¿Un estado en solitario puede imponer una ruptura?

Foto: Erminig Gwenn

¿Qué contenido hay que dar a la ruptura? En otras palabras, ¿es posible, a partir de un solo Estado, imponer reformas de envergadura a nivel nacional y europeo? Y si es así, ¿cómo?

Alain Bergounioux: En cuanto a la primera parte de la pregunta, en la lógica de Jacques Généreux, hay un malentendido: la ruptura que él defiende coloca a Francia en un punto muerto. Para asegurar la seguridad de las clases medias y trabajadoras, se debe estar siempre en movimiento. La seguridad no se construye sobre el cierre y el aislamiento. Francia es, sin duda, un país lleno de recursos y riquezas, pero es un país cuya economía tiene problemas, aunque tenga ventajas importantes. Hay que seguir innovando y exportando, ya que sin producción de riqueza no hay formación. No está asegurada la realidad de la protección social. La realidad de la ruptura se produce, por lo tanto, en varios niveles (nacional, europeo, internacional). Ya no estamos en los años setenta, cuando el horizonte del pensamiento era el Estado-nación. Ahora necesitamos aliados. Lo que acabamos de ver en Brasil y en el G20 muestra la inmensa dificultad de este asunto, sobre todo porque estamos en un mundo cambiante donde los intereses divergen de una potencia a otra. Los partidos socialistas tienen, además, una responsabilidad, puesto que han estado en el Gobierno en un periodo reciente y el equilibrio de poder entre capitalismo financiero y políticas democráticas y sociales es desfavorable a la izquierda. ¿Cómo podemos reequilibrar el sistema financiero, reformarlo? Yo no he utilizado la palabra ruptura, porque es una palabra comodín, e incluso una fantasía. Yo prefiero el término alternativa. En diferentes niveles y nunca solo. No debemos simplificar el debate y hay que abordarlo sinceramente, sin regodearse en el término ruptura. Creo que la nostalgia no es una política.

El sentido de la victoria del 6 de mayo

Foto: Grégoire Lannoy

El pasado 6 de mayo fue elegido Presidente de Francia François Hollande. Posteriormente, en junio, el Partido Socialista ha obtenido la mayoría absoluta de la Asamblea nacional. Tras estos dos hechos, presentamos al lector un debate en cuatro partes desarrollado en el periódico LE MONDE entre dos representantes de la izquierda francesa: Alain BERGOUNIOUX, del PSF, y Jacques GÉNÉREUX, representante del Partido de Izquierda (PG).

¿Cuál es el sentio de la victoria del 6 de mayo? ¿Una victoria del antisarkozismo o las premisas de una renovación del socialismo democrático y quizás de Europa?

Alain BERGOUNIOUX: La victoria del 6 de mayo debe situarse en una perspectiva  más amplia que la de Francia. Había a un adversario: las debilidades, las contradicciones y los excesos de la política de Nicolas Sarkozy y de la derecha que ha gobernado durante diez años. Pero eso no se reduce al antisarkozysmo. Había también una determinada coherencia en las propuestas de François Hollande: teniendo en cuenta la gravedad del momento, los desgarrones de la sociedad francesa, proponer una rectificación a la vez económica y política.

Por José GARCÍA GARCÍA

Cercano a los tres años de explosión de la crisis en Grecia, cuyas consecuencias se arrastran desde entonces, no viene mal recordar lo que ya muchos alertábamos sobre el suceso y la necesidad de tomarnos en serio aquella situación. Apuntábamos que con escepticismo podríamos mirar hacia otro lado, mientras los especuladores que convertían al mundo en un autentico casino, que no tenían ni tienen el más mínimo escrúpulo en apostar contra la solvencia o credibilidad de un país sin importarles que ello deje a millones de trabajadores sin su puesto de trabajo y que millones de familias pierdan sus hogares o que muchos ciudadanos y ciudadanas queden en el umbral de la pobreza, es decir, los tahúres de la miseria surgían poderosos y ganaban cifras millonarias.

Mientras tanto aquí  los partidos mayoritarios con “responsabilidad” de gobierno enfrascados (léase a cuento de corruptelas, insultos, descalificaciones o comentarios) en un rifirrafe de enojos forzados y sonrisas complacientes, se limitaban a repetir que “no somos Grecia” mostrando uno, Rodríguez Zapatero, su inutilidad como gobernante, y otro, Rajoy, su banal e irresponsable política de oposición, basada en hacer causa al gobierno socialista de cuantos males nos llegaban.

Por Carlos ARENAS

Foto: Berkman, Union Sq., 4/11/14 — I.W.W. Library of Congress.

