Por Pedro Enrique GARCÍA BALLESTEROS

Foto: Banco imágenes MEC

El anterior artículo, en el que se proponía una relectura de Carlos Lerena para entender los entresijos de los problemas educativos actuales, ( El tren de la educación pública se perdió mucho antes de los recortes y la crisis) concluía con la necesaria relectura de otro clásico de la pedagogía critica. Ese segundo clásico al que me refiero es Michael W. Apple, autor de libros tan conocidos como “Escuelas democráticas” o “Ideología y Currículo” entre otros. En el año 2002, se publicó en España su libro “Educar “como Dios manda”. Mercados, niveles, religión y desigualdad” (Ed. Paidós) Diez años después, comprobamos que el libro denunciaba lo que en ese momento ocurría en los EEUU y ahora vemos y padecemos con evidencia en nuestro país, aunque con una gestación a lo largo de esta década .

El libro no sólo constataba el evidente giro a la derecha que se había producido en el mundo social y educativo (“la educación ha entrado en un período de reacción”, pag.51) sino que, sobre todo, analizaba, y eso es lo importante para aprender de ello, cómo lo habían logrado:

El giro a la derecha ha sido el resultado del éxito que han tenido las derechas en la formación de una alianza de base más amplia. Y, en parte, este éxito se ha debido a que han podido ganar la batalla por el sentido común. Es decir, han aunado de una manera creativa distintos compromisos y tendencias sociales y los han integrado en su agenda general para la protección social, la cultura, la economía y, como veremos en este capítulo, la educación. Su objetivo en la política educativa y social es lo que antes he llamado “modernización conservadora”.” (pág. 53)

El paso de la izquierda por el poder

Por Lorenzo CABRERA

¿Qué ocurre después del paso de la llamada izquierda por el Gobierno del país, de una comunidad, de un ayuntamiento? ¿En qué ha conseguido cambiar, si es que lo ha hecho, el país, la comunidad, la ciudad o el pueblo donde gobernara? Para una crítica mostrenca pero que goza de predicamento en la actualidad, los males que han sobrevenido últimamente a España se deben a los años de gobierno de esa llamada izquierda que la ha dejado hecha unos zorros. Como si de pueblos bárbaros se tratara, han pasado por las instituciones con una política de tierra quemada. Plantear en estos términos la situación te da un margen de aparente legitimidad a corto plazo (sobre todo, si has ganado, como es el caso, por mayoría absoluta) para aplicar durísimas medidas de ajuste y socavar los avances democráticos conseguidos hasta la fecha. Tu política, prevista aunque no formulada en campaña electoral (disposiciones económicas impopulares y limitaciones en el estado de derecho), encuentra el aval de la “herencia recibida” para justificar tales tropelías. Podrá juzgarse que, en ocasiones, ha ocurrido algo similar: se sale de las instituciones dejando atrás un reguero de desaciertos, el empleo abusivo y fraudulento de las instituciones del Estado o sencillamente prácticas económicas corruptas. Pero, con ser importantísimas, estas razones no son las únicas para el desafecto que se ha producido en el electorado de izquierda.

Por Lorenzo CABRERA

Panel de anuncios del 15M. Foto: Julio López Saguar

Algo huele a podrido y no precisamente en Dinamarca. Nos viene por momentos un aroma a fiambre y sin querer pecar de triunfalistas ni ser excesivamente agoreros nos parece que lo que está por finar –si se nos permite la desmesura- resulta ser un modelo de crecimiento suficientemente conocido. China, el mayor tenedor mundial de bonos del Tesoro estadounidenses, recrimina al gobierno norteamericano que no reduzca su deuda y le exige tome medidas para preservar los intereses de los inversionistas, el  presidente de la otrora poderosa EEUU suplica a la canciller alemana que no someta a Europa a una política continuada de austeridad, su burguesía necesita mercados y se resiente, los índices de paro y de pobreza se mantienen al alza en el mundo, las deudas públicas de algunos estados alcanzan cifras impagables, la prima de riesgo sube en la mayor parte de países europeos y se desboca en el nuestro por encima de los 500, donde el bono a diez años se asoma al precipicio del 7%, se rescatan estados y sistemas bancarios, en busca desesperada de liquidez nuestro Gobierno concede una amnistía fiscal a los defraudadores, el dinero huye a los paraísos fiscales, que todos conocen pero que nadie interviene, se recurre a duras políticas de ajuste para ofrecer confianza a las grandes mafias financieras y especulativas… Qué pena, ahora, cuando más necesitados estamos de “sepultureros del capitalismo” y de “intelectuales orgánicos” que los dirijan, no se atisban por el horizonte.

