribuyendo a que el fenómeno de los trabajadores pobres se haya incrementado de una manera tan acusada.

Una parte importante de las consecuencias del empobrecimiento de la población es irreversible: la malnutrición infantil, la insalubridad de las condiciones de vida, la reducción de la atención y cuidado de la salud, la atención descualificada de las personas en situación de dependencia, la deprivación cultural, son sólo algunas de ellas.

En España, el fuerte crecimiento económico de los últimos años no ha sido capaz de reducir las tasas de pobreza por debajo de la media europea, y ha configurado un mercado de trabajo,  un modelo productivo y un modelo social muy vulnerables a los cambios de ciclo y que ha saltado hecho añicos al estallar la crisis.

Por Giorgios Papanagnou

Foto: mkhalili

Recientemente, en una entrevista con el diario financiero alemán Handelsblatt, el presidente del gobierno griego Antonis Samaras advirtió a los ciudadanos europeos que si su gobierno fracasa, Grecia caería en el caos[1]. Como potencial o actual fuente de peligro el primer ministro señaló el crecimiento de Amanecer Dorado, el partido neo-nazi. Evidentemente, el propósito del argumento de Samaras era exponer a los lectores alemanes y europeos la dramática realidad económica y social que atraviesa Grecia y hacer una apasionada defensa de una mayor solidaridad europea. Por un lado, nunca desde 1975 un primer ministro griego ha mostrado – en términos tan dramáticos  una mayor indiferencia pública para la oposición política oficial del país (en este caso, la parte de la Coalición de la Izquierda Radical, Syriza) y, por extensión, para las instituciones democráticas del país.

Por desgracia, la línea de pensamiento de Samaras no habrá sorprendido a muchos de sus homólogos de centro izquierda y de centro derecha (especialmente a estos). La hostilidad contra el partido de izquierda, que en las elecciones del pasado mes de junio alcanzó el 27% de los votos, es intensa.  Muchos políticos[2] y periodistas[3] europeos o han obviado al líder de Syriza, Alexis Tsipras, o han insistido en que la potencial llegada de éste al gobierno llevaría efectivamente al país al caos.

¿Está justificada esta actitud? Y, lo que es más importante, ¿es eficaz de cara a alejar a Grecia del presunto abismo? Para resolver estas cuestiones habría que hacer un esfuerzo de cara a  captar una imagen imparcial de Syriza.

Por Bruno ESTRADA

La encuesta del CIS con la que se inauguró el  viernes la campaña electoral en Galicia esconde más de lo que muestra. El titular ofrecido por los medios de comunicación en base a los datos del CIS ha sido concluyente: “El Partido Popular  mantiene el gobieno en Galicia con 38 diputados”, sobre un total de 75. Esto, de ser cierto el día 21 de octubre, tendría indudables efectos en el conjunto de la actividad política en España. El PP interpretaría estos resultados como un aval a sus políticas de recortes, se paralizaría el creciente cuestionamiento interno a Mariano Rajoy, pero, lo que es más grave, dejaría a la ciudadanía en general, y en particular a las organizaciones sociales y sindicales que están liderando el rechazo a las suicidas políticas de recortes de derechos, a los pies de los caballos, que están demoliendo a coces el Estado del Bienestar y de paso arrasando con elementos básicos de la convivencia democrática. La izquierda política sumaría una derrota más, pero parece que eso no altera demasiado a sus actuales dirigentes, encantados de haberse conocido.

Pero un análisis más en detalle de los datos provinciales que ofrece el CIS, donde se asignan los escaños, permite tener una visión más optimista. La supuesta mayoría absoluta del PP gallego depende tan solo de un escaño. Las circunscripciones de Orense y Lugo no parece que vayan a modificar su distribución de escaños entre derecha e izquierda, dado el escaso número de diputados a repartir entre ellas, 14 y 15 respectivamente. Aunque como todo el mundo sabe están sobrerrepresentadas, un diputado autonómico en estas dos provincias se obtiene, aproximadamente, con un 40% de votos menos que los obtenidos en A Coruña y Pontevedra.

Por Fernando ROCHA

Foto: Jürg Dalkkas

“Ayudar a las y los jóvenes a tener un buen comienzo contribuye a favorecer que sus trayectorias laborales sigan la vía del trabajo decente. Cuanto más tiempo lleva emprender esa vía, o si no existe tal vía, más difícil resulta el desafío. Desde esta premisa, el debate que se plantea a la sociedades europeas es si la salida de la crisis para las personas jóvenes debe realizarse en términos de más precariedad −”cualquier empleo es mejor que ningún empleo”− o si deben ponerse en cambio todos los medios necesarios para favorecer su emancipación y unas condiciones dignas de vida y trabajo”

Tras cuatro años de crisis, el deterioro del mercado de trabajo en España ha alcanzado proporciones dramáticas. Ello se manifiesta principalmente en la situación del desempleo, que en la actualidad afecta a un volumen de 5,69 millones de personas (16-64 años) y registra una tasa del 24,8% (EPA, segundo trimestre de 2012). Las proyecciones tanto de ámbito nacional como internacional apuntan a la continuidad de la recesión en España durante este año y el próximo, lo que contribuirá a un agravamiento del desempleo.

