Por Guy BURGEL

Foto: saigneurdeguerre. Flickr

Después de tres cuartos de siglo de divergencia en el caso de Rusia, y de casi cinco décadas en la Europa central, este y oeste del continente se vuelven a unir en un destino político y social común. Paradójicamente, al mismo tiempo se puede plantear la cuestión de la supervivencia de la identidad social de la ciudad europea. La respuesta no es fácil ni unívoca. Durante mucho tiempo, en Europa occidental la unidad global del poblamiento urbano, la existencia histórica de un Estado providencia fuerte y omnipresente, el mantenimiento de un crecimiento elevado han proporcionado constantemente una cohesión interna que trascendía a las divisiones de clases y de espacios, e incluso los aportes necesarios de trabajadores extranjeros: una sociedad diversa, pero fundamentalmente unida por unos objetivos idénticos, de democracia, felicidad y bienestar. Por otra parte, son estos mismos ideales, su inaccesibilidad en la Europa comunista, y la esperanza de realizarlos, los que hicieron cambiar la situación en el este. Las ilusiones de la reunificación ideológica duraron poco en las ciudades europeas: fluctuaciones de la economía, incremento de las desigualdades, ascenso de la violencia y de la inseguridad acompañan con un mismo movimiento las transformaciones de las formas de vida, el progreso del consumo material y cultural y las inno­vaciones y creatividades de sociedades. En el momento en que todas las referencias y los valores parecen socavados, la Europa política se amplía y, tras una etapa de cierre, las perspectivas demográficas del continente y las presiones exteriores pueden dejar entrever legítimamente nuevos flujos migratorios hacia las grandes zonas urbanizadas. Aquí y allá vienen prece­didos por la masa de los clandestinos, que son perseguidos, tolerados y fi­nalmente buscados. Ante todas estas incertidumbres, independientemente de las diferencias históricas en la concepción de la nación, entre Francia y Alemania, por ejemplo, subsiste una pregunta: ¿sabrá la ciudad europea continuar siendo un integrador de poblaciones y culturas?

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Por Gabriel CENTENO SANTOS

Desde que Zapatero comenzara aquel día 11 de mayo de2010 aanunciar al pueblo español los recortes del gasto centrado en los salarios de los empleados públicos, en las pensiones y en la reducción del Estado del Bienestar, presionado por Obama; Merkel y la troika (La Comisión, el BCE y el FMI), y con una prima de riesgo inferior a los 100 puntos, no hemos dejado de presenciar la adopción de medidas tendentes a reducir los salarios y el bienestar de los trabajadores y, al mismo tiempo, aumentar la capacidad de acumulación de riqueza por parte de los ricos, haciendo crecer la economía incontrolada y especulativa de casino en la que estamos cada día más inmersos.

Sin embargo, desde entonces la prima de riesgo no ha dejado de crecer, llegando en estos días a los 590, los ingresos del Estado de disminuir, y por si fuera poco, el ínclito Sr. Rajoy, al frente del nuevo Gobierno del PP acometió por Real Decreto-Ley, so pretexto de atacar el enorme paro existente en el país, la conocida Contrarreforma laboral; reforma que acaba con la negociación colectiva y que entrega a los trabajadores a manos del empresariado, desposeyéndolo de la inmensa mayoría de sus derechos. Todo ello, acompañado de un Programa de Reformas en el período 2012-2015, remitido a la Comisión Europea, a Bruselas, para hacer más competitiva nuestra economía, y en el que los salarios seguirán bajando junto a las inversiones públicas -más mercado-, la economía especulativa y el poder de los bancos crecerá, y los servicios sociales se verán mermados, llevando al desempleo y a la exclusión a cientos de miles de familias. Pero ¿Para qué están sirviendo todas estas reformas? ¿Disminuyen el paro, estabilizan y hacen crecer la economía, generan confianza en los mercados financieros…? Nada de nada. Hoy, más que nunca, apreciamos cómo la deuda española crece exponencialmente, nuestros problemas aumentan y estamos, virtualmente y en la práctica, en RESCATE; INTERVENIDOS POR EUROPA, con la supervisión de Alemania, La Comisión y el FMI.

Por Javier ARISTU

Foto::netzkobold en Flickr

El economista se ha convertido en el nuevo sacerdote de la actual etapa de desarrollo de nuestra civilización. Sólo hay que mirar las tribunas de los principales medios: titulados en centros de investigación económica, doctorados en “business”, profesores consultores en institutos de “Social and Economic Research”. Conocemos que nuestros nuevos gurús trabajan en Harvard, en Stanford, en London, en tantos lugares hoy asociados al nuevo saber. ¿Dónde estaban hace 5 años? ¿Qué teoría de la crisis impartían a sus alumnos de todo el mundo –porque son profesores que lo recorren impartiendo lecciones en sesiones directas o con su Ipad en los aeropuertos- hace sólo unos pocos años? Hoy nos entregan sabiduría sobre las causas de la crisis pero…¿por qué no nos la advirtieron en 2005?