             La sociedad se siente atenazada y perpleja. ¿Qué va a ocurrir? ¿Quién frena este despropósito? ¿Qué hacer? Somos muchos los que miramos a nuestra izquierda política en busca de respuestas y nos sentimos defraudados. Al comienzo de este último verano, el señor Rubalcaba, en un alarde de responsabilidad que le confirma como un estadista preclaro, leal y responsable, declaraba que no quería echar “gasolina sobre el fuego”. Cayo Lara, coordinador general de IU, crítico contumaz, hablaba de la crisis-estafa, exigía explicaciones y emplazaba al presidente del Gobierno a que las diera en sede parlamentaria. Entre tanto, el fuego se abate sobre los más desfavorecidos de este país y chamusca precisamente a una parte importante del electorado de Rubalcaba y de Cayo Lara. Además, empezamos a ser muchos los que no nos conformamos sólo con la crítica justa al Gobierno y a los poderes de la derecha y queremos una voz que indique una salida, un proyecto viable.

Por Pedro Ángel JIMÉNEZ MANZORRO

Bandera. Foto del autor

Da la impresión de que en los países mediterráneos, cuando nos damos de bruces con un problema importante, buscamos (y encontramos) antes culpables que soluciones. Desconocemos cuál será el origen, causa y esencia, es decir, el arjé (que no debemos confundir con el más moderno y sonoro aserejé) de ese taimado vicio y si tendrá solución en las generaciones venideras. Puede que tenga que  ver con nuestra educación religiosa y conciencia del pecado (Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa…) y la tradicional inutilidad de nuestros gobernantes para encontrar soluciones, a menudo contrarrestada con el feliz hallazgo de un chivo expiatorio. En estos casos siempre me acuerdo del ministro Sancho Rof diciendo, en los tiempos del síndrome del aceite tóxico, que el contagio se debía a un bichito, que si se caía de la mesa, se mataba y cómo en algunos pueblos llegaron a la conclusión de que al tal bichito lo transportaban los perros y consecuentemente, mataron a los canes del lugar. No es tan fino como el sacrificio de Ifigenia pero nos sirve como ejemplo.

Por Javier ARISTU

Biriatou, Memorial a Jorge Semprún. Foto del autor

Dejamos la carretera que desemboca en el puente de Behovia, frontera con España, y embocamos la pequeña que nos llevará hasta Biriatou, pueblo balcón sobre el Bidasoa y la carretera española n-121a que une Irún con Pamplona.

El pueblo francés es una joya. Un pequeño hotel y unas cuantas casas constituyen su trama urbana. Y la iglesia. Unamuno la describe de esta manera: una iglesiuca que en el regazo recogido y verde del Pirineo vasco al tibio sol del monte se acurruca.

El coche entra suavemente, como temiendo agitar la tranquilidad que a estas cinco de la tarde inunda sus calles. ¿Por qué venir a Biriatou? Dos personajes de la historia española del siglo XX me incitaron hace tiempo a venir a este lugar. Ellos pasaron por aquí a intervalos, como paseantes, como deambulantes y exiliados.

Por Javier ARISTU

Navarra, Valle del Baztán. Foto del autor

Dado que la prima de riesgo está atemperada y que los señores de negro se lo están tomando con calma me tomo yo también la libertad de no hablar hoy de la actualidad (es decir, del jodido mundo que nos rodea) y me dedico a la verdadera especulación, la del paisaje y el beatus ille.

Días de pausa y de reencuentro con paisajes que nos incitan al descanso del cuerpo y de la mirada. Verdes exultantes por todas partes que nos llevan a comparar las distintas realidades de esta península. Un sur desertificándose y sometido a la aridez que viene de África, carente de agua y a la vez destino de miles de turistas estacionales consumidores de todo lo que se pueda  comprar, beber y comer. Frente a él, el norte, no menos calurosos en estos días, pero donde el agua, el prado verde y la montaña nos evitan la compañía de las multitudes. Estamos parando en Arizcun y recorriendo el Valle del Baztán, el municipio más extenso de Navarra, con casi 274 kms2,  compuesto de 15 localidades, lugar histórico de paso entre Francia y España, célebre por diversas circunstancias -entre las que el contrabando no ha sido la menor- y personajes como don Juan de Goyeneche, uno de los primeros empresarios periodísticos, que a finales del siglo XVII fue propietario de la Gaceta de Madrid, antecedente del BOE.