Raudo y veloz como la centella, José Luis López Bulla responde la carta de Javier Aristu sobre la cuestión de Cataluña tras el 11 de septiembre. Oído al parche, al análisis y a lo que hay tras ese análisis.
Tapies: PSUC

Querido Javier:

Parece obvio que la gigantesca manifestación del 11 de septiembre en Barcelona es la expresión de un estado de cosas que viene de tiempo atrás. Por lo demás, tan importante acontecimiento sitúa las cosas de una manera matizadamente diferente de cómo estaban las cosas: el independentismo catalán no es ya un dato periférico en la sociedad catalana. Una primera aproximación a explicarnos ese elemento es el siguiente: no es la oposición quien lo lidera políticamente sino el sector mayoritario del principal partido del govern, esto es, el amplio grupo soberanista probablemente mayoritario ya en todos los intersticios de Convergència Democràtica de Catalunya. Puede que te parezca una boutade, pero este partido tiene una potente matriz togliattiana en lo atinente a la estructura organizativa (partido de masas y cuadros) que organiza la hegemonía (gramsciana) a través de los cuatro puntos cardinales de Catalunya. Con el añadido de tener una fortísima presencia en los medios de comunicación social de masas y en una inmensa mayoría de la sociedad civil. Hablando en plata: el Evangelio según Palmiro no lo ha predicado y organizado la izquierda catalana sino la derecha nacionalista desde las primeras elecciones autonómicas. El evangelio, así pues, se ha organizado desde el poder político en el gobierno, no desde la oposición.

 La habilidad de este grupo dirigente –en especial Jordi Pujol— consistió, a mi entender, en establecer esta propedéutica: un sostenido gradualismo (el peix al cove, cuya traducción sería “ave que vuela, a la cazuela”) que, de momento, era lo aconsejable dado que Doña Correlación de Fuerzas durante toda la era pujoliana no daba para más. Es decir, Pujol supo ver la diferencia entre la conciencia real y la conciencia posible. Primero, por lo ya dicho: la acumulación de fuerzas todavía era endeble. Segundo, porque los grandes capitales catalanes no estaban por la labor. Tercero, porque el minoritario sector negocios de CDC estaba más interesado en la billetera que en otras experiencias. La conciencia posible pujoliana tenía que temperarse: la táctica era, como ya se ha dicho, el peix al cove.

Por Javier Aristu

A partir de la manifestación de la Diada del pasado 11 de septiembre se ha abierto una fase nueva en la histórica relación entre Cataluña y España. Aquella manifestación, masiva por otra parte, ha echado a la calle a cientos de miles de catalanes pidiendo la independencia. Mi sorpresa y perplejidad (¡qué iluso sigue siendo uno!) ante el hecho de que el programa independentista haya sido capaz de aglutinar a toda la derecha pero también a casi toda la izquierda hizo que me dirigiera al amigo experto en cosas de Cataluña y de la izquierda José Luis López Bulla. Mi sorpresa él la ha querido convertir en un intercambio de ideas mediante misivas blogueras así que aquí va la primera mía. La podéis leer en este blog y también en el de José Luis, Metiendo bulla. Las sucesivas cartas de este intercambio las podréis ver publicadas de la misma forma, si el cuerpo y el debate lo aguantan.
 

Querido José Luis:Me parece estupenda la oferta que me haces de mantener un diálogo en la distancia a través del correo electrónico y nuestros respectivos blogs sobre las consecuencias que se derivan de esta última Diada del 11 de septiembre en Cataluña. Digo “diálogo en la distancia” de forma física o territorial, que no cultural o ideológica. Creo que tú y yo venimos de la misma cultura – tú más obrera y constructiva, yo quizá más especulativa-, aquella de los años sesenta y de la oposición a la dictadura. Tú, habiendo formado parte como dirigente de aquel proyecto extraordinariamente atractivo y ejemplar que fueron las CC.OO. de Cataluña y el PSUC de principios de los setenta; yo, participando de otro modo en la alternativa democrática desde el comunismo español de entonces. Digo de entonces porque, como quizás tendremos ocasión de hablar, lo de ahora, en tu tierra y en la mía, poco tiene que ver con lo que fue. No valoro, de momento; simplemente describo.

