Por Francisco FLORES TRISTÁN

Estamos en precampaña electoral y esta vez los datos de las encuestas nos hacen pensar  en unos resultados bastante menos previsibles que en ocasiones anteriores. La volatilidad es muy alta. No hace nada Podemos se situaba prácticamente en primer lugar. Tras las elecciones catalanas entra en crisis y cae en picado; últimamente parece remontar. Ciudadanos  estaba hace pocos meses en cuarto lugar, a distancia de los otros tres. Hace unos días un sondeo les daba como segunda fuerza, adelantando al PSOE.  Hace menos de un mes el PSOE  figuraba en primer lugar pero  el sondeo antes citado, hace menos de una semana, lo situaba en tercer lugar. Hay un dato sin embargo  que varía poco. Casi todos los sondeos dan al PP siempre en primer lugar aunque eso sí, perdiendo un gran número de votos y desde luego, la mayoría absoluta.

Por Francisco J. GONZÁLEZ VÁZQUEZ

En los últimos años se ha popularizado la consigna ¡Podemos!.

Es curioso que se olvide que su inventor próximo fue Obama con su ‘Yes, we can‘.

http://www.nytimes.com/2008/01/08/us/politics/08text-obama.html?pagewanted=all

(En donde, por cierto, este eslogan no sólo denotaba una voluntad política abstracta: también enunciaba la posibilidad de llevar a cabo varias acciones políticas concretas)

También es curioso que ahora utilicen el eslogan corrientes políticas pretendidamente más radicales.

El caso es que ‘podemos’ es una etapa en el desarrollo de una acción política. Otras etapas son, por ejemplo: ‘queremos’,’sabemos’, ‘analizamos’, ‘evaluamos’, ‘podemos’ (en esta posición de la lista) , ‘proponemos’, ‘convocamos’, ‘iniciamos’, ‘impulsamos’…

En el contexto de una acción, el uso habitual del vocablo ‘podemos’ aparece en frases del tipo: ¿Podemos hacer la acción X? Si, podemos debido a las razones A, B, C,…. O bien: No podemos debido a… etc.

Pues bien, es imposible hacer una pregunta acerca de si ‘podemos’ hacer algo, y mucho menos contestarla, sin ‘querer’, ‘saber’, ‘analizar’, ‘evaluar’, …

En este sentido, me temo que, para salir de la situación en donde nos ha metido la actual crisis, hace falta que ‘quieran’ unos cuantos sectores sociales fundamentales. Aquí, me voy a referir en particular al caso de la UPE.

Por Carlos ARENAS POSADAS

La mayoría absoluta del PP, la que consiguió en 2011 con celestiales promesas que engatusaron a esa parte de la población que tiene a gala pasar de política, ha producido la última de las cacicadas populares: cambiar por decreto la ley que regula la estructura de los grados universitarios, para que puedan pasar de cuatro a tres años, pasando los estudios de postgrado de uno a dos.

Sin consultar con nadie, se lanza, solo cinco años después de la última reforma en la universidad, a una nueva, con lo que coincidirán el próximo curso estudiantes de tres planes de estudios distintos: los de las extinguidas licenciaturas de cinco años; los de los actuales grados de cuatro y los de los nuevos grados de tres.

Cuáles son las intenciones y las consecuencias  de la reforma:

Una. Recortar el gasto universitario. Haciendo sencillas cuentas, con la reducción de un curso, sobrarán de las universidades un 25 por ciento de los profesores, lo que afectará, como ya lo está haciendo, a personas con muchos años en la carrera docente que tendrán un difícil encaje en el mercado de trabajo.

Dos. Reducir un año el grado universitario supone recortar  en un 25 por ciento la inversión familiar pero también el dinero destinado a subvencionar las tasas universitarias, a pesar de que en España sean unas de las más altas de Europa (recordar que el Estado subvenciona en torno el 80 por ciento del precio real de la matrícula). 

Por Javier ARISTU

Un fin de semana en Barcelona da para poco, o para mucho; depende de cómo lo veas. Si eres capaz de no recorrer la ruta turística de las Ramblas, plaza de Cataluña, el Born y otros enclaves inundados de nórdicos y europeos rubios puedes disfrutar de los barrios barceloneses de toda la vida. Yo, cada vez que voy por razones familiares, he fondeado mi barco en Gracia, el tranquilo, genuino y algo chic distrito de una Barcelona muy diferente a las anteriores.

Ya sabíamos que Gracia es barrio cercano al mundo de ficción y no tan de ficción de Juan Marsé. Es una zona de la Barcelona alta en sentido geográfico, en transición a las calles del Carmel y el Guinardó, barrios emblemáticos de una ciudad mestiza, dotada de diferentes culturas sureñas muy bien armonizadas con la original a lo largo del siglo XX.  En este último viaje  me he enterado de cosas muy peculiares relacionadas con este barrio de Gracia. Una, que contiene, o contenía hasta ahora,  dentro de sí una comunidad gitana trilingüe (ya saben, castellano, catalán y caló) que dio personalidad a la zona. Otra, la más curiosa: aquí nació la rumba catalana de la mano del patriarca de los Pescadillas, Onelo González, padre de Antonio González, el Pescaílla, marido de Lola Flores. La rumba: el himno nacional de una parte de Barcelona tras la difusión mundial obtenida con los discos de Gato Pérez, Los Chichos, Los Chuinguitos y el inolvidable y eterno Peret.

Por Francisco Javier MERCHÁN IGLESIAS

MUCHO me temo que la desafección ciudadana hacia las políticas que hacen los gobernantes alcanza ya a la política educativa. Mirando desde dentro, a veces uno tiene la impresión de que la política educativa nada o casi nada tiene que ver con lo que ocurre en el interior de los centros escolares, y de que el sistema educativo funciona sin un horizonte definido, meramente por inercia y por la vocación de muchos de sus profesionales. Los datos PISA son de fiabilidad discutible y se prestan a muy diversas e incluso contradictorias interpretaciones. Admitiendo esa versatilidad, no puede negarse, sin embargo, que el informe de las pruebas de 2012 ofrece algunos resultados que tienen gran valor indicativo.

1379920867505Por José María PÉREZ JIMÉNEZ y Pedro E. GARCÍA BALLESTEROS

EL poder teme la independencia. Por este motivo los que lo ejercen tratan de controlar los mecanismos que puedan amenazar la supervivencia de su estatus. Pero una sociedad democrática necesita resortes que garanticen los derechos de los ciudadanos para que las leyes se apliquen en condiciones de igualdad para todos. El ejemplo más paradigmático serían los jueces y fiscales, o los diferentes órganos de control y evaluación, como las inspecciones de trabajo, sanidad, hacienda, o educación.

Estos órganos administrativos necesitan, por definición, gozar de la independencia y autonomía que les permitan salvaguardar los derechos de los ciudadanos y el cumplimiento de las normas democráticamente asumidas. Obviamente, no se trata de una independencia absoluta, sino la necesaria para funcionar a modo de bisagra entre la sociedad y la administración. Equilibrio delicado que el poder puede romper, desde el momento en que los organismos encargados de la inspección son creados por la misma administración, lo que permite a ésta establecer las condiciones organizativas que impidan o dificulten el desempeño adecuado de sus funciones, sobre todo cuando éstas ponen en evidencia las políticas desarrolladas. Un buen funcionamiento de esa Inspección, garante del cumplimiento de la ley y de los derechos de los ciudadanos, la legitima como servicio público, pero exige una administración respetuosa con la ciudadanía y una ciudadanía celosa para exigir el respeto de sus derechos.