Por Carlos ARENAS POSADAS

D. Diego Valderas ha sido nombrado vicepresidente del gobierno autonómico andaluz y consejero de Administración Local y Relaciones Institucionales. Sus competencias se extenderán además, copio textualmente las informaciones de prensa, a las del voluntariado y participación, consumo, cooperación al desarrollo y memoria histórica.

Me imagino que la elección de esa consejería habrá salido de su propio copete; en cualquier caso le felicito y me felicito; sin estar muy atento a los avatares de la política menuda, tengo un buen concepto suyo; la persona que contribuyó a cambiar como alcalde la fisonomía de Bollullos del Condado, el pueblo siempre a la sombra de los señoritos de La Palma, merece todos mis respetos. También me imagino que sabrá en qué berenjenal se ha metido y lo que esperamos de él: nada más y nada menos que en el berenjenal de empoderar al pueblo andaluz; bueno, quizás sea mejor decir a lo más sano y aprovechable del pueblo andaluz, incluido en él, a los que, por miedo y por desesperación, que hoy son productos que se reparten  gratis, acuden a los cantos de sirena de la derecha andaluza de siempre.

Edgar Morin y François Hollande


Debate entre François Hollande, candidato electo a la presidencia de la República  y Edgar Morin, filósofo y pensador de la complejidad.

François Hollande acaba de ser elegido Presidente de la República francesa. Una parte importante de Francia y de Europa ven en esta elección una esperanza, relativa pero esperanza al menos, de poder frenar las políticas de vaciamiento de las conquistas sociales de los últimos años. El periódico Le Monde publicó el pasado 4 de mayo un debate entre François Hollande y Edgar Morin acerca de las propuestas de salida de la crisis y el futuro de Francia y de la civilización en general. Por su interés lo publicamos, traducido, en este sitio.


Por Carlos ARENAS POSADAS

Erase una vez dos visionarios: Marx y Schumpeter. Ambos tenían en común su ascendencia germánica,  el uso de la historia como instrumento de análisis y, sobre todo, su convencimiento de que el capitalismo no tenía futuro, que sucumbiría, y sucumbiría no de inanición sino de éxito. Marx creyó, allá por finales del siglo XIX, ver cumplida su predicción cuando la brillante trayectoria del capitalismo liberal capitaneado por Gran Bretaña entró en la crisis llamada entonces la Gran Depresión que no fue otra cosa que una reducción drástica de la tasa de ganancia.  Schumpeter, cincuenta años más tarde, en vista de lo ocurrido desde la muerte de Marx, aceptó la capacidad de transmutación del capitalismo, de renacer de las cenizas de sus “crisis sistémicas” para reconstruirse bajo fórmulas distintas, aunque el punto final siguiera siendo el mismo: llegaría un momento en que el capitalismo moriría de hartazgo.

1 de mayo de 2012. Miles de personas salen a la calle a manifestarse por la dignidad del trabajo y para protestar contra las medidas que se están tomando desde los gobiernos.

Una vez más, una llamada crisis económica pretende ser la excusa para reajustar de forma brutal las correlaciones sociales conseguidas, poco a poco y con no pocos esfuerzos, durante las últimas décadas. De nuevo, los pocos y poderosos quieren transformar la actualidad para diseñar un futuro donde su poder y su beneficio son sus vectores de conducta.