Por Beate KLARSFELD

Beate KLARSFELDLas responsabilidades históricas en Europa pueden todavía jugar un papel positivo para corregir la marcha de la historia.

Es el caso que hemos promovido desde hace tiempo a fin de que el continente africano sea indemnizado por ciertos estados europeos por su actuación durante el periodo colonial.

Es evidente que algunos estados (Gran Bretaña, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, España, Portugal) deben una reparación global, que podría expresarse a través de una financiación sensiblemente superior de la lucha contra el hambre, por el agua y por la instrucción en África.

Por Lorenzo CABRERA SÁNCHEZ

Aparecía escrito en una pancarta o en uno de esos carteles de fabricación casera que portan en solitario los indignados en sus manifestaciones: “Mientras la prima sube, nuestros derechos bajan”. Me temo que esa va a ser la tónica a partir de ahora y que ni siquiera tendremos que esperar a que la prima de riesgo suba para comprobar que hemos entrado en una fase de demolición de derechos democráticos fundamentales. Como el de manifestación, entre otros.

 El actual Secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, declaró con motivo de la reunión en Barcelona del Banco Central Europeo, para justificar, supongo, un despliegue policial de 8.000 efectivos (entre agentes de refuerzo y mossos d’Esquadra) que “sólo con seguridad vamos a conseguir salir adelante de esta situación crítica”. Una lectura atenta de sus palabras nos produce, independientemente del contexto en que se emitieran, un algo de perturbación, la verdad. Antes, el mismo representante policial había comentado que no podíamos permitirnos que “por la broma de la piedra o del cóctel molotov suba la prima de riesgo”. Para la derecha producen más desasosiego las escenas que reproduce la televisión en las que se ve a los griegos manifestándose con ira que las causas que les hayan impelido a ello. Transmiten una imagen tan incómoda a los ojos del poder y provocan, al parecer, tal alteración en la confianza hacia ese país de los llamados mercados, que muchos pueden inclinarse a pensar que hace bien nuestro Gobierno en “cerrar filas bajo el imperio de la ley y el orden”. Todo sea por impedir que la prima de riesgo –y con ella los intereses de nuestra deuda- siga subiendo.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Hubo una vez un generalísimo de pequeño tamaño y crueldad extrema que, decía, no se metía en política. De joven, su mérito fue aterrorizar rifeños, monte arriba, monte abajo, para defender negocios mineros y justificar la soldada de regulares y legionarios, su ejército privado. De mayor, es una manera de hablar, aterrorizó a los españoles para engordar la soldada de quienes le auparon al poder: terratenientes, banqueros,  eclesiásticos, grandes industriales; es decir, las oligarquías centrales y periféricas del país.

El generalísimo tampoco se metía en economía más allá de cumplir su misión ante Dios y ante la historia de imponer la disciplina cuartelera a quienes, para compensar, se les prometía alcanzar nada más y nada menos que un destino en lo universal. La economía la dejaba en manos de expertos, a la sazón testaferros de los lobbies agrario, industrial, eclesiástico y bancario. Unos pocos cientos de familias y purpurados de este país, por ellos mismos o por personas interpuestas, desde los consejos de administración de bancos y corporaciones, desde la sacristía, le convencieron, no hizo falta mucho, de que la disciplina era compatible con la modernización, y que para modernizar había que abandonar la antigualla autárquica, seguir las tesis de Lewis, Hirschman o Bell, priorizando los objetivos estratégicos en materia económica; es decir, dando prioridad a sus propios objetivos. Desde 1959, un poco de racionalidad ortodoxa aplicada por los Sardá, Fuentes, Velarde y los ministros del Opus, consiguió enhebrar una década de tasas de crecimiento económico sin igual, lo que tampoco resultaba gran mérito viniendo de un país acostumbrado a las cartillas de racionamiento. Eso sí; Franco cambió la guerrera y ocultó la porra debajo del traje gris marengo.

