Por Javier ARISTU

Asistimos a un momento desconcertante. Esta palabra, desconcierto, puede ser una de las que mejor resuma el estado de la cuestión en España y en Europa. Por desconcierto se pueden entender varios y distintos significados. Desde “descomposición de las partes de un cuerpo o de una máquina”, hasta “estado de ánimo de desorientación y perplejidad” o incluso “desorden, desavenencia, descomposición”. Claro que también nos podríamos acoger a la cuarta acepción de la Academia de la Lengua para definir este periodo como “falta de modo y medida en las acciones o palabras”. No estoy seguro de que la quinta designación se pueda aplicar a la España actual: “falta de gobierno y economía”. Todo el caudal de comentaristas, críticos de prensa, representantes políticos y demás ejército de la actual sociedad de la comunicación política no están consiguiendo aclarar un panorama que se nos prefigura sobre todo como confuso, borroso e indefinido. Desde hace mucho tiempo no se veían tan difuminadas las fronteras culturales e ideológicas que se suponen separan a la derecha de la izquierda. El desconcierto es antológico.

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Sindicalismo e independencia, según el Noi del Sucre

Por Juan JORGANES

En una literatura contemporánea en la que el trabajo nunca es el centro de la trama -y si aparece forma parte del paisaje, del telón de fondo-, resulta una novedad digna de reseñarse encontrar una novela en cuyo conflicto narrativo esté presente el trabajo y la protagonice un sindicalista.

Antonio Soler (Málaga, 1956) novela la biografía de Salvador Seguí, el Noi del Sucre, en Apóstoles y asesinos (Galaxia Gutenberg, 2016). Seguí formaría parte de la mitología sindical si tal cosa existiese. Sin duda fue una referencia en la Barcelona de las primeras décadas del siglo XX. Lo fue por su capacidad de liderazgo en las reivindicaciones laborales, por su trabajo organizativo y porque permanecen vivas sus teorías sobre el papel del sindicato, la unidad sindical, o la inseparabilidad de la presión y la negociación, que puede llevar al pacto. De la mano de Seguí asistimos a la fundación de la CNT como central sindical.

Por Javier TERRIENTE

I-Escalofriante

Una combinación extrema de políticas ultraliberales, fundamentalismos religiosos, sexismo y xenofobia, se extiende como una mancha de oprobio por Europa. España no es una excepción.

Educados en el estereotipo clásico de la familia tradicional, un 21,2% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años considera que la violencia machista está politizada y se exagera mucho, y un 27,4% que es un asunto normal dentro de la pareja (barómetro 2017 de ProyectoScopio).

Y turbador, un 30% entiende que este tipo de violencia ha aumentado debido a la inmigración y un 7% que es inevitable (ídem).

Harvey Weinstein, no es un caso aislado, ceñido al universo del espectáculo estadounidense. Bastaría rascar en determinados sectores para encontrar comportamientos similares en España.

Por Javier ARISTU

José Rodríguez de la Borbolla fue el primer secretario general de la entonces llamada Federación Andaluza del PSOE, luego reconvertido por mor de las autonomías en PSOE de Andalucía. Fue la persona que sustituyó a Rafael Escuredo (1986) en la Presidencia de la Junta cuando éste dimitió. Borbolla, sin embargo, no se enrocó en una gestión simplemente descentralizada del gobierno socialista de Madrid sino que apostó desde su gobierno por una autonomía con plenas competencias y con igualdad de trato ante catalanes y vascos. Pepote, así llamado en sus círculos, trató de consolidar un poder político, en la Junta y en el partido, que no estuviera sujeto a las riendas de Alfonso Guerra. Aquella batalla la perdió y fue defenestrado de todos sus cargos. Luego, ha recorrido estas décadas de forma más o menos anónima, sin perder su fidelidad al partido que ayudó a fundar y jugando siempre con sus propias armas y tácticas. Es obediente al partido…pero suele hacer lo que le da la gana.

Por Javier ARISTU

En el actual, y fatal, debate sobre Cataluña los aspectos constitucionales, legales y jurídicos se están imponiendo sobre cualquier otra dimensión del problema. Es normal y lógico que cuando se trata de un “conflicto de territorios” la perspectiva jurídica sobrepase a otros ámbitos del conocimiento. De ahí que los constitucionalistas y otros profesionales del derecho sean nuestros comentaristas más usuales en los medios. Pero no es oro todo lo que reluce, es decir, debajo de ese conflicto territorial, a veces real y otras muy sobredimensionado, hay otra guerra, la social. En Cataluña se viene produciendo desde hace años un lento pero profundo proceso de cambio social que está desencuadernando y transformando la tradicional –desde 1960– sociedad catalana y que sin duda explica parte del actual desafío independentista.

