Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Yo, que fui tribuno de la plebe (versión sindicalista) en los setenta, conocía ya al patricio Trump cuando, en los ochenta,  era un icono de los jóvenes americanos.Donald era entonces un abanderado de la desregulación y yo, como sindicalista de una empresa nacional, Iberia, expuesta a los rigores de la globalización, defendía que los estados debían regular  el transporte aéreo.Durante décadas los sindicatos nos opusimos a la política de desregulación que propugnaban los neoliberales. Ganaron ellos.

Por Carlos ARENAS POSADAS

En 1980, Ronald Reagan fue elegido presidente de los Estados Unidos de América; su popularidad como político no se debía tanto a su mediocre carrera como actor de películas de serie B, como a su eficaz aparición como anunciante de crecepelos en la televisión. 36 años después, el más devoto de los clientes de Reagan, Donald Trump, ha llegado a la Casa Blanca. Ha usado para ello el mismo poderoso influjo de los medios, esparciendo a la población  el mismo contenido basura que consume cotidianamente en el plasma del saloncito: machismo, xenofobia, discriminación, amenazas, populismo del barato, etc., etc.

Que  toda esa infamia no era más que la carnaza que se le echa a los perros para que laman tu mano, lo demuestra el discurso que acabo de oírle como futuro presidente: la acritud ha dado paso a la bonhomía, la agresividad en el tono al sosiego  y la xenofobia a la unidad de todos los integrantes de la nación americana.  ¡U.S.A! coreaban los presentes en la sala de celebraciones ante la promesa de que la nación americana volverá a pesar en el mundo, de que construirá escuelas y hospitales aunque no se sabe cómo si todos los contribuyentes siguen su ejemplo de evadir impuestos.

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

No hay alternativa. Con solo tres palabras los neoliberales han impuesto su modelo de gestión de los cambios tecnológicos, sociales, políticos y económicos que se produjeron en los ochenta.

Dogma total, que afecta no solo a la economía, sino a la filosofía (pensamiento débil, pensamiento único, postmodernismo…), a la historia (el fin de la Historia)…sospechosamente total.

Por Javier ARISTU

De los debates en televisión… a la política, en el parlamento y en la calle: esa es la diferencia entre el día antes y el día después al 20D. Como de la noche al día. La política de verdad tiene algunos aspectos que a la gente no le gustan, que son rechazados por principio, como la que expresa esa obsesión tan española de estar siempre en contra del representante público, como si este fuera por principio el malo de la película; pero, al final, la política tiene el indudable beneficio de que es la que tiene que resolver (o intentarlo seriamente) los asuntos del común. Sin política muchos de nuestros asuntos no se arreglarán.

Por Javier VELASCO MANCEBO

Un juicio se realiza con la base de muchas ideas. Las ideas en que se basan los juicios deben ser muchas y verdaderas, nunca falsas. Desde que el mercado impera en  nuestras vidas, los juicios adolecen de poca calidad. Los juicios solo necesitan que sean aceptados por el mercado y que se incorporen al llamado sentido común, que, como podemos observar en muchos casos, puede ser un sentido falso, que no se apoya en ideas verdaderas. Lo mismo pasa con los juicios que se producen en el periodismo y en la televisión y, por supuesto, en el mundo político, empresarial o científico; en este último caso, los objetivos de investigación están sometidos, en la mayoría de los casos, al sentido común liberal y competitivo. La confusión con términos como tecnología, innovación, investigación, excelencia, etc., son un ejemplo del desconcierto que subyace en el forcejeo que existe por imponer una precisa interpretación de la realidad.