Por Serge GUÉRIN y Christophe GUILLUY

[Tras las recientes elecciones presidenciales francesas y en la perspectiva de las próximas legislativas, los autores reflexionan sobre las modificaciones sociológicas y geográficas de las clases populares en Francia. Una nueva configuración de capas sociales obliga a la izquierda a resituar sus análisis y sus programas. Aunque la configuración social de España y su distribución espacial puede ser diferente, bastantes de las conclusiones que estos autores aplican a la acción social y política son válidas para nuestro país]

Los resultados de las elecciones presidenciales han resaltado una gran fractura geográfica y social entre la “Francia de las metrópolis” y la Francia periférica, la de los espacios periurbanos, rurales, zonas de medianas y pequeñas ciudades.

Esta Francia, situada fuera de las grandes metrópolis globalizadas es la Francia de la precariedad social. A pesar de que  la pobreza se ha incrustado ahí, se caracteriza en primer lugar por una forma de “mala salud social” donde la interinidad y sobre todo la ausencia de perspectiva son frecuentemente su norma. El éxito de François Hollande, elegido en gran parte gracias al antisarkozysmo de las capas populares, puede llevar rápidamente a las elites políticas de la izquierda y del ecologismo a olvidar la lección: las capas populares en proceso de precarización están aumentando de forma continua y se sienten despreciadas social y culturalmente.

Por José GARCÍA

Hace casi dos décadas se editaba “Breve historia de la euforia económica”, de John Kenneth Galbraith, obra que hace un recorrido sobre las “burbujas especulativas” más significativas en la historia económica y sus causas, estableciendo los elementos comunes y como éstos en infernal espiral inducen a un estado de euforia que se retroalimenta hasta hacer explotar dichas “burbujas”. El autor viene a demostrar que estas crisis especulativas se repiten con cierta frecuencia y apunta de forma general  dos  conclusiones  al respecto.

*Nadie se responsabiliza de la situación.

*Buscan culpables en un hecho menor.

La primera “burbuja” tuvo lugar en 1630 Amsterdam, y el objeto de especulación fueron los Tulipanes, conocida como “Tulipomania”, desde entonces la historia se repite con cualquier otro valor tangible o intangible que despierte el interés financiero y especulativo de algunos.  Así pues, y desde mi ignorancia sobre economía – financiera, cabria preguntarse en pura lógica, si la historia se repite, por qué participan una y otra vez en éstas circunstancias, por qué está fuera del control democrático.

La obra, en su respuesta, lo argumenta con lo siguiente: “Cuando la “burbuja” está creciendo y los que están involucrados se hacen cada vez más ricos, todos quieren pensar que es a causa de su inteligencia superior. La especulación compra la inteligencia de las personas, en el sistema capitalista el dinero es la medida del éxito y el índice de poseer una inteligencia superior”. En resumen, el episodio eufórico está protegido y sustentado por la voluntad de quienes participan en él, con objeto de justificar las circunstancias que los están enriqueciendo. Y asimismo protegido por la voluntad de ignorar, exorcizar o condenar a aquellos que expresen sus dudas.

Por Javier VELASCO

En un  artículo anterior dije que el origen de la crisis no es la maldad de los financieros, yo diría que la maldad congénita de los financieros se acrecienta con la crisis, pero no es el origen. También dije que los trabajadores, entre los que nos encontramos, hemos vivido una época espléndida, en la que los electrodomésticos, las vacaciones, el coche y el consumo en general han jugado el papel motor de la economía. Pues bien, la maldad de los finacieros, y de los ricos, se va a disparar a partir de 1973 y, por el contrario, la felicidad de los trabajadores se va a truncar. Y ambas cosas se relacionan.

Por Juan JORGANES “Akropolis, Adieu!”, titula en portada el semanario alemán Der Spiegel. La publicación explica las razones por […]

Por Carlos ARENAS

Me precio de ser uno de los mejores conocedores de la historia del movimiento obrero andaluz. Su historia es un rosario de clamorosas derrotas las más de las veces, de estrategias inspiradas en un sentimiento de economía moral que en un análisis racional de la realidad, de represión y de martirio por atreverse a combatir algo peor que el hambre: el desprecio de los dueños del capital.

