Por Gabriel CENTENO SANTOS

Desde que Zapatero comenzara aquel día 11 de mayo de2010 aanunciar al pueblo español los recortes del gasto centrado en los salarios de los empleados públicos, en las pensiones y en la reducción del Estado del Bienestar, presionado por Obama; Merkel y la troika (La Comisión, el BCE y el FMI), y con una prima de riesgo inferior a los 100 puntos, no hemos dejado de presenciar la adopción de medidas tendentes a reducir los salarios y el bienestar de los trabajadores y, al mismo tiempo, aumentar la capacidad de acumulación de riqueza por parte de los ricos, haciendo crecer la economía incontrolada y especulativa de casino en la que estamos cada día más inmersos.

Sin embargo, desde entonces la prima de riesgo no ha dejado de crecer, llegando en estos días a los 590, los ingresos del Estado de disminuir, y por si fuera poco, el ínclito Sr. Rajoy, al frente del nuevo Gobierno del PP acometió por Real Decreto-Ley, so pretexto de atacar el enorme paro existente en el país, la conocida Contrarreforma laboral; reforma que acaba con la negociación colectiva y que entrega a los trabajadores a manos del empresariado, desposeyéndolo de la inmensa mayoría de sus derechos. Todo ello, acompañado de un Programa de Reformas en el período 2012-2015, remitido a la Comisión Europea, a Bruselas, para hacer más competitiva nuestra economía, y en el que los salarios seguirán bajando junto a las inversiones públicas -más mercado-, la economía especulativa y el poder de los bancos crecerá, y los servicios sociales se verán mermados, llevando al desempleo y a la exclusión a cientos de miles de familias. Pero ¿Para qué están sirviendo todas estas reformas? ¿Disminuyen el paro, estabilizan y hacen crecer la economía, generan confianza en los mercados financieros…? Nada de nada. Hoy, más que nunca, apreciamos cómo la deuda española crece exponencialmente, nuestros problemas aumentan y estamos, virtualmente y en la práctica, en RESCATE; INTERVENIDOS POR EUROPA, con la supervisión de Alemania, La Comisión y el FMI.

Por Zygmunt BAUMAN

Zygmunt Bauman. Foto UOC_Universitat

Si el debate sobre el modelo de una sociedad justa ha perdido mucho de su fervor y de su impulso, se debe principalmente a la falta de un sujeto creíble capaz de actuar con la voluntad y la capacidad necesarias para llevar a cabo ese proyecto. Todo viene del divorcio cada vez más evidente entre el poder -el poder para llevar a la práctica un proyecto- y la política -la capacidad de decidir qué hacer o no hacer. Como resultado de la globalización, estas dos facultades, unidas durante varios siglos en el Estado-nación, tienen hoy día dos ubicaciones diferentes: para utilizar los términos de Manuel Castells, el “espacio de flujos” y el espacio de “lugares”. El poder ha transmigrado en gran medida del Estado-nación a un espacio transnacional global.

En cambio, la política es aún hoy local, relegada a los confines  de la soberanía territorial de los Estados. Nos encontramos frente a dos tipos de poder: por un lado, el primero, libre y fluctuante, fuera de cualquier orientación o supervisión política, y por otro, el de los organismos políticos, limitados y ligados al territorio, mortificados además por un déficit permanente de poder. Los primeros, los “grandes poderes” tienen, como sospechamos, sus buenas razones para no estar interesados ni dispuestos a reformar el statu quo. Mientras que los segundos serían incapaces de emprender y menos aún de llevar a buen término una reforma por más deseada que esta fuese.

Por Enrico BERLINGUER  [i]

Enrico Berlinguer

¿Cuál es el origen de la necesidad de ponernos a pensar y a trabajar sobre un proyecto de transformación de la sociedad que indique objetivos y metas a perseguir y alcanzar en los próximos tres o cuatro años, pero que se traduzcan en hechos, disposiciones y medidas inmediatas que señalen su puesta en marcha?

Esta necesidad nace de la consciencia de que hay que darle un sentido y una finalidad a la política de austeridad que es una opción obligada y duradera y, al mismo tiempo, una condición de salvación para los pueblos de Occidente en general, y especialmente para el pueblo italiano.

Por Javier ARISTU

Anda el patio andaluz revuelto de nuevo a propósito de la constitución de una comisión de investigación sobre el asunto de los EREs. Ya fue tema de actualidad en la pasada legislatura aunque frustrado en su culminación al no querer el partido del gobierno, con mayoría absoluta, la tal comisión ni ninguna investigación parlamentaria. Aquellos bastos han derivado hoy en copas que le obligan, la minoría relativa y la coalición con IU mandan, a aceptar la misma en esta legislatura. Dicen que quieren que antes de las vacaciones esté liquidado el asunto, al menos en sede parlamentaria porque en sede judicial la cosa-causa parece que va para el Supremo, es decir, para largo.

Mientras tanto, el PP, en boca de su portavoz nacional Carlos Floriano, juguetón él y con doble vara de medir, como siempre, afirma que ”el bipartito andaluz hace un flaco favor a la transparencia si no permite que todo el que pueda tener una responsabilidad política en el caso de los ERE comparezca en la comisión de investigación”. No tiene empacho en, por otro lado, rechazar la constitución de una comisión de investigación en el Parlamento nacional a propósito del caso Bankia y la hecatombe financiera española, con dimisión del mismo presidente del Banco de España incluida.

