Por Bartolomé CLAVERO

Antoni Bayona, jurista catalán, fue director del Institut d’Estudis Autonòmics, hoy Institut d’Estudis de l’Autogovern, institución oficial, durante el proceso de elaboración del último Estatuto de Autonomía de Cataluña, y ha sido letrado mayor del Parlament durante el procés de la fallida desconexión con España que ha desahuciado el propio Estatuto. Se ha encontrado Bayona durante todo este tiempo en la sala de máquinas del conflicto galopante entre la Generalitat catalana y el Estado español. Ha sido testigo presencial privilegiado e incluso, a su pesar, actor nada de reparto del proceso que va desde el susodicho Estatuto a un intento de desconexión de Cataluña con España pasando por el momento clave de la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 que ya laminó el Estatuto catalán. Acaba de publicar su testimonio: No todo vale. La mirada de un jurista a las entrañas del procés, Barcelona, Ediciones 62, 2019.

Por Javier TÉBAR HURTADO

Hace ya unos años, durante una mañana soleada y bochornosa, tomaba un café y conversaba con Ángel Abad Silvestre en una avenida que delimita el Puerto de Barcelona, y que hoy es una costura trasera y reciente en la historia del barrio de la Barceloneta. Ángel es una esas figuras de la lucha por la democracia y por su construcción concreta desde diferentes campos (político, sindical, cultural, periodístico, formativo y editorial) de las que este país desmemoriado suele echar en el olvido con chocante facilidad. Pero, tal vez, su mejor presentación, según recuerdo ahora que contó, es la que hiciera de sí mismo allá por los años sesenta, antes de ser detenido durante el estado de excepción del que se han cumplido recientemente 50 años, e iniciar un periplo presidiario en que estuvo acompañado por su mujer, Pilar, y por su hijo. En aquellos años fue el filósofo marxista Manuel Sacristán quien le recibió en su casa, junto con otros compañeros, durante una entrevista propia de la clandestinidad de entonces y le preguntó a Abad qué sabía hacer en relación a la política: “Soy analista de las condiciones objetivas”, contestó Ángel con indisimulado desparpajo.

Por Javier ARISTU

¿Es la estrategia del diálogo una buena estrategia para resolver, al menos de forma mínima, el asunto catalán? ¿Debe, al contrario y dada la actitud de la Generalitat, reforzarse la de la confrontación contra el independentismo? Lamentablemente, las próximas elecciones generales del 28A pueden catalizar esta dicotomía en clave de campos políticos ideológicos: la izquierda apuesta por el diálogo mientras que la derecha persiste en el palo. Y de esa forma se sustraen otros temas de debate nacional indispensable: los cambios y reformas económicas y sociales necesarias, la función de España en una Europa en crisis y en cambio, las responsabilidades nacionales en un mundo global, asuntos como la despoblación, la natalidad, las adaptaciones en la formación y la fuerza de trabajo, etc. Aun siendo un asunto de primer orden y que, consecuentemente, necesita de la máxima inteligencia y energía política, el problema catalán no puede sustraer al resto de cuestiones nacionales o de Estado. Las fuerzas políticas que se presentan en las próximas elecciones dispuestas a gobernar el país no pueden convertir a Cataluña en la excusa para no hablar de los otros asuntos.

Por Javier ARISTU

Cumpliré años el mismo mes de las elecciones generales de esta primavera. El 28 de abril nos llaman, españoles, a las urnas. Tras barajarse otras opciones, finalmente el presidente Sánchez convoca para ese domingo, justo un mes antes de las elecciones europeas, municipales y autonómicas que serán el 26 de mayo. Una primavera rellenita de tensión. Cumplo años y espero celebrarlo por partida doble.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

En las últimas semanas estamos asistiendo a un peligroso ambiente de polarización social que enloda la actividad parlamentaria y hace muy difícil abordar con la necesaria y adecuada serenidad la cantidad de problemas que este país tiene planteados. El lenguaje parlamentario, el de de gran parte de los medios de comunicación y de las redes sociales recuerda a los meses previos a la guerra civil. No es el caso afortunadamente de las condiciones socioeconómicas ni de las FFAA cuya realidad ni por asomo recuerda aquellos años.  No digo por tanto que nos amenace una guerra civil pero este uso irresponsable del lenguaje y la subida de la temperatura política que parece haber convertido a muchos de los dirigentes políticos en verdaderos incendiarios puede confundir a algunos. He leído recientemente la noticia de que un dirigente de los “chalecos amarillos” en Francia, Christophe Chalençon (recibido por cierto por el Viceprimer ministro italiano Luigi di Maio) ha afirmado que “una guerra civil (en Francia) es inevitable” y que si Macron no cedía “corresponde a los militares entrar en acción” (El País 8 febrero). Nunca pensé que semejante cosa se pudiera oír en la Franca republicana. Pero eso nos indica que el problema no es solo de España. Parece que hay un interés de determinados actores (¿Steve Bannon, Putin, Trump?)en elevar la tensión política en Europa.

Por Javier ARISTU

Hacía casi treinta años que no concedía entrevistas a ese diario, El Mundo, según nos dice al comienzo la entrevistadora, Lucía Méndez. Alfonso Guerra ha aceptado hablar con ese periódico tras tres décadas condenándolo. Uno se pregunta si la venta de su último libro y la necesidad de publicitarlo pueden estar en la base de esa extraordinaria decisión del expolítico andaluz. Puede que esta sea la causa, o bien aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, arremeter contra Pedro Sánchez blandiendo un acérrimo españolismo que su luminaria machadiana le afearía en estos tiempos.

Por Javier ARISTU

Madrid, capital del Estado, la economía más poderosa de España, comienza a ser ya un problema para recomponer un modelo de país adecuado a los nuevos tiempos. Madrid absorbe demasiada energía del resto. Madrid pretende seguir siendo el rompeolas de todas las Españas…pero me temo que don Antonio Machado se habría ido de esa capital a la que tanto amaba tras asistir a los acontecimientos que nos están brindando sus políticos capitalinos.

Por Javier ARISTU

En mi entrada anterior escribía: «Un tiempo nuevo acaba de comenzar en Andalucía. Un tiempo confuso, volátil, indefinido y abierto a múltiples posibilidades. Para saber encajar en él hace falta, ante todo, desprenderse de los viejos hábitos y de las antiguas fórmulas.» Bien, pues parece que algunos, o la mayoría de los partidos en liza no han terminado de adaptarse a él. Tanto por la derecha como por la izquierda las cosas siguen en un tran-tran que no nos lleva a buen puerto. Vayamos por partes.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Oía ayer a Pepa Bueno en la SER expresando su extrañeza por el hecho de que el futuro gobierno en Andalucía, si finalmente cuaja, se estuviera dilucidando en Madrid, entre los líderes nacionales de los partidos de la derecha. Una negociación sin tapujos, decía, que suponía –o así lo entendí- como un desprecio a los habitantes de una comunidad autónoma de tan hondas raíces culturales.

Por Javier ARISTU

Nunca habíamos asistido a un silencio tan apabullante. La izquierda, las izquierdas andaluzas más propiamente, está callada, muda, sorprendida ante los resultados del 2D y sin saber cómo actuar ante el nuevo marco surgido de aquel domingo que pasará sin duda a la historia de sus desgracias. Desde aquella jornada en que salieron por el tablero de la televisión las cifras que le trajeron la desventura no hemos escuchado ni una sola propuesta operativa desde el PSOE ni desde Adelante Andalucía. Es como si todavía estuvieran noqueados por el impacto. Alelados.