Desde una perspectiva histórica, lo que se ha vivido en Europa en los últimos treinta años ha sido la victoria definitiva del sistema capitalista en su forma neo liberal sobre otros modelos socio-económicos y  políticos en los que la actividad de crear y distribuir la riqueza estaba regulada por los gobiernos. Primero, desde finales de los ochenta, cayeron las “democracias populares” del este de Europa derrotadas en la guerra fría y víctimas de sus propias nomenclaturas. Más tarde, desde finales del XX y primeros años del XXI, se ha asistido a un deterioro paulatino de los fundamentos del modelo keynesiano del capitalismo, del estado del bienestar, gestionado principalmente desde el poder por los partidos socialdemócratas.


Las principales razones que explican ese deterioro, que se ha hecho mucho más profundo tras la crisis actual, habría que encontrarlas en el proceso de la mundialización del sistema capitalista, en la globalización que “aconseja” practicar estrategias de disminución de costes  y recortes de las prestaciones sociales para hacer competitivas las economías nacionales y garantizar en todo caso los beneficios del capital. Asumiendo la lógica de “los mercados” y de los recortes, los socialdemócratas europeos, especialmente los de los países del sur, se han pegado un tiro no en el pie sino en el cielo de la boca.

Releyendo a Carlos Lerena

Por Pedro E. GARCÍA BALLESTEROS

Qué duda cabe que el desmantelamiento del mínimo Estado de Bienestar que disfrutábamos (¿?) afecta a las condiciones laborales del profesorado, el funcionamiento de los centros y, por supuesto, al acceso a la educación de la ciudadanía en general. Sin embargo, no deberíamos confundir los árboles con el bosque, incluso aunque los primeros estén intentando ser podados o cortados apresuradamente.

 El panorama-bosque de la educación actual en España se caracteriza por rasgos fuertes que vienen de lejos, que aparecieron en la escena internacional en los años 80 y que en España se introdujeron y fortalecieron con claridad, con las singularidades propias de nuestra historia escolar, casi de forma paralela . Los recortes y la crisis no han hecho mas que colocar un espejo (de los horrores en algún caso) que nos devuelve los trazos reales y fuertes, en blanco y negro, pero éstos NO SON CONSECUENCIA de crisis y recorte alguno. La crisis no hace más que hacer visibles los barrotes y hacernos consciente de los parámetros que en los últimos 25 años han conformado y ahormado el panorama educativo.

 La mejor forma de demostrar lo anterior, para no hablar a toro pasado, quizás sea acudiendo a un autor clásico, o que debería serlo, y convenientemente poco citado y casi olvidado en estos momentos. Se trata de Carlos Lerena al que usaremos como él quería usar a los clásicos: para entender el presente y actuar sobre él. Como buen conocedor del marxismo, en sus fuentes originales, conocer la historia para dirigirla.

Por Javier ARISTU

  1. Europa. ¿Una cumbre europea más o asistimos a un cambio en el poder de esas cumbres? El viernes 29 de junio se anuncia que ha habido acuerdos en la cumbre europea tras “el bloqueo o veto” de Italia y España al plan de crecimiento propuesto inicialmente por Francia. Parte de la prensa habla de derrota de Merkel y de sus tesis. Otras lecturas [ver Il Manifesto] nos dicen lo contrario con las propias palabras de la canciller alemana: “Hemos realizado algo importante pero permanecemos fieles a nuestra filosofía: ninguna prestación sin contrapartida. Seguimos en el anterior esquema: prestación, contrapartida, condicionalidad y control”.  Mario Draghi, presidente del BCE se muestra “muy satisfecho” del acuerdo. Algunos hablan del “adiós a Merkozy”. Otros comentan que el anunciado Pacto por el crecimiento es en realidad una ilusión: Una gota en el océano, una intervención cercana al 1% del PIB europeo que no cambiará la situación mientras la recesión amenaza a toda la eurozona. Mientras, en los últimos meses la banca ha recibido unos 450.000 millones de euros, cifra cercana al 34% del PIB europeo. La banca sigue siendo el monotema de las cumbres y de los Ecofin mientras el principal problema social de Europa es su desempleo creciente y constante. Y nada cambia respecto de Grecia: continúan los brutales planes de empobrecimiento de ese país. En conclusión: algo se han modificado las correlaciones de fuerza europeas pero siguen firmes los vectores profundos de la intervención europea ante la crisis, esto es, más dinero para ayudar a que la banca no se hunda en su mar de deudas –dinero que tendrá que ser controlado estrictamente por el BCE y por Alemania-  pero poca acción ante el paro de millones de europeos.

