Por Javier ARISTU

Conforme se acerca el 28 de febrero comienzan a moverse las noticias memoriales de aquel día de 1980, la Junta de Andalucía prepara sus medallas y títulos de hijos e hijas predilectas de Andalucía y el himno de la tierra se oye más que el resto de los días del año. Es el Día de Andalucía, que recuerda aquel referéndum donde, tras un muerto, muchas batallas parlamentarias, dialécticas y políticas, se conseguía superar la vía del 151 para la autonomía plena. Han pasado ya 38 años. Una perspectiva amplia como para poder hacer un pequeño balance. Trataré de hacerlo de forma sintética y breve.

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Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Nunca la defensa de la democracia durante la transición congregó las multitudes que ahora moviliza la independencia en Cataluña. He visto miradas puras, extasiadas de alegría y esperanza, sintiéndose testigos de la aurora de un nuevo país; masas sonrientes a la luz de las velas cantando Els segadors o La Santa Espina , o marchando ordenadamente, entre un océano de banderas, tras sus autoridades políticas, representando un espectáculo de innegable emotividad: una multitud festiva y aseada que protagoniza una fiesta y no la tragedia que suele ambientar esos actos fundacionales. Un poble en marcha. Un espectáculo más que épico, lírico. Resistencia a lo Gandhi, pero sin desarrapados. Una imagen magnífica de guapa clase media.

Por Javier ARISTU

La ciudad de Sevilla tiene un componente esquizofrénico con el pasado. A esta ciudad a orillas del Guadalquivir la vuelve loca un olor de incienso por las calles que anuncia ya la Semana Santa, la enternece cualquier retablo barroco cargado de oros y angelitos y una fracción consistente de su ciudadanía suele desvanecerse ante la recuperación de una vieja talla de un Cristo crucificado…pero desprecia todo valor histórico que no tenga que ver con ese arquetipo cofrade o religioso. Hoy se estrena en el canal Movistar la serie La Peste que acaba de realizar el sevillano Alberto Rodríguez y que transcurre en la ciudad del siglo XVI: veremos cuáles son las reacciones del senado capillita.

Por Javier ARISTU

Asistimos a un momento desconcertante. Esta palabra, desconcierto, puede ser una de las que mejor resuma el estado de la cuestión en España y en Europa. Por desconcierto se pueden entender varios y distintos significados. Desde “descomposición de las partes de un cuerpo o de una máquina”, hasta “estado de ánimo de desorientación y perplejidad” o incluso “desorden, desavenencia, descomposición”. Claro que también nos podríamos acoger a la cuarta acepción de la Academia de la Lengua para definir este periodo como “falta de modo y medida en las acciones o palabras”. No estoy seguro de que la quinta designación se pueda aplicar a la España actual: “falta de gobierno y economía”. Todo el caudal de comentaristas, críticos de prensa, representantes políticos y demás ejército de la actual sociedad de la comunicación política no están consiguiendo aclarar un panorama que se nos prefigura sobre todo como confuso, borroso e indefinido. Desde hace mucho tiempo no se veían tan difuminadas las fronteras culturales e ideológicas que se suponen separan a la derecha de la izquierda. El desconcierto es antológico.

Por Julián SÁNCHEZ-VIZCAÍNO

La desconocida vida del abismo electoral catalán. 

Y parece que es en la zona hadal del electorado catalán donde radica la “última ratio” de las claves que determinarán el resultado de las elecciones del próximo 21 de diciembre, sin duda la fecha más importante en la historia reciente de Cataluña.

El comportamiento electoral que adoptará en esa jornada el microuniverso de catalanes y catalanas que hasta el momento han hecho del abstencionismo su pauta política de actuación es un enigma cuyo desvelamiento no parece estar al alcance de los pescadores de superficie, las empresas demoscópicas. Quizás por razones que no son de su entera responsabilidad, estas entidades no están en condiciones de llegar en sus catas hasta la profundidad final oceánica.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Últimamente la sensación que me producen las noticias de Cataluña es la de perplejidad. La primera vez que se produjo esa sensación fue en los días posteriores a la solemne proclamación de la República catalana el pasado 27 de octubre y la aprobación por el Senado de la aplicación del art. 155 en Cataluña. Por mi parte confieso que temí lo peor. Pensé que había llegado al fin el tan temido choque de trenes con su corolario de enfrentamientos callejeros y quizá episodios violentos derivados de una hipotética resistencia de los Mossos d’esquadra como ocurrió en octubre de 1934.

Por Javier ARISTU

José Rodríguez de la Borbolla fue el primer secretario general de la entonces llamada Federación Andaluza del PSOE, luego reconvertido por mor de las autonomías en PSOE de Andalucía. Fue la persona que sustituyó a Rafael Escuredo (1986) en la Presidencia de la Junta cuando éste dimitió. Borbolla, sin embargo, no se enrocó en una gestión simplemente descentralizada del gobierno socialista de Madrid sino que apostó desde su gobierno por una autonomía con plenas competencias y con igualdad de trato ante catalanes y vascos. Pepote, así llamado en sus círculos, trató de consolidar un poder político, en la Junta y en el partido, que no estuviera sujeto a las riendas de Alfonso Guerra. Aquella batalla la perdió y fue defenestrado de todos sus cargos. Luego, ha recorrido estas décadas de forma más o menos anónima, sin perder su fidelidad al partido que ayudó a fundar y jugando siempre con sus propias armas y tácticas. Es obediente al partido…pero suele hacer lo que le da la gana.

Por Javier ARISTU

En el actual, y fatal, debate sobre Cataluña los aspectos constitucionales, legales y jurídicos se están imponiendo sobre cualquier otra dimensión del problema. Es normal y lógico que cuando se trata de un “conflicto de territorios” la perspectiva jurídica sobrepase a otros ámbitos del conocimiento. De ahí que los constitucionalistas y otros profesionales del derecho sean nuestros comentaristas más usuales en los medios. Pero no es oro todo lo que reluce, es decir, debajo de ese conflicto territorial, a veces real y otras muy sobredimensionado, hay otra guerra, la social. En Cataluña se viene produciendo desde hace años un lento pero profundo proceso de cambio social que está desencuadernando y transformando la tradicional –desde 1960– sociedad catalana y que sin duda explica parte del actual desafío independentista.