¿En qué país vivimos? ¿Hasta cuándo van a seguir considerando estúpido al ciudadano? ¿Cómo es que una comisión sobre los EREs en Andalucía es necesaria pero no lo es sobre Bankia y el rescate bancario donde se juegan miles de millones de euros de nuestra economía?

Elecciones primarias, listas abiertas, modalidades electivas… desde hace años se viene planteando en foros  y en diversos países el problema del agotamiento de las listas de partido, cerradas y dependientes únicamente, salvo excepciones de los últimos tiempos, de las internas dinámicas partidarias, así como de la necesidad de introducir nuevas formas electivas para dinamizar las instancias representativas. En Italia, país sorprendente y decepcionante a la vez en lo que respecta a las innovaciones políticas, acaba de surgir una iniciativa a favor de establecer primarias para la elección del candidato a presidente del gobierno por parte de la coalición del centro izquierda. La revista Micromega y su director Paolo Flores d’Arcais, además de otros cuatro firmantes (Giorgio Airaudo, Margherita Hack, Gad Lerner, Arturo Parisi) , han propuesto la recogida de firmas para un manifiesto a fin de conseguir que el Partido Democrático (Bersani), la Italia de los Valores (Di Pietro) e Izquierda Ecología y Libertad (Vendola) se comprometan con  esta propuesta. Nos parece muy conveniente dar la versión en español de esta iniciativa a fin de suscitar entre nuestros lectores y colaboradores un debate que nos ayude a encontrar vías de renovación de la política, a escala nacional española pero también pensando en esa Europa con instituciones más transparentes.

¡Primarias de coalición, inmediatamente!

Firma la petición dirigida a Bersani, Di Pietro y Vendola

Pedimos que las secretarías del Partido Democrático, de Italia de los Valores y de Izquierda Ecología y Libertad, se conviertan lo antes posible en promotoras de elecciones primarias de coalición para elegir el candidato a primer ministro.

Por Lorenzo CABRERA SÁNCHEZ

Aparecía escrito en una pancarta o en uno de esos carteles de fabricación casera que portan en solitario los indignados en sus manifestaciones: “Mientras la prima sube, nuestros derechos bajan”. Me temo que esa va a ser la tónica a partir de ahora y que ni siquiera tendremos que esperar a que la prima de riesgo suba para comprobar que hemos entrado en una fase de demolición de derechos democráticos fundamentales. Como el de manifestación, entre otros.

 El actual Secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, declaró con motivo de la reunión en Barcelona del Banco Central Europeo, para justificar, supongo, un despliegue policial de 8.000 efectivos (entre agentes de refuerzo y mossos d’Esquadra) que “sólo con seguridad vamos a conseguir salir adelante de esta situación crítica”. Una lectura atenta de sus palabras nos produce, independientemente del contexto en que se emitieran, un algo de perturbación, la verdad. Antes, el mismo representante policial había comentado que no podíamos permitirnos que “por la broma de la piedra o del cóctel molotov suba la prima de riesgo”. Para la derecha producen más desasosiego las escenas que reproduce la televisión en las que se ve a los griegos manifestándose con ira que las causas que les hayan impelido a ello. Transmiten una imagen tan incómoda a los ojos del poder y provocan, al parecer, tal alteración en la confianza hacia ese país de los llamados mercados, que muchos pueden inclinarse a pensar que hace bien nuestro Gobierno en “cerrar filas bajo el imperio de la ley y el orden”. Todo sea por impedir que la prima de riesgo –y con ella los intereses de nuestra deuda- siga subiendo.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Hubo una vez un generalísimo de pequeño tamaño y crueldad extrema que, decía, no se metía en política. De joven, su mérito fue aterrorizar rifeños, monte arriba, monte abajo, para defender negocios mineros y justificar la soldada de regulares y legionarios, su ejército privado. De mayor, es una manera de hablar, aterrorizó a los españoles para engordar la soldada de quienes le auparon al poder: terratenientes, banqueros,  eclesiásticos, grandes industriales; es decir, las oligarquías centrales y periféricas del país.

El generalísimo tampoco se metía en economía más allá de cumplir su misión ante Dios y ante la historia de imponer la disciplina cuartelera a quienes, para compensar, se les prometía alcanzar nada más y nada menos que un destino en lo universal. La economía la dejaba en manos de expertos, a la sazón testaferros de los lobbies agrario, industrial, eclesiástico y bancario. Unos pocos cientos de familias y purpurados de este país, por ellos mismos o por personas interpuestas, desde los consejos de administración de bancos y corporaciones, desde la sacristía, le convencieron, no hizo falta mucho, de que la disciplina era compatible con la modernización, y que para modernizar había que abandonar la antigualla autárquica, seguir las tesis de Lewis, Hirschman o Bell, priorizando los objetivos estratégicos en materia económica; es decir, dando prioridad a sus propios objetivos. Desde 1959, un poco de racionalidad ortodoxa aplicada por los Sardá, Fuentes, Velarde y los ministros del Opus, consiguió enhebrar una década de tasas de crecimiento económico sin igual, lo que tampoco resultaba gran mérito viniendo de un país acostumbrado a las cartillas de racionamiento. Eso sí; Franco cambió la guerrera y ocultó la porra debajo del traje gris marengo.