Por Javier ARISTU

Es posible, amable lector, que si entras en las próximas semanas en este blog descubras que no está actualizado y que no se renuevan las entradas: el verano es el culpable. Los que mantenemos este escaparate nos tomamos un respiro hasta septiembre. Confiemos en volver con más fuerza y más artículos. Gracias por tu comprensión.

 

A propósito de la desaparición de L'Unità. Viñeta de Mauro Biani publicada en el diario Il Manifesto del 31 de julio de 2014
A propósito de la desaparición de L’Unità. Viñeta de Mauro Biani publicada en el diario Il Manifesto del 31 de julio de 2014

Hace exactamente cien años comenzó una guerra europea que supuso, tres años después, más de ocho millones de muertos y seis millones de discapacitados. Aquel comienzo de siglo fue testigo de la irrupción de una nueva “guerra social” que, al calor de un industrialismo masivo europeo y norteamericano, llevó a las masas obreras a organizarse en sindicatos y partidos que propugnaban la reforma social o, directamente, la revolución con el mismo adjetivo. Aquella sociedad de proletarios, obreros, campesinos y empleados organizó una amplia red de periódicos, ateneos, clubes culturales, escuelas de formación que hizo del socialismo un objetivo de cultura y de liberación. La prensa obrera escrita fue el medio por el que los trabajadores difundieron sus ideas y cohesionaron un modelo utópico frente al de la burguesía y las clases dominantes. Tuvieron tiradas extraordinarias en los casos de aquellos países donde la industrialización y la población eran altas. Estos periódicos y semanarios eran difundidos y leídos por millones de europeos y, entre todos ellos, crearon una atmósfera cultural e ideológica que dio sentido a las luchas de aquellos años. Citemos algunos de esos periódicos: L’Humanité (Francia, fundado por Jean Jaurès en 1904), Le Peuple (Bélgica, salió por primera vez en 1848), El Socialista (España, su primera salida es en 1886), Mundo Obrero (España, 1930), L’Unità (Italia, 1924), Die Neue Zeit (Alemania, 1883). Sólo en el área del SPD, partido socialista alemán, se generaba una red de 19 periódicos diarios y 41 semanarios. Y muchos más por toda Europa.

Por Javier ARISTU

Carlos París falleció el pasado fin de semana. Con él desaparece una figura muy importante de la filosofía española y de la generación de intelectuales españoles que desde el temprano franquismo intentaron reencontrar zonas de contacto con  el pensamiento anterior, el de la república, y con  el europeo. Carlos París, nacido en 1925, vive sus primeros años escolares en la II República pero tendrá que pasar por la universidad franquista, por aquella facultad de Filosofía y letras donde, según nos cuenta, el escolasticismo y el dogmatismo anacrónico debían campar por sus respetos. París simboliza, como otras figuras ya muertas y otras todavía afortunadamente en nuestra presencia, esa generación, o esas generaciones, que no tuvieron la posibilidad de crear su pensamiento en plena libertad y democracia. Fueron generaciones de resistencia, de dura resistencia frente a la intolerancia, la dictadura y la represión. Y así y todo crearon pensamiento que permanecerá por mucho tiempo.

Por Javier ARISTU

El ya fallecido historiador británico Eric Hobsbawm habló del “siglo corto” al referirse al pasado siglo XX. Con ello intentó precisar los “límites del siglo” a partir de lo que él consideró acontecimientos decisivos, de época: la revolución rusa de 1917 y la caída del muro de Berlín en 1989. De esta forma, nuestro ya pretérito siglo se habría caracterizado por una enorme potencia en los acontecimientos puntuales —una revolución política y  social de alta intensidad, dos guerras, europea y mundial, de extraordinaria capacidad destructora, procesos de genocidio, etc.—, una profunda modificación de la geopolítica, un asombroso progreso en la forma de vida y de bienestar de las llamadas sociedades avanzadas y, además, el ingreso en la política mundial de los países del entonces llamado “tercer mundo”, hasta entonces marginados de los procesos diplomáticos y de poder. Y todo  en un breve espacio de tiempo, 70 años.

Por Javier ARISTU

En estos días de vacaciones y reencuentros familiares tiene uno todavía tiempo de hacer algo más que comer, beber (poco), charlar de viejas historias familiares y disfrutar del tiempo con las personas que a uno más le interesan. En ese tiempo extra de ocio me estoy dedicando a volver a repasar episodios de la serie televisiva los Sopranos, para mi gusto una obra de arte. Creo que sus episodios constituyen una antología de obras maestras, una detrás de otra, del cine y de la psicología humana. La temporada cuarta me tiene atrapado de nuevo: las ilusiones amorosas de Carmela con Furio, el juicio del tío Junior, las nostalgias y recuerdos de las amantes de Tony, la adolescencia y relaciones familiares de Tony Jr, el hijo, las intervenciones de Ralphie, ese histriónico gánster, uno de los grandes “malos” de la serie, y la inevitable caída en la dependencia heroinómana de Christopher Moltisanti. Todo en la serie funciona según un código humano muy peculiar y censurable pero que, si nos fijamos en el conjunto, se acompasa bastante bien con gran parte de nuestro mundo de sentimientos y acciones humanas.

1331464048_0Por Pablo DEL BARCO

“Cualquiera tiempo pasado fue mejor” (Jorge Manrique a la muerte de los padres, lema del Gobierno)

Me levanto agradecido a estos muchachos inconsistentes del Gobierno porque consiguen que no pase el tiempo, que nos sintamos más jóvenes. Con la revisión, -“transtemporalización” dirán ellos, tan brillantes con el nuevo pseudolenguaje que usan para explicar lo que no tiene explicación-,  de la ley del aborto,  nos conducen a nuestra oscura y nada permisiva juventud, nos recuerdan los primeros viajes al extranjero de muchas de nuestra muchachas, barriga incluida. Viajar era desacostumbrado, caro y difícil, pero las escapadas de dos o tres días a Londres estaban a la orden del día; era el único camino del aborto y de abrir los ojos al mundo; para las clases medias, aunque de tapadillo y con extravagantes explicaciones sociales. Las pobres tenían que cumplir su destino hasta el parto.