El significativo declive del desempleo en España no afectado por igual a todos los tramos de edad de la población, siendo las personas jóvenes el grupo más afectado. El resultado es que, entre las personas menores de 25 años, casi un millón están desempleadas y su tasa de desempleo ha ascendido al 53%. En relación a los “jóvenes adultos” (25-29 años), la EPA contabiliza 800 mil personas desempleadas y una tasa de paro del 31% (EPA, segundo trimestre).

Las políticas de empleo pueden jugar un papel relevante en la crisis actual ya que tienen un impacto positivo −aunque limitado −en la reducción del paro y el aumento de la ocupación. Su impacto depende sin embargo del desarrollo de otras políticas −como la adopción de políticas macroeconómicas de estímulo a la actividad productiva, las políticas industriales, educativas y de fomento de la innovación− que contribuyan a dinamizar la recuperación de la actividad económica en los diferentes sectores productivos.

Por Jordi GRACIA

El profesor catalán y teórico de la cultura y literatura Jordi Gracia publicó hace días esta reflexión sobre la coyuntura y perspectivas en Cataluña. Por su interés y altura de miras nos ha parecido muy conveniente traducirla y publicarla a fin de que nuestros lectores puedan tener más perspectivas sobre la deriva catalana.

No solo la izquierda catalana, sino toda la izquierda europea se encuentra en un marasmo ideológico profundo desde hace años: mustia y un poco demasiado desnutrida. Pero la izquierda catalana aún un poco más, por una cantidad de razones limitada y analizable históricamente. No es cuestión de tratar eso ahora, o no es lo que quiero desarrollar en este artículo. Más bien al contrario: el reconocimiento del desconcierto político e ideológico de la izquierda catalana —pero también española— ha de ser la base reflexiva para aquellos que seguimos creyendo en un proyecto ideológico de izquierdas. ¿Hay todavía políticas e ideologías identificables con una izquierda progresista, más allá de lo que digan los eslóganes electorales de los partidos? ¿Qué es en Cataluña ser progresista? ¿Tiene perfil propio la izquierda a la hora de establecer el mapa jerárquico de criterios y valores, no ilimitadamente modelable? ¿Cómo se puede meter dentro de la izquierda la convicción independentista?

Porque, además de los problemas generales, la izquierda catalana tiene uno propio que no es nuevo: necesita una respuesta teórica y práctica a la evolución que ha vivido el independentismo catalán en los dos últimos años, con su momento epifánico el último once de septiembre.

Su clarificación ideológica y su ubicación en el eje federalismo / independentismo debe ser solidario en su diseño íntimo y mediático como opción de poder y, por lo tanto, capaz de conectar con bases potenciales desmotivadas o simplemente olvidadas y desentendidas. La manifestación, de hecho, no lo ha cambiado todo: repentinamente ha hecho evidente lo que era latente e implícito, y también bastante obvio en numerosísimas declaraciones parlamentarias y mediáticas de buena parte del arco parlamentario catalán. También en la izquierda, es decir, también en el PSC y en ICV. ¿Y en ERC?

Por Luke MARTELL

Ed Milliband

Una mirada al Reino Unido no viene mal cuando hablamos del futuro de Europa. Tras la conferencia de otoño del partido Laborista publicamos este análisis de Luke Martell, profesor de Sociología política en Sussex University, sobre la nueva orientación del PL.

Se le ha solido acusar a Ed Milliband,  lider del Partido Laborista británico, de ser flojo y torpe en los discursos pero fácil y más conversacional en las interacciones. Si nos guiamos por las populares entrevistas en televisión la mitad de la población del Reino Unido ni siquiera sabe quién es.

Por eso esta semana cambió su enfoque en el discurso del líder en la conferencia anual del partido. Lo memorizó, abandonó las notas y el teleprompter, y se entregó con fluidez durante una hora, con la participación de la audiencia. Se le ha acusado de estar ausente durante las últimas semanas. No es de extrañar. Ha debido de tener un centenar de ensayos frente al espejo.

Estilísticamente funcionó. Los expertos consideran que expuso “un discurso humano”. Lo hizo bien viniendo de un chico normal de una escuela integrada de Londres, opuesto a esos chicos pijos del gobierno que quieren atacar a los pensionistas para financiar los recortes de impuestos en su propio beneficio. Hizo reír a la gente y habló con pasión.