El paso de la izquierda por el poder

Por Lorenzo CABRERA

¿Qué ocurre después del paso de la llamada izquierda por el Gobierno del país, de una comunidad, de un ayuntamiento? ¿En qué ha conseguido cambiar, si es que lo ha hecho, el país, la comunidad, la ciudad o el pueblo donde gobernara? Para una crítica mostrenca pero que goza de predicamento en la actualidad, los males que han sobrevenido últimamente a España se deben a los años de gobierno de esa llamada izquierda que la ha dejado hecha unos zorros. Como si de pueblos bárbaros se tratara, han pasado por las instituciones con una política de tierra quemada. Plantear en estos términos la situación te da un margen de aparente legitimidad a corto plazo (sobre todo, si has ganado, como es el caso, por mayoría absoluta) para aplicar durísimas medidas de ajuste y socavar los avances democráticos conseguidos hasta la fecha. Tu política, prevista aunque no formulada en campaña electoral (disposiciones económicas impopulares y limitaciones en el estado de derecho), encuentra el aval de la “herencia recibida” para justificar tales tropelías. Podrá juzgarse que, en ocasiones, ha ocurrido algo similar: se sale de las instituciones dejando atrás un reguero de desaciertos, el empleo abusivo y fraudulento de las instituciones del Estado o sencillamente prácticas económicas corruptas. Pero, con ser importantísimas, estas razones no son las únicas para el desafecto que se ha producido en el electorado de izquierda.

Por Lorenzo CABRERA

Panel de anuncios del 15M. Foto: Julio López Saguar

Algo huele a podrido y no precisamente en Dinamarca. Nos viene por momentos un aroma a fiambre y sin querer pecar de triunfalistas ni ser excesivamente agoreros nos parece que lo que está por finar –si se nos permite la desmesura- resulta ser un modelo de crecimiento suficientemente conocido. China, el mayor tenedor mundial de bonos del Tesoro estadounidenses, recrimina al gobierno norteamericano que no reduzca su deuda y le exige tome medidas para preservar los intereses de los inversionistas, el  presidente de la otrora poderosa EEUU suplica a la canciller alemana que no someta a Europa a una política continuada de austeridad, su burguesía necesita mercados y se resiente, los índices de paro y de pobreza se mantienen al alza en el mundo, las deudas públicas de algunos estados alcanzan cifras impagables, la prima de riesgo sube en la mayor parte de países europeos y se desboca en el nuestro por encima de los 500, donde el bono a diez años se asoma al precipicio del 7%, se rescatan estados y sistemas bancarios, en busca desesperada de liquidez nuestro Gobierno concede una amnistía fiscal a los defraudadores, el dinero huye a los paraísos fiscales, que todos conocen pero que nadie interviene, se recurre a duras políticas de ajuste para ofrecer confianza a las grandes mafias financieras y especulativas… Qué pena, ahora, cuando más necesitados estamos de “sepultureros del capitalismo” y de “intelectuales orgánicos” que los dirijan, no se atisban por el horizonte.

             La sociedad se siente atenazada y perpleja. ¿Qué va a ocurrir? ¿Quién frena este despropósito? ¿Qué hacer? Somos muchos los que miramos a nuestra izquierda política en busca de respuestas y nos sentimos defraudados. Al comienzo de este último verano, el señor Rubalcaba, en un alarde de responsabilidad que le confirma como un estadista preclaro, leal y responsable, declaraba que no quería echar “gasolina sobre el fuego”. Cayo Lara, coordinador general de IU, crítico contumaz, hablaba de la crisis-estafa, exigía explicaciones y emplazaba al presidente del Gobierno a que las diera en sede parlamentaria. Entre tanto, el fuego se abate sobre los más desfavorecidos de este país y chamusca precisamente a una parte importante del electorado de Rubalcaba y de Cayo Lara. Además, empezamos a ser muchos los que no nos conformamos sólo con la crítica justa al Gobierno y a los poderes de la derecha y queremos una voz que indique una salida, un proyecto viable.

Por Pedro Ángel JIMÉNEZ MANZORRO

Bandera. Foto del autor

Da la impresión de que en los países mediterráneos, cuando nos damos de bruces con un problema importante, buscamos (y encontramos) antes culpables que soluciones. Desconocemos cuál será el origen, causa y esencia, es decir, el arjé (que no debemos confundir con el más moderno y sonoro aserejé) de ese taimado vicio y si tendrá solución en las generaciones venideras. Puede que tenga que  ver con nuestra educación religiosa y conciencia del pecado (Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa…) y la tradicional inutilidad de nuestros gobernantes para encontrar soluciones, a menudo contrarrestada con el feliz hallazgo de un chivo expiatorio. En estos casos siempre me acuerdo del ministro Sancho Rof diciendo, en los tiempos del síndrome del aceite tóxico, que el contagio se debía a un bichito, que si se caía de la mesa, se mataba y cómo en algunos pueblos llegaron a la conclusión de que al tal bichito lo transportaban los perros y consecuentemente, mataron a los canes del lugar. No es tan fino como el sacrificio de Ifigenia pero nos sirve como ejemplo.

