Por Javier ARISTU

Ya está planteado y convocado el día D para la Declaración Unilateral de Independencia: lunes 9 de octubre a las 10 de la mañana. Tiempos cortos decisivos. Entre hoy y el lunes se pueden facilitar o desactivar procesos irreparables y que ocasionarían costos y sufrimientos en la gente común. El diálogo, la negociación, el reconocimiento del otro puede suponer el inicio de una nueva etapa que comience a dar salida a la presión acumulada; el rechazo y el enroque en las propias posiciones daría pie a un ciclo de tensiones y acciones que generarían, repito, sufrimiento y dolor a todos, españoles y catalanes.

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Por Carlos ARENAS POSADAS

“A mis amigos catalanes”

En 1799, Francisco de Goya pintó este aguafuerte dentro de la serie “caprichos” en el que nos venía a decir como el pueblo soportaba el peso (y algo más) de los dos jamelgos que constituían por entonces los poderes constituidos: la monarquía y su aparato aristocrático y militar, y la Iglesia. Han pasado de aquello más de dos siglos; en el ínterin un Estado fallido no ha podido ni querido domar a aquellos ni a otros nuevos jamelgos que se han unido al olor del pesebre. Los nuevos jumentos son las oligarquías empresariales, centrales y periféricas, que han hecho del Estado, que debió ser de todos, su particular proveedor de alfalfa. Mientras ha habido pitanza para viejas y nuevas acémilas, cada una ha montado sobre el esforzado pueblo español a golpe de sus respectivas mitologías nacionalistas.

Por Miguel MARTÍNEZ y Salvador ROIG

Algunos exclaman ¡Van de farol! Otros se preguntan: ¿Van de farol? Sobre lo que resulta difícil tener dudas es que hoy la situación que se vive en Catalunya supone una crisis en España. Ir de farol consiste en hacer ver que en el transcurso del juego tenemos mejores cartas sin, en realidad, tenerlas. Entre los jugadores esto tiene una lógica y una asunción de sus costes. El que va de farol suele aumentar la apuesta a pesar del alto grado de incertidumbre y la compleja causalidad de los fenómenos en los que interviene la pura casualidad, pero al final tiene que asumir lo que se muestra sobre el tapete, sea el resultado favorable o bien catastrófico. Al fin y al cabo, hablamos de juegos de azar ¿Cuál es el coste de la apuesta en el juego de los faroles entre Catalunya y España que se está produciendo hoy? No es, pensamos, principalmente un coste económico –por mucho que se hable de éste y desempeñen su papel, un papel importante sin duda- sino un coste político, que es el que se hace más evidente y más espectacular. Pero lo que está en debate de manera menos visible, al fondo del escenario, son los costes sociales, siempre subordinados a otros objetivos superiores en los discursos enfrentados. Efectivamente, las consecuencias sociales en forma de recortes de los servicios básicos están recayendo desde hace años entre el conjunto de la ciudadanía catalana y del resto de la ciudadanía española, y se derivan de una progresiva degradación de los valores democráticos. Esos son los costes fundamentales del faroleo político al que, desde nuestro punto de vista, estamos asistiendo.

Por Javier ARISTU

Escribió Antonio Machado: Alguna vez se ha dicho: las cabezas son malas; que gobiernen las botas. Esto es muy español, amigo Mairena. Compongo estas líneas bajo el pesimismo con que veo la realidad a dos días del 1-O y del que las palabras de Antonio Machado son señales luminosas. Me gustaría atisbar algunos reflejos del optimismo necesario para sobrellevar la convivencia social.

Cada día que ha pasado en las últimas semanas más nos han reducido el círculo de soluciones a la cuestión de Cataluña. Y digo bien “nos han reducido”. Entre unos –el gobierno de Rajoy– y otros –el govern de Puigdemont– han dejado en mínimos el suelo en donde pudiera asentarse una posible solución al conflicto de poderes, de legitimidades, de relatos que hoy atraviesa nuestra sociedad. Hoy es más difícil que ayer ver la salida del túnel. Pero –creo que nadie es ciego– haber una salida al túnel la hay; otra cosa es que no se quiera insinuar o formular porque al día de hoy no interese para no mermar la estrategia de tensión de unos y de otros. Unos azuzan con la vara judicial y policial y otros excitan con la gent al carrer.

Por Julián SÁNCHEZ-VIZCAÍNO

Como señalaba hace unos días Paco Rodríguez de Lecea en un lúcido texto (“Saca tus sucias manos del choque de trenes”) el riesgo de un conflicto civil irreversible está siendo alimentado por quienes intencionadamente cierran con sus decisiones y actitudes cualquier vía de diálogo racional para una salida concertada a la complejísima situación creada en Cataluña.El bloqueo de una posible solución a la crisis inspirada en el sentido de la responsabilidad tiene mucho que ver con los falsos dilemas que los diferentes actores han puesto en circulación entre las opiniones públicas, para confusión de la población y perjuicio de los intereses generales.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Tiempo muerto: se dice de la petición que en algunos deportes hacen los entrenadores a la mesa de control del tiempo con objeto de suspender momentáneamente el partido, reunir a sus jugadores para corregir sus errores, reconsiderar estrategias y modificar posiciones en la reanudación.

Este país necesita un tiempo muerto que obligue a parar a los dos conductores de las locomotoras que circulan en sentido contrario, a los que, obcecados y de forma criminal,  amenazan la integridad de los pasajeros de ambos trenes.

Por Javier ARISTU

A propósito de la demanda política de independencia para Cataluña estamos asistiendo a un auténtico festival de opiniones y representaciones públicas que no están ayudando a esclarecer cuestiones relacionadas con la democracia y la participación de la ciudadanía. El consecuente estado de confusión es extraordinario. Se nos dice que el mayor ejercicio de democracia es el referéndum pero se maltrata y prostituye la institución parlamentaria. Pues bien, ni el referéndum es per se democracia ni tiene que ser la única vía para resolver los problemas políticos de una sociedad. A veces, hasta es dañino para la convivencia de gentes con opiniones distintas: Cataluña es un ejemplo, pero hay más en la historia reciente.