Por Beate KLARSFELD

Beate KLARSFELDLas responsabilidades históricas en Europa pueden todavía jugar un papel positivo para corregir la marcha de la historia.

Es el caso que hemos promovido desde hace tiempo a fin de que el continente africano sea indemnizado por ciertos estados europeos por su actuación durante el periodo colonial.

Es evidente que algunos estados (Gran Bretaña, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, España, Portugal) deben una reparación global, que podría expresarse a través de una financiación sensiblemente superior de la lucha contra el hambre, por el agua y por la instrucción en África.

Por Serge GUÉRIN y Christophe GUILLUY

[Tras las recientes elecciones presidenciales francesas y en la perspectiva de las próximas legislativas, los autores reflexionan sobre las modificaciones sociológicas y geográficas de las clases populares en Francia. Una nueva configuración de capas sociales obliga a la izquierda a resituar sus análisis y sus programas. Aunque la configuración social de España y su distribución espacial puede ser diferente, bastantes de las conclusiones que estos autores aplican a la acción social y política son válidas para nuestro país]

Los resultados de las elecciones presidenciales han resaltado una gran fractura geográfica y social entre la “Francia de las metrópolis” y la Francia periférica, la de los espacios periurbanos, rurales, zonas de medianas y pequeñas ciudades.

Esta Francia, situada fuera de las grandes metrópolis globalizadas es la Francia de la precariedad social. A pesar de que  la pobreza se ha incrustado ahí, se caracteriza en primer lugar por una forma de “mala salud social” donde la interinidad y sobre todo la ausencia de perspectiva son frecuentemente su norma. El éxito de François Hollande, elegido en gran parte gracias al antisarkozysmo de las capas populares, puede llevar rápidamente a las elites políticas de la izquierda y del ecologismo a olvidar la lección: las capas populares en proceso de precarización están aumentando de forma continua y se sienten despreciadas social y culturalmente.

Por Javier VELASCO

En un  artículo anterior dije que el origen de la crisis no es la maldad de los financieros, yo diría que la maldad congénita de los financieros se acrecienta con la crisis, pero no es el origen. También dije que los trabajadores, entre los que nos encontramos, hemos vivido una época espléndida, en la que los electrodomésticos, las vacaciones, el coche y el consumo en general han jugado el papel motor de la economía. Pues bien, la maldad de los finacieros, y de los ricos, se va a disparar a partir de 1973 y, por el contrario, la felicidad de los trabajadores se va a truncar. Y ambas cosas se relacionan.

Por Juan JORGANES “Akropolis, Adieu!”, titula en portada el semanario alemán Der Spiegel. La publicación explica las razones por […]

Por Juan MORENO

El riesgo de fracaso del proceso de integración europeo, es en estos días bien real y, según algunos observadores, inminente. Algunas esperanzas en el plano político comienzan sin embargo a aparecer, que de consolidarse podrían frenar la debacle del sueño europeo que iniciado en la posguerra mundial, avanzó gradualmente hasta dotarse de un mercado y una moneda común.

De los peligros del déficit democrático y social de la Comunidad Europea desde su fundación, se avisaron desde muchos ángulos, como el sindical o el de pensadores inequívocamente europeístas como Maurice Duverger. La implantación de la unión monetaria  sin que en paralelo se estableciera un gobierno económico de la UE, es decir sin ningún tipo de de coordinación de políticas económicas y sociales, fue considerado en su día como la única forma de avanzar sin provocar  la salida de la Gran Bretaña, gobernada por Thatcher. Pero pasados los años, no variaron las cosas con Blair, y avanzó el euroescepticismo conservador, motivo y, sobre todo, excusa para no avanzar en la unión política. El leve refuerzo que hubiera significado la frustrada Constitución, quedó aún más aguado en el Tratado de Lisboa. 

Por Javier VELASCO

Para tener una opinión, siempre sometida a prueba, hay que tener un buen
diagnóstico. Para proponer una solución, cuando se trata de seres humanos y
trabajadores por cuenta ajena, hay que tener una gran capacidad de empatía, cosa, en principio, fácil, si consideramos que la mayoría de nosotros somos de esa naturaleza. Sin embargo, observamos una gran cantidad de opiniones sin buenos diagnósticos y una escasa empatía. Eso lleva a error. ¿Qué da calidad a un diagnóstico? La ausencia de prejuicios y la consideración de la mayor cantidad de datos posible. Aún así, siempre es sana la duda. Esto viene al
caso porque, en las circunstancias actuales, es vital tener un buen diagnóstico
sobre la crisis, cosa que desgraciadamente no sucede. Y no me refiero a
diagnósticos a corto plazo y parciales, me refiero a tener una visión total, con
todos los ingredientes a considerar.

Una crisis como la que vivimos no es exclusívamente económica, es cultural y de civilización. Tendrá, por tanto, importancia histórica. Esto no se resuelve solo con equilibrios macroeconómicos ni con meros impulsos al crecimiento.
Para entenderlo hay que partir de un periodo excepcional en la historia del
crecimiento económico, y del contenido de ese crecimiento. Se trata del periodo que va de 1945 a 1973 en Europa Occidental. Lo que el economista francés Jean Fourastié llamó “Treinta Gloriosos”. Es la fase también llamada “sociedad de consumo de masas” o “sociedad del espectáculo”. En ese periodo se han producido muchos acontecimientos que tienen un enorme peso sobre nuestro presente y que conviene identificar.

Por Javier VELASCO

Todos los argumentos en que se basan las medidas llamadas de austeridad tratan de legitimarse en base al crecimiento económico que se producirá una vez que la economía pública y privada esté saneada. Esto significa que la crisis es diagnosticada como una contingencia originada por la irresponsabilidad conjunta de los compradores de vivienda y de los prestadores de dinero. Así, los consumidores, que querían afanosamente tener un piso, se encontraron con unos bancos que no dudaron en prestarles dinero, obviando toda prudencia financiera. De esos polvos, estos lodos. La autoridad del sistema queda salvada y los culpables señalados: la población consumidora que compró lo que no tenía que comprar y los bancos que prestaron lo que no tenían que prestar. Ellos nos habrían llevado a la ruina y, por eso, tienen que pagar. Eso sí, más la población que los banqueros. Todos sabemos por qué. Pero la cosa es más complicada, y sobre ella hablaré en este y en sucesivos comentarios del blog. Una es la causa principal, varias las secundarias. La crisis financiera aparecería más bien como una consecuencia que como una causa. Un epifenómeno del origen: el fin de una época. Algunos rasgos de lo que serán comentarios futuros de este blog:

Edgar Morin y François Hollande


Debate entre François Hollande, candidato electo a la presidencia de la República  y Edgar Morin, filósofo y pensador de la complejidad.

François Hollande acaba de ser elegido Presidente de la República francesa. Una parte importante de Francia y de Europa ven en esta elección una esperanza, relativa pero esperanza al menos, de poder frenar las políticas de vaciamiento de las conquistas sociales de los últimos años. El periódico Le Monde publicó el pasado 4 de mayo un debate entre François Hollande y Edgar Morin acerca de las propuestas de salida de la crisis y el futuro de Francia y de la civilización en general. Por su interés lo publicamos, traducido, en este sitio.