Por Juan JORGANES Reporteros sin Fronteras (RSF) ha mostrado “gran preocupación” por la destitución de varios periodistas de […]

Por Pedro Ángel JIMÉNEZ MANZORRO

Se vende [Foto del autor]

Las quimeras solo se hacen realidad cuando encuentran a alguien capaz de tomárselas en serio y eso precisamente aquí parece la mar de sencillo. (Te)Salónica cuenta con un importante puerto que ha visto cómo algunos hacían fortuna y a otros no les quedaba otra que partir a la aventura. Una de las ventajas de la globalización es que ahora no hay que viajar mucho para sentir las laceraciones de una larga travesía. No necesitas depositar tu confianza en un capitán sino  dejarte mecer suavemente por la marea del capital.

Nos cuentan que hace algunos años en (Te)Salónica la gente (impersonal) pedía al banco un crédito (personal) con el que compraba un apartamento distinto al que habitaba (una humilde garzoniera, justifica nuestro informante) con la idea de alquilarlo y usar la renta para pagar cada mes el crédito concedido; de esta forma sería el pobre inquilino quien le consiguiera poco a poco la propiedad del inmueble. ¡Estos griegos! ¿Cómo no se nos habrá ocurrido antes a nosotros? Al  parecer el problema radica en que hace algún tiempo a los supuestos inquilinos se los ha tragado el Leteo y la ciudad ha vomitado dos especies que ellos creen autóctonas: la de los apartamentos vacíos e impagados y la de los ciudadanos en apuros. No sabemos si será la única razón –nos tememos que no- pero esta capital muestra un monstruoso aspecto donde alternan edificios de distinta factura (seguro que alguna de ellas impagada) y solares abandonados, donde salta a la vista la ausencia de trazados urbanísticos y de servicios ciudadanos. Y trufándolo todo una miríada de comercios cerrados y abandonados entre los que destacan los de menor tamaño y aquellos que se nos antojan de carácter más tradicional. El rey Midas pasó por la ciudad pero en vez de ir tocando aquí y allá con su dedo de oro dejó escapar pesadamente algunas ventosidades.

Por Rosa BENDALA GARCÍA

En el, de momento, último paquete de ajustes, brilla por su simplicidad una medida fácil: los funcionarios no cobrarán este año la paga extra de navidad. Mejor para la salud, dirán algunos, porque ese dinero iba derechito al hígado en forma de alcohol y grasas. Mejor para la tesorería, pensarán, sin confesarlo, los gestores de los dineros de las Comunidades Autónomas, entre ellas la nuestra, que se ahorrarán en un mes tan comprometido como diciembre un montón de millones de euros y, para redondear la buena nueva, le pueden echar la culpa al gobierno de Madrid. Que se jodan, sentenciarán otros, utilizando el contundente castellano que alguna diputada ha dejado oír a los muros del hemiciclo (¿no son representantes del pueblo? Pues hala, a hablar como el pueblo, que ya se sabe que es soez y deslenguado).

 De los funcionarios casi todo el mundo habla, y la mayoría, de oídas: que si en España hay más funcionarios que en ninguna parte del mundo, que si los funcionarios cobran un montón de dinero, que si no trabajan, que son unos inútiles, y, en fin, que ya va siendo hora de que se les acabe la sopa boba (ay, Larra, Larra, vaya navajazo nos diste). Ya lo dijo el Secretario de Estado, del que no conocemos otros méritos que su verbo brillante: hay que olvidarse de los cafés y del periódico….Pero a la inconsistencia de los argumentos es preciso oponer la realidad de los datos, y también la realidad de las demandas sociales. Vayamos por partes.

Foto montaje: PIX-JOCKEY

Por Carlos ARENAS POSADAS

Empezaremos negando la mayor. A pesar de que las economías se homogeneícen en su funcionamiento, de que las políticas monetarias y fiscales de carácter nacional hayan desaparecido o tiendan a desaparecer en Europa, de que las barreras arancelarias o financieras se hayan esfumado en todo el globo, etc., todavía existen elementos de competitividad, de diferenciación entre países, que explican los niveles de riqueza. Esas diferencias son institucionales, son las formadas por el conjunto de reglas y normas formales e informales, históricamente arraigadas, que son propias a cada nación.

La señora Merkel lo tiene claro, está haciendo a Alemania, supuesta portadora de los valores calvinistas del sacrificio, el ahorro y el trabajo, el país que marque el destino de Europa; en especial de los países del sur, los llamados malévolamente PIGS, donde predominan la fiesta y la siesta. Ese discurso ha calado en el pueblo alemán en el que aún soplan vientos de irredentismo tras dos derrotas militares en sendas guerras mundiales. Todavía tengo presente la conversación con un amigo alemán acerca de la cuantía de la deuda española y de la incoherencia de castigar de esa manera a un país por meros intereses especulativos. Su respuesta fue; los alemanes aún estamos pagando la deuda impuesta tras la primera guerra mundial. Desconozco si es o no es verdad su afirmación; sí es verdad que anida entre muchos alemanes un cierto aire revanchista. Lo que no consiguieron el káiser o Hitler por la vía militar, lo está consiguiendo la Merkel en la batalla de las creencias, de los titulares de los periódicos.