Por Guy BURGEL

Foto: saigneurdeguerre. Flickr

Después de tres cuartos de siglo de divergencia en el caso de Rusia, y de casi cinco décadas en la Europa central, este y oeste del continente se vuelven a unir en un destino político y social común. Paradójicamente, al mismo tiempo se puede plantear la cuestión de la supervivencia de la identidad social de la ciudad europea. La respuesta no es fácil ni unívoca. Durante mucho tiempo, en Europa occidental la unidad global del poblamiento urbano, la existencia histórica de un Estado providencia fuerte y omnipresente, el mantenimiento de un crecimiento elevado han proporcionado constantemente una cohesión interna que trascendía a las divisiones de clases y de espacios, e incluso los aportes necesarios de trabajadores extranjeros: una sociedad diversa, pero fundamentalmente unida por unos objetivos idénticos, de democracia, felicidad y bienestar. Por otra parte, son estos mismos ideales, su inaccesibilidad en la Europa comunista, y la esperanza de realizarlos, los que hicieron cambiar la situación en el este. Las ilusiones de la reunificación ideológica duraron poco en las ciudades europeas: fluctuaciones de la economía, incremento de las desigualdades, ascenso de la violencia y de la inseguridad acompañan con un mismo movimiento las transformaciones de las formas de vida, el progreso del consumo material y cultural y las inno­vaciones y creatividades de sociedades. En el momento en que todas las referencias y los valores parecen socavados, la Europa política se amplía y, tras una etapa de cierre, las perspectivas demográficas del continente y las presiones exteriores pueden dejar entrever legítimamente nuevos flujos migratorios hacia las grandes zonas urbanizadas. Aquí y allá vienen prece­didos por la masa de los clandestinos, que son perseguidos, tolerados y fi­nalmente buscados. Ante todas estas incertidumbres, independientemente de las diferencias históricas en la concepción de la nación, entre Francia y Alemania, por ejemplo, subsiste una pregunta: ¿sabrá la ciudad europea continuar siendo un integrador de poblaciones y culturas?

[…]

Por Gabriel CENTENO SANTOS

Desde que Zapatero comenzara aquel día 11 de mayo de2010 aanunciar al pueblo español los recortes del gasto centrado en los salarios de los empleados públicos, en las pensiones y en la reducción del Estado del Bienestar, presionado por Obama; Merkel y la troika (La Comisión, el BCE y el FMI), y con una prima de riesgo inferior a los 100 puntos, no hemos dejado de presenciar la adopción de medidas tendentes a reducir los salarios y el bienestar de los trabajadores y, al mismo tiempo, aumentar la capacidad de acumulación de riqueza por parte de los ricos, haciendo crecer la economía incontrolada y especulativa de casino en la que estamos cada día más inmersos.

Sin embargo, desde entonces la prima de riesgo no ha dejado de crecer, llegando en estos días a los 590, los ingresos del Estado de disminuir, y por si fuera poco, el ínclito Sr. Rajoy, al frente del nuevo Gobierno del PP acometió por Real Decreto-Ley, so pretexto de atacar el enorme paro existente en el país, la conocida Contrarreforma laboral; reforma que acaba con la negociación colectiva y que entrega a los trabajadores a manos del empresariado, desposeyéndolo de la inmensa mayoría de sus derechos. Todo ello, acompañado de un Programa de Reformas en el período 2012-2015, remitido a la Comisión Europea, a Bruselas, para hacer más competitiva nuestra economía, y en el que los salarios seguirán bajando junto a las inversiones públicas -más mercado-, la economía especulativa y el poder de los bancos crecerá, y los servicios sociales se verán mermados, llevando al desempleo y a la exclusión a cientos de miles de familias. Pero ¿Para qué están sirviendo todas estas reformas? ¿Disminuyen el paro, estabilizan y hacen crecer la economía, generan confianza en los mercados financieros…? Nada de nada. Hoy, más que nunca, apreciamos cómo la deuda española crece exponencialmente, nuestros problemas aumentan y estamos, virtualmente y en la práctica, en RESCATE; INTERVENIDOS POR EUROPA, con la supervisión de Alemania, La Comisión y el FMI.

Por Javier ARISTU

Foto::netzkobold en Flickr

El economista se ha convertido en el nuevo sacerdote de la actual etapa de desarrollo de nuestra civilización. Sólo hay que mirar las tribunas de los principales medios: titulados en centros de investigación económica, doctorados en “business”, profesores consultores en institutos de “Social and Economic Research”. Conocemos que nuestros nuevos gurús trabajan en Harvard, en Stanford, en London, en tantos lugares hoy asociados al nuevo saber. ¿Dónde estaban hace 5 años? ¿Qué teoría de la crisis impartían a sus alumnos de todo el mundo –porque son profesores que lo recorren impartiendo lecciones en sesiones directas o con su Ipad en los aeropuertos- hace sólo unos pocos años? Hoy nos entregan sabiduría sobre las causas de la crisis pero…¿por qué no nos la advirtieron en 2005?

No voy a despreciar la economía, ni mucho menos. Nunca he logrado entenderla en su profundo significado pero la respeto muy a fondo porque del buen saber y del bien hacer de esa materia depende en buena medida nuestro bienestar y nuestros deseos. Lo que me niego a darle es el estatuto de saber único y absoluto. Por muchos sabios –que lo son- que disponga en sus inventarios, la economía es una ciencia interpretativa –esto es, con varios y diversos prismas de observación– y una disciplina prospectiva que nos ayuda sobremanera a gobernar. Nada menos pero nada más.