Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

El análisis de urgencia de las elecciones catalanas bien puede esperar su turno en este blog; es forzoso dedicar el comentario de hoy a un suceso más apremiante y más trascendente. Ayer murió en Roma Pietro Ingrao.
El arco de su existencia ha recorrido un siglo completo. El 30 de marzo pasado celebrábamos en estas páginas su cumpleaños número cien. Un dato más para la admiración, en un político que, si no ha marcado con su impronta el siglo, ha sido por una razón nada más: porque la lucidez apenas deja huella en las cosas sobre las que se aplica.
En efecto. Hay políticos que buscan ante todo el bastón de mando, sin más mandangas; otros prefieren el brillo de los entorchados, el adorno de los títulos sonoros que envuelven la personalidad en un aura universal de respeto. Unos y otros saben que lo que importa a la posteridad es sobre todo la erótica del poder. Pero también, y por fortuna, existen científicos de la política, hombres y mujeres comprometidos muy a fondo con las ideas y con las personas que les rodean, pero atentos sobre todo a la verdad sin tapujos; dedicados con preferencia a la misión de observar, de analizar, de investigar de forma minuciosa y sin complacencia los fenómenos sociales, sus causas y sus efectos, las acciones y las reacciones que provocan.

Por Javier ARISTU

Hace  menos de un año una parte considerable de fuerzas políticas de la izquierda no socialdemócrata, sin excepción, veían en Tsipras la pócima milagrosa para hacer posible el gran sueño de una izquierda transformadora y capaz de doblar el pulso al capital. Los vuelos a Atenas a codearse con el joven líder izquierdista se multiplicaron con una enorme rapidez. Un partido que hasta entonces era un minúsculo componente de esa “izquierda radical” que fluctúa por nuestro continente se convirtió, de repente, en el talismán de la batalla. Alexis Tsipras, el joven dirigente de esa formación política griega, y el núcleo de dirección de Syriza, habían logrado diferenciarse tanto de la socialdemocracia —mejor llamar al Pasok partido del social liberalismo a la luz de su práctica en los gobiernos que ha gestionado— griega como del comunismo del KKP, posiblemente el partido más ortodoxo, dogmático e intransigente de los que hoy permanecen con ese nombre. Tsiriza era el resultado de un interesante y dinámico proceso que llevó a esa “nueva formación política”, que en puridad ni es socialista ni es comunista, al gobierno de su país, Syriza pretende superar, en cierto modo, el campo de juego y el paradigma de la postguerra, hecho de confrontaciones, de bloques, de culturas políticas de izquierda enfrentadas y hoy, posiblemente, superadas. La radicalidad de Tsiriza era y es pareja a su novedad en el teatro de los partidos de las izquierdas europeas.

Por Luciana CASTELLINA

No soy griega y por eso este domingo no voto. Mucho menos estoy autorizada a sugerir a los griegos qué deben votar. Pero no se me ocurre decir que esta abstención deriva de que estos son asuntos que no tienen que ver conmigo. Si hace un año fuimos tantos los que nos reencontramos para defender (mejor, construir) una lista que se llamó «Otra Europa con Tsipras» no fue por causa de una extravagancia de modernos, porque Syriza estaba ganando y nosotros en Italia no. Fue porque comprendimos que el partido que Alexis estaba jugando con los monstruos del euro capitalismo era también nuestro partido.

Por esto hoy, al menos de forma virtual, votamos también nosotros. El cómo termine el asunto griego incumbe a todos los europeos. Porque el gobierno de Syriza ha abierto, finalmente, un contencioso de carácter general sobre lo que debe ser o no debe ser la Unión Europea, un asunto que está destinado a marcar nuestro futuro y por tanto a todos nos importa.

Por Javier ARISTU

Las cosas en el área de las izquierdas españolas —hay que empezar a hablar ya en plural— evolucionan pero no se sabe en qué dirección y hacia dónde.  A día de hoy un resumen de la situación puede ser este:

  1. Podemos sigue configurándose como la marca electoral dominante para las próximas elecciones generales. Pero Podemos no quiere verse impregnado de la seña de identidad de la izquierda. Es un partido transversal, nacional popular, de toda la gente, según sus propios dirigentes. Podemos es y no es el eje de la renovación de la izquierda, lo cual nos lleva a una paradoja sin salida.
  2. En el PSOE se adivina —porque en la política española casi nada es explícito— un conflicto soterrado e interno entre su secretario general Pedro Sánchez y la dirigente andaluza Susana Díaz acerca de la estrategia postelectoral y el papel del PSOE en este mapa en ebullición de la política española (y europea). ¿Pactaría con Podemos de existir esa posibilidad? ¿Lo haría con Ciudadanos? ¿Cuál es la estrategia de fondo de un partido como el PSOE? Adivinos hacen falta.
  3. Izquierda Unida se rompe o va camino de desaparecer, si no cambian las circunstancias de aquí a poco. Las elecciones europeas, la ausencia de este partido como tal en candidaturas municipales claves de este año, además de la iniciativa tomada por su dirigente Alberto Garzón y el núcleo del PCE —decisivo hasta ahora en la orientación estratégica de la formación— de diluirse en candidaturas de Ahora en Común para formar un tándem electoral con Podemos, hará que en enero de 2016 IU sea un referente desaparecido en combate.
  4. A comienzos del verano pasado nació la iniciativa Ahora en Común, por ellos mismos definida como candidatura de la gente y para la gente, y donde, siempre y todo al parecer, Alberto Garzón y un sector hegemónico de IU asientan sus reales con otras personas independientes y grupos de activistas. da la impresión aunque no responda a toda la verdad de que esta plataforma está hecha al servicio de AG.
  5. La decisión —tampoco sabemos hasta dónde puede llegar— del anterior dirigente de IU Gaspar Llamazares, y de su corriente-partido Izquierda Abierta, de formar una candidatura electoral con determinadas personalidades cívicas (Baltasar Garzón, Cristina Almeida, Federico Mayor Zaragoza, Carlos Jiménez Villarejo, Beatriz Talegón) hace inviable también, por razones legales y políticas, la viabilidad de IU como continente electoral. Y tampoco sabemos hasta dónde puede llegar dicha iniciativa.
  6. En Madrid una parte sustantiva, al parecer, de la antigua dirección de IU de la Región madrileña, más militantes de la misma “expulsados” de IU federal (más de 5.000) pretenden también afrontar la batalla electoral con una candidatura distinta. Y ya van cuatro.
  7. Por la periferia y comunidades autónomas españolas la diversidad es también digna de contar. En Galicia, País Valenciano, Aragón y otras comunidades y regiones la fiesta adquiere características diferentes, según quién posea la hegemonía dentro del núcleo fermentador.

Por Javier ARISTU

Son decenas los artículos que se han publicado en estos dos días acerca de Jeremy Corbyn. Algunos los he leído y son muy recomendables. Aquí va mi pequeña colaboración para ayudar a  interpretar en su justa medida el suceso.

Leía el otro día un twit de Raúl, un amigo de las redes sociales al que sigo con interés, en el que decía: La izquierda española a punto de convertir al nuevo líder del laborismo británico en su nuevo Alexis Tsipras. Efectivamente, la elección al frente del laborismo de James Corbyn, encuadrado en lo que podríamos llamar el ala izquierda de esa formación, ha desatado en ciertos sectores de nuestros izquierdistas políticos una suerte de ebullición, como si nos hubiera fallado Tsipras y necesitáramos un nuevo fichaje, esta vez proveniente no del sur sino precisamente de la parte más alejada de la “izquierda europea”.  No sabemos si al “aguanta, Alexis, que ya llegamos” habrá que añadir ahora “Bienvenido, Jeremy, al equipo del cambio”. Todo se andará. De momento se pueden decir algunas cosas sobre esta elección de un nuevo dirigente (nuevo, con 66 años, es mucho decir) en el partido más peculiar y original del arco socialdemócrata europeo (del continente, diría un británico).

Por Javier ARISTU

Las escenas de los refugiados de Siria, Irak y otros países de esa zona conflictiva nos han impactado a todos. Llevaban en campos, hacinados como animales, desde hace ya bastante tiempo pero ha bastado que una cámara de televisión capte el momento de su invasión por las fronteras húngaras o austriacas para que toda Europa, todos los ciudadanos europeos, reaccionemos emotivamente. Ha bastado la foto del crío Aylan para que toda la conciencia humanitaria que llevamos dentro de nosotros salte como un resorte. Sin duda, es positivo que ante este tipo de agresiones a nuestra conciencia reaccionemos por todas partes pidiendo que vengan los refugiados a nuestras casas, que los ayuntamientos se conviertan en casas de acogida, que la gente normal y sencilla se vuelque en apoyo y ayuda de estos invisibles sufrientes que ahora ocupan -¿hasta cuándo?- las primeras páginas de los periódicos y las noticias de impacto de las televisiones.