No ya por la historia, sino por la experiencia vivida durante el franquismo, tengo, y como yo tantos ciudadanos, una consideración altamente positiva de los sindicatos españoles, en concreto, de Comisiones Obreras. Una consideración cimentada en la memoria de aquellos trabajadores que no dudaron jugarse la libertad por sus compañeros presidiendo asambleas de fábricas o encabezando manifestaciones prohibidas. Gracias a ellos, la democracia fue posible.

En los últimos treinta años, sin embargo, la democracia, el país, la economía han ido a derivando poco a poco hacia fórmulas y modelos cada vez más decepcionantes sin que las organizaciones de izquierdas, los sindicatos tampoco, hayan podido cambiar el rumbo marcado por un capital antisistema que no ha dejado de suministrar golpes bajos ya no sólo a la vieja aspiración de alcanzar una solución más allá de la propiedad privada, sino incluso  al sistema de relaciones laborales y de  bienestar que resultó del pacto entre  capitalistas y trabajadores durante la transición democrática.

Y Caín habló con su hermano Abel…

Por Javier ARISTU

Caín dijo después a su hermano Abel: «Vamos al campo.» Y cuando estaban en el campo, Caín se lanzó contra su hermano Abel y lo mató [Génesis, 4]

Hablar de la izquierda en Andalucía es hablar de historias bíblicas. De Caín y Abel.

Desde tiempos inmemoriales, más de 80 años, las dos formaciones de izquierda que han constituido la historia política de los andaluces durante el siglo XX –no nos referimos a los cuarenta años de antipolítica y de dictadura pero que sin duda pesan como una losa todavía– se han comportado como los hijos de Adán, labrador uno, el otro pastor, enemigos ancestrales y eternos adversarios. Si uno no ha matado al otro es porque el electorado, cruel y generoso a la vez, ha salvado a cada uno de ellos en los momentos decisivos. A uno lo ha venido castigando en sucesivas convocatorias sin que, pudiéramos pensar, eso le hiciera recapacitar y reflexionar sobre los cambios habidos en este mundo. Al otro, premiándole desde siempre con mayorías absolutas o casi, ha venido, milagrosamente y contra todo pronóstico, a sacarle del infierno en la última de marzo; queda por saber si eso también lo hará recapacitar o simplemente lo considerará un traspiés. Tras el 25-M ambos se necesitan. Caín y Abel.

¿Acaso una maldición bíblica ha recorrido esta tierra, como un poblado tras cien años de soledad, para haber impedido antes esa solución de gobierno y de colaboración política? ¿Por qué no ha sido posible hasta ahora ese gran acuerdo de gobierno? No es, a lo mejor, el momento de hablar de eso. Hay bastante literatura y prensa escrita sobre esta desgracia: el anticomunismo visceral del socialismo español; el antisocialismo endógeno del comunismo español. Historias para no dormir, impregnadas de la retórica cultural del pasado siglo.

Por José GARCÍA GARCÍA

En declaraciones a RTVE José Ramón Bauzá, Presidente de Illes Balears, al ser preguntado que opinión tenia sobre los manifestantes del 15M, se expresaba así, aunque éstas podrían atribuirse a cualquier dirigente del PP o al mismísimo Mariano Rajoy.

“La gente tiene el derecho a expresar que no está de acuerdo con determinadas posturas siempre que lo haga de manera civilizada, organizada y no generando conflicto”… “los podemos escuchar pero también hemos de escuchar a los ciudadanos que decidieron mediante el voto la elección de su política, si éstos que se manifiestan no lo hicieron o si lo hicieron se ve que la inmensa mayoría no piensan como ellos, y la inmensa mayoría legitimó un gobierno para tomar decisiones, si alguien quiere ejercer la toma de decisiones que se presente”.