Por Javier ARISTU

Comentaba en un post de hace solo ocho días que la situación de las fuerzas políticas españolas podía dar como resultado que el PP se mantuviera a flote a pesar de lo que venía ocurriendo desde meses antes. Lo escribía dos días antes de la publicación de la sentencia del caso Gürtel y tres de la presentación de la moción de censura del PSOE. El cálculo que hice evidentemente era erróneo. Tras la moción y, sobre todo, tras su apoyo por todo el arco parlamentario a excepción de Ciudadanos y PP es obvio que el PP se ha venido abajo, al menos durante un corto tiempo. Se ha venido abajo porque al perder el Gobierno de España se queda como partido de gobierno solo en 5 comunidades autónomas (Madrid, Castilla León, Galicia, Murcia, La Rioja). Sin duda es una derrota extraordinaria. Una derrota parlamentaria y de poder político. Queda por ver si ésta se traduce posteriormente en una pérdida de relevancia dentro de la sociedad española en beneficio de Ciudadanos o de otros partidos. En estos momentos no sabemos, ni creo que lo sepa el PP, qué van a hacer los 8 millones de ciudadanos que todavía en 2016 dieron su voto a Rajoy y al PP.

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Por Juan JORGANES

En este capítulo de los juicios del caso Gürtel, los veintinueve procesados suman 351 años de cárcel. Destacan el empresario Francisco Correa (51 años) y el extesorero del PP Luis Bárcenas (33 años). Pero más que la carcelería, a una ciudadanía responsable, interesada en el bien común y en el gobierno ético de la cosa pública, le escandalizarán algunas afirmaciones del tribunal por lo que de ellas se deduce. Por ejemplo, estas tres: 1) Entre el PP y las empresas de Correa se estableció “un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional”; 2) “No quedan dudas” de que el PP montó “una estructura financiera y contable paralela a la oficial”, es decir, una caja b; 3) el tribunal “pone en cuestión la credibilidad” de las declaraciones de algunos testigos, entre ellos el presidente del PP Mariano Rajoy, también presidente del Gobierno. El PSOE presentó una moción de censura. La ganó con el apoyo de 180 votos de una representación parlamentaria muy diversa.

Por Javier ARISTU

Como si fuera una maldición. Los acontecimientos que se vienen desarrollando en toda Europa desde hace varios años están modificando de forma completa la anatomía social y política de las sociedades de este continente. Los antiguos países del Este soviético, especialmente Polonia y Hungría, están pasando por modificaciones de sus estructuras democráticas que cada vez más son instrumentalizadas por gobiernos autoritarios y cuasi totalitarios. Los modelos hasta ahora hegemónicos en referencias democráticas –Alemania, Francia, Países Bajos– contienen en su interior serias amenazas de extrema derecha. Y en los dos países más poblados del Sur –Italia y España– el desarrollo se caracteriza por una potente desestabilización de su sistema político y de partidos. Da la impresión de que se hubiera producido una reunión de todos los males de la historia y que estos se hubieran lanzado sobre nosotros, los europeos. Sin duda estamos ante la mayor crisis política y de convivencia en Europa desde 1936. Cada país, cada Estado, cada sociedad trata de salir por sí misma de la encrucijada compleja en la que están situados cuando, por el contrario, de esta crisis solo se saldrá si se desarrolla una vez más una vigorosa estrategia europea basada en el reforzamiento de la democracia, de los derechos sociales  y se construye un enérgico eje de las fuerzas que siguen creyendo en el futuro de una unión europea más allá de las naciones.

Por Colectivo SENDA

El pasado día 8 de mayo fuimos invitados por la Asamblea de IU -Distrito Casco Antiguo de Sevilla- a participar en una charla-debate bajo el título “Organizando las Confluencias”.

Las lógicas limitaciones de tiempo nos impidieron poder desarrollar suficientemente algunos aspectos sobre el proceso de confluencia que nos parecían de interés, por lo que, sin pretender agotar la totalidad de aspectos que forman parte del debate abierto, hemos optado por plantear públicamente estas breves notas con el único interés de contribuir modestamente a impulsar el necesario debate sobre un asunto que consideramos crucial para el futuro de la izquierda a corto, medio y largo plazo.

