Por Javier ARISTU

Resulta difícil seguir al día el frenético ritmo de la actualidad política española y, en este momento ya, europea. Llevamos un año loco. Desde la moción de censura a Rajoy se han celebrado elecciones andaluzas, generales, europeas y autonómicas. Solo queda por aclarar definitivamente el terreno de los próximos cuatro años unas previsibles elecciones catalanas, bien en este otoño próximo o bien recién comenzado 2020. Y, si echamos la vista hacia atrás solo cinco años, la mirada nos lleva a un ciclo dislocado y cambiante como pocos ha habido en la reciente historia de nuestro país y, repito, de Europa. Por un lado, todo ha saltado por los aires pero, por otro, hay cimientos y estructuras que se mantienen. Estamos, por tanto, en una situación compleja y contradictoria donde se mezclan elementos de cambio sustancial del país y otros de permanencia de viejas estabilidades.

Por Javier ARISTU

Como esta mañana del post-26M todos los medios de comunicación aportan sus análisis y valoraciones sobre las elecciones de ayer me evito repetir argumentos y puntos de vista. Tiempo habrá de valorar las consecuencias de fondo de estas importantes elecciones de ayer. Muchas cosas han cambiado. Y si se juntan los resultados del 28A con los del 26M el resultado es lo suficientemente novedoso como para poder afirmar que se ha abierto un nuevo ciclo cerrando el que a su vez abrió 2014. Seguimos mutándonos como sociedad política. Resumamos en algunos puntos esta rica y mudable realidad.

Por Juan JORGANES

La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, ha declarado que “nadie se ha tomado en serio” la entrada en vigor del registro obligatorio de la jornada laboral.  Según datos oficiales, en España no se pagan 2,6 millones de horas extraordinarias  a la semana, de un total de 5,7 millones. A finales de 2015, se contabilizaron 3,5 millones de horas extras impagadas.  Casualmente, 48 horas después de la entrada en vigor del decreto, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea daba la razón a CC OO ante la sentencia del Tribunal Supremo español que consideró innecesario el registro de la jornada por parte de las empresas para delimitar la diferencia entre jornada ordinaria y la realización de horas extraordinarias.

Por Javier ARISTU

Dos programas de televisión, domingueros y nocturnos, me animan a escribir esta entrada. Dos programas, además, que vinieron uno detrás del otro. Me refiero a los de ayer domingo: el último Salvados de Jordi Évole, último en todos los sentidos puesto que el periodista de Cornellà deja de presentarlo, y el que vino a continuación dirigido por Ana Pastor, El Objetivo, ambos en La Sexta TV. Los dos programas me parecieron importantes y sugerentes a la vez que indicadores, seguramente, de un nuevo tiempo.

Por Javier ARISTU

Me pongo a escribir unos breves comentarios a pocas horas de los históricos resultados de esta noche pasada con las ideas más claras que en otras elecciones. Ha sido un resultado rotundo, a pesar de las brumas que todavía tenemos por delante. Este 28 de abril la sociedad democrática ha puesto las cosas en su sitio. Los electores, con su papeleta en la urna, han clarificado el tormentoso y alborotador panorama que nos rodeaba y ha marcado el camino de por dónde debe ir la política a partir de ahora. En ese sentido han sido elecciones clarificadoras, espectacularmente purificadoras para la salud civil de este país. La noche del 28A ha cerrado un capítulo y ha abierto otro completamente distinto, creo y espero, de este relato interminable que es la historia de España.

Por Juan JORGANES

El presidente del PP, Pablo Casado, declaró que “si queremos financiar las pensiones y la salud debemos pensar en cómo tener más niños y no en cómo los abortamos”. Según Casado, España atraviesa un “invierno demográfico” que pone en peligro las pensiones, el sistema de salud y las prestaciones públicas. El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, llamó “carca”, al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, porque se opone a los llamados vientres de alquiler. Rivera tiene mucho interés en regular esa maternidad de alquiler porque lo presentó como una propuesta de ejecución inmediata si llegaran al Gobierno.

Por Javier ARISTU

Hace diez días clausuramos un encuentro de andaluces y catalanes que ha tenido lugar en Barcelona y que hemos denominado Diálogos Catalunya Andalucía. La primera edición la celebramos en Sevilla el pasado mes de octubre; esta es la segunda de un proyecto en el que tratamos de coincidir algunas decenas de catalanes y de andaluces dispuestos a dialogar entre nosotros sobre nuestra situación como sociedades y sobre nuestro futuro en común.

Por Javier TÉBAR HURTADO

Hace ya unos años, durante una mañana soleada y bochornosa, tomaba un café y conversaba con Ángel Abad Silvestre en una avenida que delimita el Puerto de Barcelona, y que hoy es una costura trasera y reciente en la historia del barrio de la Barceloneta. Ángel es una esas figuras de la lucha por la democracia y por su construcción concreta desde diferentes campos (político, sindical, cultural, periodístico, formativo y editorial) de las que este país desmemoriado suele echar en el olvido con chocante facilidad. Pero, tal vez, su mejor presentación, según recuerdo ahora que contó, es la que hiciera de sí mismo allá por los años sesenta, antes de ser detenido durante el estado de excepción del que se han cumplido recientemente 50 años, e iniciar un periplo presidiario en que estuvo acompañado por su mujer, Pilar, y por su hijo. En aquellos años fue el filósofo marxista Manuel Sacristán quien le recibió en su casa, junto con otros compañeros, durante una entrevista propia de la clandestinidad de entonces y le preguntó a Abad qué sabía hacer en relación a la política: “Soy analista de las condiciones objetivas”, contestó Ángel con indisimulado desparpajo.

Por Javier ARISTU

¿Es la estrategia del diálogo una buena estrategia para resolver, al menos de forma mínima, el asunto catalán? ¿Debe, al contrario y dada la actitud de la Generalitat, reforzarse la de la confrontación contra el independentismo? Lamentablemente, las próximas elecciones generales del 28A pueden catalizar esta dicotomía en clave de campos políticos ideológicos: la izquierda apuesta por el diálogo mientras que la derecha persiste en el palo. Y de esa forma se sustraen otros temas de debate nacional indispensable: los cambios y reformas económicas y sociales necesarias, la función de España en una Europa en crisis y en cambio, las responsabilidades nacionales en un mundo global, asuntos como la despoblación, la natalidad, las adaptaciones en la formación y la fuerza de trabajo, etc. Aun siendo un asunto de primer orden y que, consecuentemente, necesita de la máxima inteligencia y energía política, el problema catalán no puede sustraer al resto de cuestiones nacionales o de Estado. Las fuerzas políticas que se presentan en las próximas elecciones dispuestas a gobernar el país no pueden convertir a Cataluña en la excusa para no hablar de los otros asuntos.