Por Javier ARISTU

En 1941 los ingenieros Javier Benujumea Puigcerver y  José Manuel Abaurre Fernández-Pasalagua, fundaron en Sevilla una pequeña empresa eléctrica titulada Abengoa. Décadas después, solo una generación posterior, la de los hijos del fundador, la firma  está en trance de quiebra. 25.000 millones de euros es su deuda con bancos e instituciones financieras. Sic transit gloria mundi sería un dicho que su fundador conocería dadas sus relaciones y querencias con los padres jesuitas. La otra querencia fue el poder político, sin nunca aparecer como otros industriales ligados a partido alguno. Pero bien conectados con el poder local, autonómico y estatal a través de matrimonios, funciones representativas y conexiones sociales. Su consejo de administración era un prodigio de buenas relaciones y conexiones con el espectro político del poder [véase el reportaje de El Diario.es]. Su fundación Focus ha llegado a ser el emblema de un activismo expositivo destinado a dar pátina cultural de prestigio a una influencia social que a su vez no era contradictoria con lo más arcaico y casposo del sevillanismo: Javier Benjumea Llorente, el mayor de la segunda generación, es el teniente hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Capital social, le llaman. Iglesia, industria, formación y política, los cuatro elementos de los abengoas. Ahora se ha agregado un centro universitario, la universidad Loyola que, incorporando la ETEA de Córdoba,  tratan de levantar el Deusto andaluz a imitación del modelo vasco precisamente en el interior del campus de Palmeras Altas, la sede de la empresa en Sevilla. De dicha universidad es patrono Felipe Benjumea, el segundo de la saga, antes presidente factótum y ahora honorario de Abengoa.

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Algunas opiniones culpan de los actuales índices desaforados de desempleo a la revolución tecnológica derivada de la introducción masiva en los procesos productivos de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

Es cierto que nos encontramos bajo un nuevo paradigma en lo que respecta al modo de producción en los países avanzados. Los mandamientos fundamentales del paradigma anterior, el fordismo, han quedado ampliamente obsoletos. Recordemos cuáles eran esos mandamientos: producción concentrada en grandes unidades fabriles; mecanización y fragmentación de las tareas; jerarquización extrema del proceso mediante una cadena de mando que operaba desde presupuestos “científicos” y una fuerza de trabajo rígidamente subordinada, indiferenciada y “fungible” en el sentido de la posibilidad de reemplazo inmediato de cualquiera de sus unidades sin merma de la productividad del conjunto. Y como contrapartida, estabilidad en el empleo, salarios relativamente altos, compensaciones extrasalariales importantes (guarderías, campos de deportes, comedores, economatos, patronatos de viviendas), y protagonismo destacado de los sindicatos en la determinación de las condiciones de trabajo, en particular en los temas de salario, jornada, seguridad e higiene y formación permanente.

Por Javier ARISTU

Hace  menos de un año una parte considerable de fuerzas políticas de la izquierda no socialdemócrata, sin excepción, veían en Tsipras la pócima milagrosa para hacer posible el gran sueño de una izquierda transformadora y capaz de doblar el pulso al capital. Los vuelos a Atenas a codearse con el joven líder izquierdista se multiplicaron con una enorme rapidez. Un partido que hasta entonces era un minúsculo componente de esa “izquierda radical” que fluctúa por nuestro continente se convirtió, de repente, en el talismán de la batalla. Alexis Tsipras, el joven dirigente de esa formación política griega, y el núcleo de dirección de Syriza, habían logrado diferenciarse tanto de la socialdemocracia —mejor llamar al Pasok partido del social liberalismo a la luz de su práctica en los gobiernos que ha gestionado— griega como del comunismo del KKP, posiblemente el partido más ortodoxo, dogmático e intransigente de los que hoy permanecen con ese nombre. Tsiriza era el resultado de un interesante y dinámico proceso que llevó a esa “nueva formación política”, que en puridad ni es socialista ni es comunista, al gobierno de su país, Syriza pretende superar, en cierto modo, el campo de juego y el paradigma de la postguerra, hecho de confrontaciones, de bloques, de culturas políticas de izquierda enfrentadas y hoy, posiblemente, superadas. La radicalidad de Tsiriza era y es pareja a su novedad en el teatro de los partidos de las izquierdas europeas.