Por Javier ARISTU

A propósito de la demanda política de independencia para Cataluña estamos asistiendo a un auténtico festival de opiniones y representaciones públicas que no están ayudando a esclarecer cuestiones relacionadas con la democracia y la participación de la ciudadanía. El consecuente estado de confusión es extraordinario. Se nos dice que el mayor ejercicio de democracia es el referéndum pero se maltrata y prostituye la institución parlamentaria. Pues bien, ni el referéndum es per se democracia ni tiene que ser la única vía para resolver los problemas políticos de una sociedad. A veces, hasta es dañino para la convivencia de gentes con opiniones distintas: Cataluña es un ejemplo, pero hay más en la historia reciente.

Por Javier ARISTU

Cuento una anécdota real ocurrida a un familiar que vive y trabaja en Cataluña. Sucedió al día siguiente de la aprobación por el Parlament catalán de la ley de Transitoriedad. Fue este familiar a un gabinete de estética que suele visitar desde hace varios años para cultivarse e higienizar el cuerpo. Le estaba esperando la profesional esteticien con cara muy sonriente. Según le confesó —en catalán, obviamente— mientras comenzaba a preparar los potingues, «estaba radiante, exultante porque por fin vamos a alcanzar la independencia, un sueño que me invade desde que tenía catorce años». La chica debe tener unos 35 años en la actualidad. Mi familiar, discretamente y sin entrar en el terreno de quien la estaba despellejando física y literalmente en ese momento con la cera ardiente, le fue preguntando por diversos aspectos de este procés, un procés que había cruzado su rubicón ese 7 de septiembre de 2017. ¿Y qué va a pasar el 1-O? Respuesta: “Vamos a votar con libertad y después seremos independientes”. ¿Y qué haréis después con España? “¡Ah! Tendremos que negociar, claro; los asuntos tendremos que resolverlos negociando con Espanya”. Hubo por supuesto más preguntas dudosas y más respuestas optimistas pero con lo citado me basta. Estamos en lo que se llama un momento de alta carga emotiva donde la razón y la sensatez han huido del campo de batalla. Solo queda la emoción, el patetismo y la bravura. Mal andamos de esta forma.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Me imagino que será difícil para un ciudadano de a pie posicionarse en esta maraña de informaciones, desinformaciones, opiniones interesadas y subvencionadas, cruces de legalidades y legitimidades en torno al problema catalán y la convocatoria del referéndum del 1 de octubre. La confusión aumenta hasta el grado de la paranoia cuando, tanto los partidarios como los contrarios de su celebración usan las palabras “libertad”, “democracia”, como el primero de los argumentos.

Por Javier ARISTU

Conforme pasan los días la sensación de catástrofe es cada vez mayor. El 1 de Octubre en Cataluña puede significar una fecha maldita para el futuro de esta sociedad. No pretendo exagerar pero esas sensaciones son las que tengo cada vez que se acerca esa fecha y leo los mensajes tuiteros y las reacciones de una parte considerable de políticos catalanes y españoles. Políticos que —lo estoy viendo hoy mismo en el Intermedio de Wyoming— se dedican en la calle, delante del Congreso de Diputados, a contestar a la reportera de ese programa cómico-informativo sobre sus vestimentas playeras durante los meses de verano o bien exponen con absoluto desparpajo toda su vida íntima vacacional…que nos interesa un bledo a los españoles. El Hola y el Diez Minutos siguen estando presentes en las preocupaciones de esta nueva clase dirigente que no manda realmente nada pero que se embelesa con un tuit o una entrevista. Y mientras, el mundo a su alrededor está en peligro de hundimiento.

Por Javier ARISTU

Vuelvo a las teclas tras el olvidado ya agosto, mes de enajenaciones y distracciones. Y trato de resituarme y actualizarme. La realidad es dura y me golpea: Cataluña, referéndum, atentados terroristas, videos, silencios y mentiras en el Congreso de Diputados a propósito de Gürtel, declaraciones escandalosas de la ministra Báñez…demasiado plomo para este septiembre cálido. Trataré de insertarme poco a poco y de forma paulatina.