Por Javier ARISTU

En todas partes –de Europa, de España– se viene produciendo desde hace tiempo un profundo movimiento tectónico que está sacudiendo las tradicionales estructuras democráticas de estas sociedades. Y en Andalucía está ocurriendo el mismo fenómeno desde hace al menos una década. ¿A qué me refiero? Simplemente a que nuestra sociedad está cambiando y transformándose profundamente sin que las denominadas elites sociales y políticas estén valorando debidamente estos fenómenos, convertidas dichas elites en simples caricaturas de aquellos grupos dirigentes que deberían gestionar y gobernar tales procesos. Hoy asistimos, aquí y allá, en Cataluña o en Andalucía –por citar dos exponentes de nuestra política doméstica– a una farsa sobre lo que debe ser el gobierno de nuestras sociedades.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

A finales de los 90 la situación social y económica en Andalucía era explosiva.  Numerosas empresas estaban en quiebra o en peligro de quiebra, Astilleros, Santana, Delphi… La consecuencia lógica eran las numerosas movilizaciones de los trabajadores, manifestaciones, cortes de carreteras, marchas a San Telmo…un polvorín social en definitiva por la desesperación de los trabajadores afectados y las dificultades de los Gobiernos central y autonómico para afrontar la situación. Es en esos momentos cuando se genera el problema de los EREs cuya reciente sentencia ha vuelto a poner de notoria actualidad.

Por Javier ARISTU

¿Qué hacen los sindicatos? ¿Dónde están los sindicatos? Son preguntas que he venido oyendo a lo largo de estos últimos años, años de crisis de las estructuras intermedias de la sociedad, tiempos de zozobra donde caen instituciones hasta ahora indiscutibles y se levanta un murmullo de crítica indiscriminada contra todo lo que sea ejercer una tarea de representación de la gente. Dentro de ese rumor, muchas veces elevado en el volumen por medios de comunicación muy interesados, los sindicatos aparecen destacados en el descrédito y demérito. Hablo de los sindicatos de clase; los corporativos, amarillos y gremiales no suelen recibir las mismas críticas desde esos círculos del poder mediático, curiosamente.

Por Francisco ACOSTA ORGE

Nunca será suficiente y satisfactorio, el análisis de  la acción sindical y el papel de la  clase trabajadora o asalariada en las actuales y complejas formas de las sociedades modernas y desarrolladas, extendidas en la mayoría de las zonas geográficas del planeta. Un tipo de actividad organizada, como es la del sindicalismo, nacida casi a la par del nacimiento del capitalismo y la posterior expansión de la industrialización, tiene por fuerza que, para evitar desaparecer o quedar reducida a una forma testimonial e histórica, configurarse de cara al futuro, sin perder de vista  la fuerza del valor del trabajo, como valor de cohesión social incuestionable y determinante para que  los ideales de bienestar y justicia social, sean mantenidas en el devenir histórico de la humanidad.

Por Javier ARISTU

Dijo Neil Postman  que la invención y aplicación del telégrafo a la vida humana, a mitad del siglo XIX, marcó de forma definitiva el mundo de la información. La noticia, enviada por el cable telegráfico a distancias kilométricas y en segundos, descontextualizó definitivamente el hecho noticiable y, a la vez, convertía lo más nimio e intrascendente en noticia publicable. Con el telégrafo y la prensa que se alimentaba de este sistema de comunicación se producía una “inundación de noticias” que no tenían nada que ver con la gente y ante la que ésta no podía reaccionar ni remover nada. Dejó escrito el teórico estadounidense (Divertirse hasta morir, 1985) que a partir de ese invento, el mundo del periodismo cambió las costumbres de la sociedad americana y, citando las palabras del inventor Morse, convirtió «a la sociedad norteamericana en un vecindario». Desde entonces ese mundo de noticias ha seguido cambiando y evolucionando, en tecnología y en concepto de «vecindario». El último capítulo de esta serie desinformativa se llama Twiter, la red social donde millones de personas vuelcan, volcamos, diariamente nuestras turbaciones.