No voy a despreciar la economía, ni mucho menos. Nunca he logrado entenderla en su profundo significado pero la respeto muy a fondo porque del buen saber y del bien hacer de esa materia depende en buena medida nuestro bienestar y nuestros deseos. Lo que me niego a darle es el estatuto de saber único y absoluto. Por muchos sabios –que lo son- que disponga en sus inventarios, la economía es una ciencia interpretativa –esto es, con varios y diversos prismas de observación– y una disciplina prospectiva que nos ayuda sobremanera a gobernar. Nada menos pero nada más.

Por Carlos ARENAS

De las falacias que adornan la “ciencia” económica convencional , quizás la más estridente de todas sea aquella que considera que las decisiones tomadas por los agentes económicos, empresarios, inversores, etc., son perfectamente racionales en todo tiempo y lugar. No sólo no es así, sino que, por el contrario, la ceguera parcial o total (de la que se dio cuenta Saramago en su ensayo), la desinformación, la fuerza bruta, la ambición desmedida o el pánico, como tantas otras manifestaciones de la irracionalidad, han presidido la historia de los hechos económicos desde que el capitalismo existe.

Aún más; a partir de los años ochenta, derrotadas las fuerzas que proponían una manera regulada de entender el capitalismo,  se ha otorgado a esa irracionalidad patente de corso, que no es otra cosa que la conocida economía de la oferta, y la sumisión abyecta hacia los  “mercados”.  Desde que el capital financiero tomó el timón del barco capitalista, el casino en el que se ha convertido la economía mundial ha alcanzado tal extremo de imprevisión que, más que arriesgada –como presumía Beck-, la existencia se ha convertido en un manicomio;  un manicomio que sirve para varias cuestiones fundamentales: para que los menos locos de los parqués ganen ingentes sumas a costa de la ruina (y de la ruindad) de la manada de pequeños y medianos capitalistas populares a los que conducen a su antojo; y, sobre todo, para recordar y consolidar la “superioridad” del capital sobre el factor trabajo, condenado en última instancia a pagar por la vía de las reformas laborales, el desempleo, los recortes de los derechos sociales, la involución política, etc.,  los platos rotos de la irracionalidad financiera.

Por Pedro E. GARCÍA BALLESTEROS

Foto: FAPAR

Es evidente la existencia de los mismos planes de ajustes y recortes sea cual sea el signo político del gobierno de turno: aumento de impuestos e inmediatos y grandes recortes de la masa salarial de los funcionarios, los cuales en su mayoría pertenecen a la educación o la sanidad. Pero lo que me gustaría comentar no es tanto esos hechos evidentes y palpables sino los discursos usados para su justificación, la retórica política. Hasta ahora, los hechos se iban identificando cada vez más, eran similares pero al menos los discursos pretendían diferenciarse. Creo que es inquietante que hasta los discursos comiencen a parecerse, a tener paralelismos evidentes. Esperanza Aguirre (o la cólera de Dios del Tea Party hispano) anunciaba sus recortes como solidarios, es decir, los funcionarios madrileños debían aceptar sus recortes de sueldos porque de esta forma se evitaba el despido de miles de interinos. Nuestra Consejera de Economía andaluza, antes y después de no negociar absolutamente nada con los sindicatos, los presentaba como injustos pero también apelaba a la solidaridad para no despedir a trabajadores de la función pública.

Hacia la europeización de las respuestas 

Por Juan MORENO y Emilio GABAGLIO

 

Foto Flickr. Autor: saigneurdeguerre

A la larga crisis en la eurozona (con tres países “rescatados” y varios más en serio riesgo) se la suele responsabilizar con razón  de graves daños económicos y sociales, y en primer lugar el aumento del desempleo (en marzo pasado 24,5 millones de parados, un 10,2% de la población activa). Siendo esto cierto también lo es que en años anteriores a la crisis había síntomas de que los gobiernos europeos habían abandonado algunos de los grandes objetivos que se había trazado la Unión Europea.

La Estrategia de Lisboa (2000-2010) para reformar la economía europea y estabilizar su crecimiento mejorando el empleo y la cohesión social, había fracasado mucho antes de que venciera el plazo de 2010. Los ataques al modelo social europeo por parte de gobiernos neoliberales (y en algunos casos por gobiernos que no se reclamaban de esa ideología) se venían recrudeciendo desde fechas aún más tempranas en casi todos los países. El fracaso de la Estrategia de Lisboa debilitaba las posibilidades de la UE para  competir en un mundo globalizado y para proponer un modelo de crecimiento y desarrollo que pudiera servir de referencia en otras regiones del mundo.