Por Thomas PIKETTY

¿Debemos tirar a la hoguera el Mayo del 68? Según sus detractores, el espíritu de mayo habría contribuido al triunfo del individualismo, por no decir del ultraliberalismo. Pero son tesis que no resisten un análisis riguroso. El movimiento de Mayo del 68, por el contrario, supuso el inicio de un periodo histórico de fortísima reducción de las desigualdades sociales en Francia que posteriormente perdió impulso por razones diversas. La pregunta es importante porque condiciona el futuro.

Por Javier ARISTU

La acción política democrática, en sentido amplio, no solo aquella que está reducida a la tarea de los partidos políticos y sus grupos parlamentarios, se basa fundamentalmente en la intervención de los agentes sociales sobre la base de su representatividad, se mida esta como se mida, bien por las lecciones, bien a través de órganos reconocidos constitucionalmente o bien, como viene ocurriendo especialmente a partir de estos últimos años de crisis, mediante modos de acción social espontáneos, autónomos o extramuros de los ámbitos anteriores. Quiero decir que siendo tan distintas la acción que puede desarrollar un político en sede parlamentaria a la hora de defender un proyecto de ley y la de un comité cívico que demanda solución a un problema ferroviario en Murcia, ambas –insisto, tan distintas cualitativa e institucionalmente– responden a un nivel de representatividad. Sin representar a algún colectivo o a alguna colectividad ciudadana tanto el político como el miembro del comité cívico no serían nada. La representatividad es consustancial por tanto a la acción democrática.

Por Javier ARISTU

En medio del agujero negro de su encarcelamiento durante los años treinta del pasado siglo, el histórico dirigente comunista Antonio Gramsci se planteó desarrollar un trabajo de investigación sobre la historia de su país, Italia. En la celda de Turi, con los pocos libros y revistas que le dejaba usar la administración carcelaria y que su amigo Piero Sraffa le enviaba, Gramsci se propuso estudiar la Italia mussoliniana a partir de la historia del Risorgimento (el periodo de la construcción nacional italiana) y de la República e Imperio de Roma, una época esta que se aleja hasta más de dos mil años antes. El encarcelado –tal y como escribe en su cuaderno carcelario nº 19– se planteaba analizar aquellos elementos históricos que habían podido dar sentido a la moderna nación itálica: 1)el propio sentido que ha tenido la palabra «Italia» a lo largo de la historia; 2) la importancia del cambio geopolítico de la República romana al Imperio a partir de César y la posterior división de este entre Oriente y Occidente; 3) el surgimiento de nuevos grupos sociales a lo largo de la Edad media, grupos nucleares de una nueva sociedad; y 4) las monarquías absolutas y el desarrollo del mercantilismo como factores de una rápida modernización de las estructuras de las naciones europeas.

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Manel García Biel, un sindicalista por encima de cualquier sospecha de frivolidad, ha titulado su artículo más reciente “La irrelevancia de la izquierda” (1). «Cuando hay un grave conflicto territorial, cuando la democracia se devalúa y hay una grave regresión en cuanto a las libertades colectivas, cuando la desigualdad parece instalada y en crecimiento, cuando la corrupción corroe al partido que gobierna, cuando las fuerzas independentistas desafían la legalidad y hacen un pulso al Estado, nos preguntamos : ¿Dónde está la izquierda?»

Por Javier ARISTU

No quiero hablar de Cataluña. Muchos de los que hemos estado siguiendo el procés, el proceso en Cataluña y el proceso en España, hemos llegado a cierto nivel de agotamiento, por no llamarle colapso (la tercera acepción de la RAE llama al colapso Estado de postración extrema y baja tensión sanguínea, con insuficiencia circulatoria). No debiera ser así: los hechos y procesos que vienen desarrollándose en el interior de la sociedad y de las instituciones catalanas nos deben importar a todos porque, por un lado, responden a dinámicas sociales generales, con geografías europeas e incluso globales, y, por otro lado, tienen una inmensa repercusión sobre el resto de la sociedad española. Pero es un hecho: Cataluña nos satura.