Por Julián SÁNCHEZ-VIZCAÍNO

Como señalaba hace unos días Paco Rodríguez de Lecea en un lúcido texto (“Saca tus sucias manos del choque de trenes”) el riesgo de un conflicto civil irreversible está siendo alimentado por quienes intencionadamente cierran con sus decisiones y actitudes cualquier vía de diálogo racional para una salida concertada a la complejísima situación creada en Cataluña.El bloqueo de una posible solución a la crisis inspirada en el sentido de la responsabilidad tiene mucho que ver con los falsos dilemas que los diferentes actores han puesto en circulación entre las opiniones públicas, para confusión de la población y perjuicio de los intereses generales.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Tiempo muerto: se dice de la petición que en algunos deportes hacen los entrenadores a la mesa de control del tiempo con objeto de suspender momentáneamente el partido, reunir a sus jugadores para corregir sus errores, reconsiderar estrategias y modificar posiciones en la reanudación.

Este país necesita un tiempo muerto que obligue a parar a los dos conductores de las locomotoras que circulan en sentido contrario, a los que, obcecados y de forma criminal,  amenazan la integridad de los pasajeros de ambos trenes.

Por Javier ARISTU

A propósito de la demanda política de independencia para Cataluña estamos asistiendo a un auténtico festival de opiniones y representaciones públicas que no están ayudando a esclarecer cuestiones relacionadas con la democracia y la participación de la ciudadanía. El consecuente estado de confusión es extraordinario. Se nos dice que el mayor ejercicio de democracia es el referéndum pero se maltrata y prostituye la institución parlamentaria. Pues bien, ni el referéndum es per se democracia ni tiene que ser la única vía para resolver los problemas políticos de una sociedad. A veces, hasta es dañino para la convivencia de gentes con opiniones distintas: Cataluña es un ejemplo, pero hay más en la historia reciente.

Por Javier ARISTU

Cuento una anécdota real ocurrida a un familiar que vive y trabaja en Cataluña. Sucedió al día siguiente de la aprobación por el Parlament catalán de la ley de Transitoriedad. Fue este familiar a un gabinete de estética que suele visitar desde hace varios años para cultivarse e higienizar el cuerpo. Le estaba esperando la profesional esteticien con cara muy sonriente. Según le confesó —en catalán, obviamente— mientras comenzaba a preparar los potingues, «estaba radiante, exultante porque por fin vamos a alcanzar la independencia, un sueño que me invade desde que tenía catorce años». La chica debe tener unos 35 años en la actualidad. Mi familiar, discretamente y sin entrar en el terreno de quien la estaba despellejando física y literalmente en ese momento con la cera ardiente, le fue preguntando por diversos aspectos de este procés, un procés que había cruzado su rubicón ese 7 de septiembre de 2017. ¿Y qué va a pasar el 1-O? Respuesta: “Vamos a votar con libertad y después seremos independientes”. ¿Y qué haréis después con España? “¡Ah! Tendremos que negociar, claro; los asuntos tendremos que resolverlos negociando con Espanya”. Hubo por supuesto más preguntas dudosas y más respuestas optimistas pero con lo citado me basta. Estamos en lo que se llama un momento de alta carga emotiva donde la razón y la sensatez han huido del campo de batalla. Solo queda la emoción, el patetismo y la bravura. Mal andamos de esta forma.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Me imagino que será difícil para un ciudadano de a pie posicionarse en esta maraña de informaciones, desinformaciones, opiniones interesadas y subvencionadas, cruces de legalidades y legitimidades en torno al problema catalán y la convocatoria del referéndum del 1 de octubre. La confusión aumenta hasta el grado de la paranoia cuando, tanto los partidarios como los contrarios de su celebración usan las palabras “libertad”, “democracia”, como el primero de los argumentos.

Por Javier ARISTU

Conforme pasan los días la sensación de catástrofe es cada vez mayor. El 1 de Octubre en Cataluña puede significar una fecha maldita para el futuro de esta sociedad. No pretendo exagerar pero esas sensaciones son las que tengo cada vez que se acerca esa fecha y leo los mensajes tuiteros y las reacciones de una parte considerable de políticos catalanes y españoles. Políticos que —lo estoy viendo hoy mismo en el Intermedio de Wyoming— se dedican en la calle, delante del Congreso de Diputados, a contestar a la reportera de ese programa cómico-informativo sobre sus vestimentas playeras durante los meses de verano o bien exponen con absoluto desparpajo toda su vida íntima vacacional…que nos interesa un bledo a los españoles. El Hola y el Diez Minutos siguen estando presentes en las preocupaciones de esta nueva clase dirigente que no manda realmente nada pero que se embelesa con un tuit o una entrevista. Y mientras, el mundo a su alrededor está en peligro de hundimiento.

Por Javier ARISTU

Vuelvo a las teclas tras el olvidado ya agosto, mes de enajenaciones y distracciones. Y trato de resituarme y actualizarme. La realidad es dura y me golpea: Cataluña, referéndum, atentados terroristas, videos, silencios y mentiras en el Congreso de Diputados a propósito de Gürtel, declaraciones escandalosas de la ministra Báñez…demasiado plomo para este septiembre cálido. Trataré de insertarme poco a poco y de forma paulatina.

Por Javier TERRIENTE

3.- Un acuerdo con fórceps

La elección de Pedro Sánchez al frente del PSOE, ha venido acompañada de una propuesta de compromisos por la izquierda, que ha vuelto del revés la estrategia de Podemos de confrontación directa con la Trama y la Trilateral del Sistema. Del Podemos cara a cara frente al bipartidismo, al juntos podemos, sin transición alguna, ¡qué de vueltas da la vida!

Por Javier TERRIENTE

1.- ¡Minorías al poder!

De cómo un partido grupuscular, y crepuscular, en el ocaso de su trayectoria, ha sido capaz de controlar la organización de Podemos en Andalucía y otros lugares, con la inestimable ayuda de la dirección estatal, mientras sus oponentes se fragmentan a su paso,  es digno de figurar en los Planes de Estudios de la Facultad de Sociología de la Complutense  como un clásico de la conspiración política.