Por Javier ARISTU

El ya fallecido historiador británico Eric Hobsbawm habló del “siglo corto” al referirse al pasado siglo XX. Con ello intentó precisar los “límites del siglo” a partir de lo que él consideró acontecimientos decisivos, de época: la revolución rusa de 1917 y la caída del muro de Berlín en 1989. De esta forma, nuestro ya pretérito siglo se habría caracterizado por una enorme potencia en los acontecimientos puntuales —una revolución política y  social de alta intensidad, dos guerras, europea y mundial, de extraordinaria capacidad destructora, procesos de genocidio, etc.—, una profunda modificación de la geopolítica, un asombroso progreso en la forma de vida y de bienestar de las llamadas sociedades avanzadas y, además, el ingreso en la política mundial de los países del entonces llamado “tercer mundo”, hasta entonces marginados de los procesos diplomáticos y de poder. Y todo  en un breve espacio de tiempo, 70 años.

Por Javier ARISTU

En estos días de vacaciones y reencuentros familiares tiene uno todavía tiempo de hacer algo más que comer, beber (poco), charlar de viejas historias familiares y disfrutar del tiempo con las personas que a uno más le interesan. En ese tiempo extra de ocio me estoy dedicando a volver a repasar episodios de la serie televisiva los Sopranos, para mi gusto una obra de arte. Creo que sus episodios constituyen una antología de obras maestras, una detrás de otra, del cine y de la psicología humana. La temporada cuarta me tiene atrapado de nuevo: las ilusiones amorosas de Carmela con Furio, el juicio del tío Junior, las nostalgias y recuerdos de las amantes de Tony, la adolescencia y relaciones familiares de Tony Jr, el hijo, las intervenciones de Ralphie, ese histriónico gánster, uno de los grandes “malos” de la serie, y la inevitable caída en la dependencia heroinómana de Christopher Moltisanti. Todo en la serie funciona según un código humano muy peculiar y censurable pero que, si nos fijamos en el conjunto, se acompasa bastante bien con gran parte de nuestro mundo de sentimientos y acciones humanas.

1331464048_0Por Pablo DEL BARCO

“Cualquiera tiempo pasado fue mejor” (Jorge Manrique a la muerte de los padres, lema del Gobierno)

Me levanto agradecido a estos muchachos inconsistentes del Gobierno porque consiguen que no pase el tiempo, que nos sintamos más jóvenes. Con la revisión, -“transtemporalización” dirán ellos, tan brillantes con el nuevo pseudolenguaje que usan para explicar lo que no tiene explicación-,  de la ley del aborto,  nos conducen a nuestra oscura y nada permisiva juventud, nos recuerdan los primeros viajes al extranjero de muchas de nuestra muchachas, barriga incluida. Viajar era desacostumbrado, caro y difícil, pero las escapadas de dos o tres días a Londres estaban a la orden del día; era el único camino del aborto y de abrir los ojos al mundo; para las clases medias, aunque de tapadillo y con extravagantes explicaciones sociales. Las pobres tenían que cumplir su destino hasta el parto.