Por Javier FLORES FERNÁNDEZ-VIAGAS

            He leído recientemente Sumisión, la polémica novela de Michel Houellebecq que se presentaba en París a principios de este año, justo el día en que se produjo el sangriento ataque terrorista contra Charlie Hebdo. Una novela cautivadora que se lee de una sentada y refleja la agonía del hombre postmoderno. Marine Le Pen, mucho más inteligente que su padre, ha sabido rodearse de unos compañeros de viaje capaces de influir en la sociedad de un modo determinante, protagonizando escándalos, abriendo debates, creando opinión…

            Los planteamientos políticos propuestos por Houellebecq en Sumisión son una proyección de las falacias que el Frente Nacional y Riposte Laïque (su correa de transmisión) jamás se han cansado de repetir, a saber: un supuesto proceso de aculturación promovido por las autoridades republicanas, con la pretensión de islamizar el país, y un conflicto civil latente que se presenta como consecuencia de ello. Falacias, sí, pero con ellas han logrado ofrecer a los franceses un relato de lo sucedido en las últimas décadas, del que surgen toda una serie de propuestas que conforman su novedoso programa político. Precisamente en un tiempo en que la ciudadanía necesita, ¡más que nunca!, un relato que explique lo sucedido.

Por Roger MARTELLI

 

Para comenzar: no sirve de nada descubrir la luna. ¿La Unión europea está dominada por el liberalismo, “ultra” o “social”? Se sabe desde hace tiempo. ¿No es un espacio democrático sino el terreno por excelencia de la gobernanza? Hermoso descubrimiento. ¿Está desde su fundación estructurada por el capital, es hija de la guerra fría y de la hegemonía americana? ¡Ajá! ¿Sus promotores han querido siempre  hacer de ella un instrumento contra la transformación radical de las sociedades? Ya es hora de darse cuenta. ¿Los actuales líderes de la Unión, es decir, los responsables de los Estados nacionales, han decidido ir hasta el final de su lógica competitiva, desreguladora, tecnocrática y securitaria? Los que hemos conocido el referéndum francés de 2005 y sus consecuencias no necesitábamos este verano para saberlo.

Que por tanto dejen de repetir hasta la saciedad que aquellos que, desde hace años luchan por otra Europa viven en la ilusión de que el marco europeo actual es reformable sin tocar los mecanismos fundamentales. O bien hay que añadir que todos los que luchan dentro de cualquier institución, sea cual sea, comparten la ingenua convicción de que las sociedades de explotación y dominación en la que ellos trabajan pueden transformarse sin cuestionar las lógicas fundamentales que las rigen. Ahora bien, querer actuar dentro de un sistema no significa plegarse ante sus “coacciones”.

Por Javier ARISTU

Me fui de vacaciones y existía Europa, vuelvo de las mismas y Europa ha dejado de existir.

Así lo deduzco tras leer algunos artículos y entrevistas de diversos y distintos dirigentes y líderes de la izquierda llamada radical o alternativa. Europa ya no es terreno de contraste político y social, el marco de la Unión no merece que “la verdadera izquierda” esté en la misma. Salgámonos y creemos, fuera de Europa, la mejor de las sociedades posibles. Antes el horizonte se llamaba Grecia, Syriza y Tsipras. Ahora esos nombres son malditos, nos han traicionado, han tirado por la borda el encargo que desde nuestros países les habíamos asignado a los griegos: resistir, resistir, resistir, incluso a costa de sus propias vidas, pensiones y patrimonios. El antes revolucionario Tsipras ha pasado a ser un  traidor transformándose en el camino en un reformista de medio pelo. Un economista inteligente pero sin ninguna experiencia política llamado Varoufakis ha pasado a ser el nuevo referente de esa izquierda que sin querer nunca gobernar dice cómo hay que gobernar. Varoufakis es recibido de fiesta por un personaje tan indefinible como el ex ministro socialista francés Montebourg. Oskar Lafontaine, un histórico de la socialdemocracia alemana y líder espiritual de la izquierda alternativa de ese país, proclama que hay que romper el euro y volver a un “sistema de monedas europeo” y devolver a las naciones-estado su soberanía. Owen Jones, otra joven esperanza blanca de la izquierda británica (y magnífico ensayista y polemista, por cierto) proclama la necesidad de que la izquierda laborista británica lidere el abandono de la Unión. Garzón, nuestro líder del 4 por ciento, dice que había otras alternativas a lo hecho por Syriza en Grecia. Como la canción de Mina: parole, parole, parole…