Por Zygmunt BAUMAN

Zygmunt Bauman. Foto UOC_Universitat

Si el debate sobre el modelo de una sociedad justa ha perdido mucho de su fervor y de su impulso, se debe principalmente a la falta de un sujeto creíble capaz de actuar con la voluntad y la capacidad necesarias para llevar a cabo ese proyecto. Todo viene del divorcio cada vez más evidente entre el poder -el poder para llevar a la práctica un proyecto- y la política -la capacidad de decidir qué hacer o no hacer. Como resultado de la globalización, estas dos facultades, unidas durante varios siglos en el Estado-nación, tienen hoy día dos ubicaciones diferentes: para utilizar los términos de Manuel Castells, el “espacio de flujos” y el espacio de “lugares”. El poder ha transmigrado en gran medida del Estado-nación a un espacio transnacional global.

En cambio, la política es aún hoy local, relegada a los confines  de la soberanía territorial de los Estados. Nos encontramos frente a dos tipos de poder: por un lado, el primero, libre y fluctuante, fuera de cualquier orientación o supervisión política, y por otro, el de los organismos políticos, limitados y ligados al territorio, mortificados además por un déficit permanente de poder. Los primeros, los “grandes poderes” tienen, como sospechamos, sus buenas razones para no estar interesados ni dispuestos a reformar el statu quo. Mientras que los segundos serían incapaces de emprender y menos aún de llevar a buen término una reforma por más deseada que esta fuese.

Carta abierta de Maria Negreponti-Delivani a la señora Christine Lagarde, secretaria general del FMI (en relación con su afirmación de que “los griegos no pagan impuestos”) 

Simon Dawson/Bloomberg

A pesar de sus grandes aires extremadamente ofensivos contra Grecia y los griegos, tan duramente puestos a prueba y a quienes usted reprocha no “pagar sus impuestos”, lo que explica su antipatía hacia ellos, al declararse más conmovida por “los niños de Nigeria” que por los niños griegos, quiero creer, señora Lagarde, que está usted mal informada. Y quiero creerlo, porque desde hace tiempo mantengo estrechas relaciones con Francia, sus universidades y mis numerosos colegas economistas; porque siento una profunda estima y una verdadera admiración por el pueblo francés, por su historia y su cultura.

Por todas estas razones, necesito encontrar una explicación a lo que le ha hecho olvidar, si tenemos en cuenta su posición, que usted se dirige a un miembro de pleno derecho de la Unión Europea y de la zona euro. Me permito también agregar que el apoyo moral dado día tras día a Grecia por parte de intelectuales franceses, escritores, estudiantes, analistas y numerosos medios de comunicación, así como las severas críticas a sus declaraciones por parte del Gobierno francés, constituyen para nosotros un atisbo de esperanza y una ayuda preciosa frente al genocidio económico y social que sufrimos en estos últimos dos años y medio.

Por Manuel CALVO SALAZAR

Foto: Xornalcerto. en http://www.flickr.com/photos/certo/4338768660/sizes/l/in/photostream/

Resulta triste comprobar como gran parte de los males que nos aquejan tienen su origen en un comportamiento individual y colectivo sinceramente estúpido.

En una ocasión leí un ensayo muy interesante sobre el triunfo de la sociedad de consumo en el siglo XX, que defendía una tesis que, vista a toro pasado, resulta premonitoria. La idea conductora de ese texto venía a decir lo siguiente: la aceptación generalizada de la sociedad de consumo estriba en que esta resulta francamente irresistible, una vez que se desarrolla en toda su plenitud. Y lo increíblemente cierto es que esta idea es acertada bien sea porque se está disfrutando esa sociedad de consumo o bien porque se tienen expectativas de disfrutarla.

Visto así, es posible concluir que, al fin y al cabo, las burbujas económicas, una vez que entran en expansión imparable son irresistibles para gran parte de la población. ¿Quién podía resistirse, al fin y al cabo, a pedir un dinero prestado para comprar un inmueble en plano, y revenderlo en meses con una plusvalía sustancial?. “Había que ser estúpido para no entrar en este juego”, dijo Stiglitz, en tono irónico, en una de sus conferencias a las que tuve el placer de asistir. Este modo de actuar era pura y simplemente irresistible.

Por Enrico BERLINGUER  [i]

Enrico Berlinguer

¿Cuál es el origen de la necesidad de ponernos a pensar y a trabajar sobre un proyecto de transformación de la sociedad que indique objetivos y metas a perseguir y alcanzar en los próximos tres o cuatro años, pero que se traduzcan en hechos, disposiciones y medidas inmediatas que señalen su puesta en marcha?

Esta necesidad nace de la consciencia de que hay que darle un sentido y una finalidad a la política de austeridad que es una opción obligada y duradera y, al mismo tiempo, una condición de salvación para los pueblos de Occidente en general, y especialmente para el pueblo italiano.