Por Javier ARISTU

Asistimos a un momento desconcertante. Esta palabra, desconcierto, puede ser una de las que mejor resuma el estado de la cuestión en España y en Europa. Por desconcierto se pueden entender varios y distintos significados. Desde “descomposición de las partes de un cuerpo o de una máquina”, hasta “estado de ánimo de desorientación y perplejidad” o incluso “desorden, desavenencia, descomposición”. Claro que también nos podríamos acoger a la cuarta acepción de la Academia de la Lengua para definir este periodo como “falta de modo y medida en las acciones o palabras”. No estoy seguro de que la quinta designación se pueda aplicar a la España actual: “falta de gobierno y economía”. Todo el caudal de comentaristas, críticos de prensa, representantes políticos y demás ejército de la actual sociedad de la comunicación política no están consiguiendo aclarar un panorama que se nos prefigura sobre todo como confuso, borroso e indefinido. Desde hace mucho tiempo no se veían tan difuminadas las fronteras culturales e ideológicas que se suponen separan a la derecha de la izquierda. El desconcierto es antológico.

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Por Julián SÁNCHEZ-VIZCAÍNO

La desconocida vida del abismo electoral catalán. 

Y parece que es en la zona hadal del electorado catalán donde radica la “última ratio” de las claves que determinarán el resultado de las elecciones del próximo 21 de diciembre, sin duda la fecha más importante en la historia reciente de Cataluña.

El comportamiento electoral que adoptará en esa jornada el microuniverso de catalanes y catalanas que hasta el momento han hecho del abstencionismo su pauta política de actuación es un enigma cuyo desvelamiento no parece estar al alcance de los pescadores de superficie, las empresas demoscópicas. Quizás por razones que no son de su entera responsabilidad, estas entidades no están en condiciones de llegar en sus catas hasta la profundidad final oceánica.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Últimamente la sensación que me producen las noticias de Cataluña es la de perplejidad. La primera vez que se produjo esa sensación fue en los días posteriores a la solemne proclamación de la República catalana el pasado 27 de octubre y la aprobación por el Senado de la aplicación del art. 155 en Cataluña. Por mi parte confieso que temí lo peor. Pensé que había llegado al fin el tan temido choque de trenes con su corolario de enfrentamientos callejeros y quizá episodios violentos derivados de una hipotética resistencia de los Mossos d’esquadra como ocurrió en octubre de 1934.

Por Javier ARISTU

José Rodríguez de la Borbolla fue el primer secretario general de la entonces llamada Federación Andaluza del PSOE, luego reconvertido por mor de las autonomías en PSOE de Andalucía. Fue la persona que sustituyó a Rafael Escuredo (1986) en la Presidencia de la Junta cuando éste dimitió. Borbolla, sin embargo, no se enrocó en una gestión simplemente descentralizada del gobierno socialista de Madrid sino que apostó desde su gobierno por una autonomía con plenas competencias y con igualdad de trato ante catalanes y vascos. Pepote, así llamado en sus círculos, trató de consolidar un poder político, en la Junta y en el partido, que no estuviera sujeto a las riendas de Alfonso Guerra. Aquella batalla la perdió y fue defenestrado de todos sus cargos. Luego, ha recorrido estas décadas de forma más o menos anónima, sin perder su fidelidad al partido que ayudó a fundar y jugando siempre con sus propias armas y tácticas. Es obediente al partido…pero suele hacer lo que le da la gana.

Por Javier ARISTU

En el actual, y fatal, debate sobre Cataluña los aspectos constitucionales, legales y jurídicos se están imponiendo sobre cualquier otra dimensión del problema. Es normal y lógico que cuando se trata de un “conflicto de territorios” la perspectiva jurídica sobrepase a otros ámbitos del conocimiento. De ahí que los constitucionalistas y otros profesionales del derecho sean nuestros comentaristas más usuales en los medios. Pero no es oro todo lo que reluce, es decir, debajo de ese conflicto territorial, a veces real y otras muy sobredimensionado, hay otra guerra, la social. En Cataluña se viene produciendo desde hace años un lento pero profundo proceso de cambio social que está desencuadernando y transformando la tradicional –desde 1960– sociedad catalana y que sin duda explica parte del actual desafío independentista.

Por Julián SÁNCHEZ-VIZCAÍNO

El inexplorado territorio que se abre con la aplicación del artículo 155 de la Constitución se ha convertido en un campo de debate entre políticos, juristas y analistas de todo tipo sobre el itinerario y la hoja de ruta que ha de seguirse, una vez puesta en marcha su ejecución inmediata.

Me atrevo a entrar en ese debate desde una perspectiva estrictamente jurídica, si es que esto es posible cuando se aborda una materia de Derecho Constitucional, guardándome para otra ocasión mi parecer en lo que se refiere a la oportunidad o conveniencia política del uso de dicho precepto constitucional de “último recurso” en este momento concreto.

Por Javier ARISTU

Dudo si ponerme a escribir porque el estado de ánimo y las reservas intelectuales se vienen abajo ante los acontecimientos en Cataluña. De mal en peor…No es bueno transmitir desde cualquier página pública sensaciones pesimistas pero la realidad es dura y tenaz por lo que no tendré más remedio que anotar en estas líneas dicha realidad, tal y como me está llegando. Muy de mañana he leído el artículo de Antón Costa que publica hoy La Vanguardia. El catedrático de Economía, y presidente del catalán Círculo de Economía hasta hace muy poco, es rotundo ante los hechos. Su conclusión: «el mal está hecho. Catalunya ha estado durante el último siglo y medio en la sala de mando de la economía española. Ahora se arriesga a quedarse sólo en la sala de máquinas». Cualquier persona medianamente sensata debe coincidir con ese diagnóstico y esas previsiones: Cataluña corre el riesgo de hundirse económicamente…y arrastrar con ello al conjunto de España. ¡Y ese dato sigue sin aparecer en las antenas de radar del proyecto independentista! Es como una locomotora desbocada que va camino del descarrilamiento y los maquinistas siguen cantando dentro de ella canciones patrióticas.

Por Javier TERRIENTE

1-Una Santa Alianza a la española

De repente, la Patria insomne, la eterna, la que nos ha legado la tradición remota que alcanza cuando menos a los Reyes Católicos, se ha puesto en marcha para la librar la gran batalla final contra el desafío soberanista.

La ha resucitado Rajoy con su anti politicismo habitual y la ha estimulado Rivera, resucitado por un dogmatismo patriotero largamente aplaudido. A la cita ha acudido puntualmente Aznar y todos cuantos hicieron posible identificar la marca España con el latrocinio y el saqueo de bienes públicos de manera impune y sistemática.