Por Javier ARISTU

¿Es posible volver a situar la política en el centro de la actividad social?

La pregunta parece contradictoria con lo que realmente parece estar ocurriendo dado que las noticias imperantes hoy en las cabeceras de los medios, en los círculos de las redes sociales y en las conversaciones de la gente es la crítica de la política. Como si esta, la política, estuviera marcando la vida de nuestras sociedades. Y, sin embargo, la política está siendo arrinconada por otros tipos de actividades y dedicaciones. Trataré de explicarme a partir de algunos ejemplos que he venido observando en las últimas semanas.

Por Javier ARISTU

No soy historiador aunque me apasionan la historia como lector y el historiador como oficio. Interpretar los hechos del pasado para comprender bastante del tiempo presente es una tarea de las más complejas y a la vez de las más útiles para cada uno de nosotros. No soy, por tanto, experto para dilucidar casi nada de lo que pasó hace cuarenta años en nuestro entorno inmediato, en España y en Andalucía, pero me da la espina que algunos se están pasando en su búsqueda de referencias históricas que cubran su carencia de proyecto.

Por Carlos ARENAS POSADAS

No es casualidad, ahora que las alternativas “de clase” parecen insuficientes como alternativas al sistema capitalista en su versión ultraliberal, ahora que se intuyen alternativas protagonizadas transversalmente por los “agraviados”, precarizados, trabajadores empobrecidos, clases medias decaídas, jóvenes sin futuro y ancianos agobiados por el futuro de sus pensiones, esto es, por  esa masa crítica que antes llamábamos “el pueblo”, que la derecha se lance con el cuchillo entre los dientes a la descalificación del “populismo”.

Por Javier ARISTU

Populismo. Posiblemente comienza a ser el concepto más utilizado en el cosmos del comentario político que inunda las redes. Antes nos batíamos con otros términos que han dado sentido a toda una época: socialismo, capitalismo, imperialismo, nazismo, fascismo, democracia. En torno de estas palabras se ha tejido la historia de los últimos decenios. En estos años comienzan a ser subsumidas bajo la noción globalizadora de populismo. De derecha o de izquierda, ese es el único matiz. Llega el asunto a ser tan simplificador que hasta una de nuestras políticas más representativas como la presidenta andaluza Susana Díaz establece un correlato unívoco entre Trump y Pablo Iglesias: «beben en la misma fuente», ha llegado a decir. Y aquí paz y mañana gloria. La palabra se está convirtiendo en el talismán que, ante la incapacidad analítica o las limitaciones de conocimiento, viene a suplantar la inexistencia de formulaciones que puedan explicar lo que está pasando en gran parte del mundo.

Por Carlos ARENAS POSADAS

A pesar de las bufonadas que se le han descrito; es más, gracias a esas bufonadas, Donald Trump ha conseguido ser presidente de los todavía unidos Estados Unidos de América. No cabe duda de que este individuo, antes master chef de un programa de cazatalentos para empresas sin escrúpulos, ha seguido su propio instinto y el asesoramiento de la gente que ha dirigido su campaña para que 60 millones de norteamericanos se hayan sentido seducidos por el mensaje borde y zafio que el truhán de pelo panocha les ha metido en la cabeza.

El tipo, una vez llegado a la Casa Blanca, que es lo que quería, posiblemente reduzca la zafiedad de su discurso y abandone lo más grosero de su casposo programa; se pondrá en manos, como lo han hecho todos los presidentes anteriores, de los poderes fácticos y aquí paz  -espero- y después gloria. El truhán, desde el primer momento, apelando a la unidad de la nación en contra de la fractura social que preconizaba, ya ha abandonado a los suyos y, tirará a la basura, qué duda cabe, las reaccionarias pero sinceras expectativas de muchos de sus votantes.

Por Carlos ARENAS POSADAS

En 1980, Ronald Reagan fue elegido presidente de los Estados Unidos de América; su popularidad como político no se debía tanto a su mediocre carrera como actor de películas de serie B, como a su eficaz aparición como anunciante de crecepelos en la televisión. 36 años después, el más devoto de los clientes de Reagan, Donald Trump, ha llegado a la Casa Blanca. Ha usado para ello el mismo poderoso influjo de los medios, esparciendo a la población  el mismo contenido basura que consume cotidianamente en el plasma del saloncito: machismo, xenofobia, discriminación, amenazas, populismo del barato, etc., etc.

Que  toda esa infamia no era más que la carnaza que se le echa a los perros para que laman tu mano, lo demuestra el discurso que acabo de oírle como futuro presidente: la acritud ha dado paso a la bonhomía, la agresividad en el tono al sosiego  y la xenofobia a la unidad de todos los integrantes de la nación americana.  ¡U.S.A! coreaban los presentes en la sala de celebraciones ante la promesa de que la nación americana volverá a pesar en el mundo, de que construirá escuelas y hospitales aunque no se sabe cómo si todos los contribuyentes siguen su ejemplo de evadir impuestos.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Acabo de leer, el artículo de Viçens Navarro en Diario Público de hoy 1 de noviembre sobre la favorable investidura de Rajoy como presidente del Gobierno. Se entretiene nuestro columnista sobre los factores que se han concitado para que el presidente del gobierno que más ha hecho por deteriorar la vida de los españoles se mantenga otros cuatros años más en el poder. Viene a decirnos Navarro que lo ocurrido es un “golpe de Estado civil” en el que grupos financieros, económicos y mediáticos, más el  aparato político del PSOE, han imposibilitado un gobierno distinto, “vetando una alternativa progresista al gobierno más corrupto y reaccionario hoy existente en la UE-15”.