Por Javier ARISTU

La acción política democrática, en sentido amplio, no solo aquella que está reducida a la tarea de los partidos políticos y sus grupos parlamentarios, se basa fundamentalmente en la intervención de los agentes sociales sobre la base de su representatividad, se mida esta como se mida, bien por las lecciones, bien a través de órganos reconocidos constitucionalmente o bien, como viene ocurriendo especialmente a partir de estos últimos años de crisis, mediante modos de acción social espontáneos, autónomos o extramuros de los ámbitos anteriores. Quiero decir que siendo tan distintas la acción que puede desarrollar un político en sede parlamentaria a la hora de defender un proyecto de ley y la de un comité cívico que demanda solución a un problema ferroviario en Murcia, ambas –insisto, tan distintas cualitativa e institucionalmente– responden a un nivel de representatividad. Sin representar a algún colectivo o a alguna colectividad ciudadana tanto el político como el miembro del comité cívico no serían nada. La representatividad es consustancial por tanto a la acción democrática.

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Por Javier ARISTU

En medio del agujero negro de su encarcelamiento durante los años treinta del pasado siglo, el histórico dirigente comunista Antonio Gramsci se planteó desarrollar un trabajo de investigación sobre la historia de su país, Italia. En la celda de Turi, con los pocos libros y revistas que le dejaba usar la administración carcelaria y que su amigo Piero Sraffa le enviaba, Gramsci se propuso estudiar la Italia mussoliniana a partir de la historia del Risorgimento (el periodo de la construcción nacional italiana) y de la República e Imperio de Roma, una época esta que se aleja hasta más de dos mil años antes. El encarcelado –tal y como escribe en su cuaderno carcelario nº 19– se planteaba analizar aquellos elementos históricos que habían podido dar sentido a la moderna nación itálica: 1)el propio sentido que ha tenido la palabra «Italia» a lo largo de la historia; 2) la importancia del cambio geopolítico de la República romana al Imperio a partir de César y la posterior división de este entre Oriente y Occidente; 3) el surgimiento de nuevos grupos sociales a lo largo de la Edad media, grupos nucleares de una nueva sociedad; y 4) las monarquías absolutas y el desarrollo del mercantilismo como factores de una rápida modernización de las estructuras de las naciones europeas.

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Manel García Biel, un sindicalista por encima de cualquier sospecha de frivolidad, ha titulado su artículo más reciente “La irrelevancia de la izquierda” (1). «Cuando hay un grave conflicto territorial, cuando la democracia se devalúa y hay una grave regresión en cuanto a las libertades colectivas, cuando la desigualdad parece instalada y en crecimiento, cuando la corrupción corroe al partido que gobierna, cuando las fuerzas independentistas desafían la legalidad y hacen un pulso al Estado, nos preguntamos : ¿Dónde está la izquierda?»

Por Javier ARISTU

No quiero hablar de Cataluña. Muchos de los que hemos estado siguiendo el procés, el proceso en Cataluña y el proceso en España, hemos llegado a cierto nivel de agotamiento, por no llamarle colapso (la tercera acepción de la RAE llama al colapso Estado de postración extrema y baja tensión sanguínea, con insuficiencia circulatoria). No debiera ser así: los hechos y procesos que vienen desarrollándose en el interior de la sociedad y de las instituciones catalanas nos deben importar a todos porque, por un lado, responden a dinámicas sociales generales, con geografías europeas e incluso globales, y, por otro lado, tienen una inmensa repercusión sobre el resto de la sociedad española. Pero es un hecho: Cataluña nos satura.

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

España no es diferente. España es una anomalía.

No es normal que el Ejecutivo no gobierne, el Parlamento no legisle y que el Poder Judicial les sustituya. No es normal que el partido más corrupto sea el más votado. Que ante una agresión de naturaleza social tan obvia como la Gran Crisis la gente eluda el conflicto social y lo convierta en identitario o patriótico. Es raro que un ministro del Interior, del Opus Dei, no le deje a un político que está preso, pero no es preso político, que es republicano, de izquierdas y no obstante nacionalista, ir a misa. No es normal que un buen año para España sea malo para los españoles. Es extraño que la izquierda antisistema se invente un patriotismo popular. Bueno, a lo mejor sí, que a mí lo del sentido común me genera dudas.

Un grupo de amigos y amigas de la abogada Aurora León González, con motivo de que el Ayuntamiento de Sevilla, a solicitud de la Unión Provincial de CC.OO., le ha dedicado una calle, deseamos celebrar un homenaje a esta persona representativa de una época y un estilo de ejercer la abogacía en defensa de los que entonces no tenían defensa: los trabajadores. Aurora León fundó  uno de los despachos laboralistas más importantes y decisivos para la configuración de un marco de derechos y libertades en Andalucía.

Por Javier ARISTU

Nuestro amigo Steven Forti ha utilizado una expresión conocida, pero terrible, para definir lo que ha pasado en Italia ayer domingo: terremoto. Efectivamente, la tierra ha temblado y una parte muy considerable del edificio institucional italiano ha sido destruido. En su urgente análisis publicado en Contexto aporta suficientes elementos para comprender la gravedad de lo que ha pasado. Algunos hablan ya de una Tercera República. Los engranajes sobre los que se sustentó en los últimos veinte años la política en esa península están destruidos. Ya antes, con la desaparición de la Democracia cristiana y el Partido comunista, se habían volatilizado las artes políticas que gobernaron y dirigieron Italia desde 1945 hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. Ayer se derrumbaron las de los últimos veinte años. Creo que pocas personas conocedoras de la política estarán en condiciones de saber lo que vaya a pasar a partir de ahora. Un terreno ignoto, desconocido y alarmante se abre. El problema es que analistas y conocedores venían avisando desde hace tiempo de lo que podía ocurrir.

Por Julián SÁNCHEZ-VIZCAÍNO

“La política cultural de la Generalitat cometió la torpeza de entender que sólo se tenía que dedicar a la normalización lingüística del catalán, sin asumir una posición con respecto al castellano. Esto produjo la impresión de que se creaban pautas lingüísticas para que el catalán se convirtiera en la lengua hegemónica. Se imponía la lógica de que Cataluña es una nación que tiene una lengua propia, que es el catalán. Pero, en cambio, se ignoraba o no se asumía que el castellano era una lengua totalmente viva, coexistente y cohabitante; que además se correspondía con casi el 50% de la población.”(1)

Por Javier ARISTU

Hace una semana anduvo por Sevilla Enric Juliana, uno de los más acreditados comentaristas de la actualidad política, periodista seguido con gran interés por una gran audiencia. Vino a participar en un debate vis a vis con José Rodríguez de la Borbolla, ex presidente de la Junta de Andalucía y en estos momentos exponente en Andalucía de una corriente de pensamiento político que se enfrenta radicalmente con el procés catalán y que viene a resumirse en el punzante concepto de Frente Unido Antijaponés. Si quieren averiguar en qué consiste ese frente lo pueden leer en el artículo que Borbolla publicó en El País el pasado 14 de septiembre. Juliana le contestó con una carta al director que, aun a pesar de su brevedad, no tiene desperdicio. Juliana se consideraba al final de dicha Carta, de forma irónica, un “amigo japonés”. Yo, modestamente, opiné sobre el artículo borbolliano (¿o borbollista?) y lo encuadré en el bloque de actitudes defensivas y encerradas en  el fondo del campo de juego, sin ánimo ni capacidad para idear nuevas salidas a un problema histórico complejo. Los italianos llaman a esta modalidad de fútbol catenaccio. Nosotros, los españoles, cerrojo.