Por Javier ARISTU

En estos momentos tocaría hablar de Grecia. Es el asunto clave, decisivo de este arranque de verano pero no voy a decir nada nuevo que no se sepa ni aportaría ningún elemento innovador al cúmulo de análisis, opiniones y juicios sensatos que se vienen difundiendo desde el sábado noche. Lo que podría regalar a raudales es cabreo, mucho cabreo por lo que está sucediendo en relación con el país heleno, y su gente.

Hablemos de Andalucía, de los EREs, del partido gobernante y de la ética.

Finalmente, el magistrado del Supremo, Alberto Jorge Barreiro, ha resuelto imputar a dos ex presidentes de la Junta y a un ex consejeros de la misma por el presunto delito de prevaricación, y, a otro ex consejero de Empleo por el delito, además, de malversación. Lo que fue la estructura de mando de la Junta de Andalucía y del PSOE andaluz durante la década de comienzos de siglo (Chaves, Griñán y Zarrías), íntimamente relacionada con la del partido en Sevilla (Viera), tendrá que pasar por el nada deseado camino de un  juicio oral, no sabemos todavía si  en el Supremo o en otro tribunal. El golpe asestado por esta decisión del magistrado Barrero coloca a los inculpados en una situación que, hasta ahora, parecía casi imposible —siempre habían manifestado su desconocimiento de la trama— y a su partido con un problema de primer orden y que viene a ser una dificultad muy grave en los planes tanto de Susana Díaz como de Pedro Sánchez: dos presidentes federales que fueron del PSOE, un miembro de la ejecutiva con Zapatero y otro que llegó a ser responsable durante varios años de la organización más poderosa y emblemática del partido (Sevilla), son inculpados de delitos muy graves cometidos en sus etapas de servidores públicos.

Por Javier ARISTU

Andalucía está aportando a la cultura política contemporánea española algunos elementos y valores que no son precisamente halagüeños a la hora de pensar un futuro de pluralidad estable. Los meses transcurridos bajo el gobierno -ahora y todavía provisional- de Susana Díaz no inspiran al optimismo. Desde la toma de posesión de la actual Presidenta, por renuncia voluntaria de José Antonio Griñán, hasta estas semanas de juegos postelectorales y de intentos de formar gobierno las acciones y comportamientos expresados por Susana Díaz no muestran precisamente una actitud política coherente y lo que podríamos denominar seria. Desde el momento en que concibió las elecciones anticipadas como forma de reasignar su poder en Andalucía y fuera de Andalucía, hasta estos momentos en que parece jugar con otras nuevas elecciones que, cree ella, la llevarían a la mayoría absoluta, única forma al parecer de ser Susana, el comportamiento de la encargada de proponer gobierno no expresa sino un conjunto de pasos destinados a crear mayor inestabilidad en nuestra Comunidad.

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Las pasadas elecciones municipales y autonómicas no han deparado grandes sorpresas pues la mayor parte de las novedades ya estaban adelantadas por las encuestas pero sí pequeños matices muy interesantes de comentar tanto por lo que reflejan o representan como por las posibilidades que abren de cara al futuro. Ya se sabe que a menudo en la letra pequeña de los contratos está la sustancia de los mismos. Repasemos el resultado de las principales fuerzas de ámbito estatal para poder extraer después las consecuencias que a mi juicio se pueden derivar de los mismos.

  1. El PP ha sufrido un descalabro. Esto parece la “crónica de una muerte anunciada”. Ha perdido más de 10 puntos porcentuales desde 2011, todas las mayorías absolutas en los Parlamentos autonómicos y la mayor parte de las de los Ayuntamientos, especialmente en las grandes ciudades. Esto lo habían previsto los analistas y las encuestas y es resultado de la política económica seguida, especialmente del recorte del llamado “estado del bienestar” y de la corrupción generalizada. No me voy a detener en lo ya sabido pero sí en un aspecto que a mí me parece no suficientemente comentado. A pesar de todo sigue siendo la primera fuerza política con un 27,05% de los votos en las elecciones municipales, un 29,98 en el conjunto de los Parlamentos autonómicos que se han renovado. Y, lo que para mí es más significativo, conserva el papel de primera fuerza en la mayoría de las Autonomías y en las grandes ciudades.  Habrá quien argumente que esto es lógico porque la Izquierda está extraordinariamente fragmentada y la Derecha agrupada en torno al PP. Pero esto ha dejado de ser cierto en las pasadas elecciones. El PP por vez primera (el papel de Vox no ha dejado de ser “anecdótico”) ha tenido un competidor por la derecha, “Ciudadanos” que representa una Derecha, o si se quiere un centro-derecha, moderno, liberal y europeo. Y aún así conserva el papel de primera fuerza. Si sumamos el PP y Ciudadanos las dos fuerzas de la Derecha son mayoritarias en gran parte de las Autonomías y Ayuntamientos, entre ellas la Comunidad de Madrid (a pesar del estercolero de corrupción evidenciado por los procesos e imputaciones antes y después de las elecciones) o Ayuntamientos como Málaga  y Granada.

Por Ramón BARRAGÁN REINA

 La política andaluza se ha complicado desde las elecciones del 22 de Marzo: ha entrado en un laberinto del que no se vislumbra una salida positiva para los andaluces. A dos meses de las elecciones aún no hay un nuevo gobierno en Andalucía que pueda hacer política que intente resolver los muchos problemas existentes en nuestra Comunidad Autónoma.

            La estrategia puesta en marcha por el PSOE para conseguir la presidencia con la abstención de alguna o algunas fuerzas políticas, no lleva muy lejos. A la vista está: ya son tres las votaciones en el Parlamento y los números se repiten (47-62). No hay salida, y si la hubiera, podría ser peor a estas alturas, sería “pan para hoy y hambre para mañana”. Susana Diaz formaría el Gobierno andaluz más inestable de la Historia andaluza, quedando a merced de las posibles fuerzas abstencionistas, que son diversas y tienen poco tienen en común. Todo deberá ser negociado, lo cual no es malo en sí mismo, sino todo lo contrario, pero visto lo visto todo cada asunto se puede eternizar. Parece que no se han medido las consecuencias o quizás sea que no importan, porque el objetivo es formar gobierno y después ya veremos, mientras los demás afilan sus garras para las siguientes batallas.

Por Javier ARISTU

Los avatares de la situación parlamentaria andaluza —la más real va camino del Rocío o de la playa, según como se mire— está provocando reacciones y opiniones curiosas, llamativas en algunos casos, como comentaremos a continuación. Incluso ha provocado encuestas peculiares como la de El País-Metroscopia del pasado 18 de mayo sobre la opinión de los andaluces acerca de una repetición de las elecciones autonómicas en nuestra Comunidad. Las encuestas y los estudios demoscópicos tienen el valor que tienen y además, en algunos casos (veremos el nivel de acierto en las municipales del domingo 22 de mayo) se equivocan. El problema no es que se equivoquen las encuestas; estas se hacen para medir la temperatura social en ese momento que, como temperatura y como sociedad, es algo voluble y cambiante por lo que no nos debemos escandalizar de sus errores. El asunto es cómo ciertos medios entran en liza parlamentaria publicando aquellas noticias y reportajes que le pueden venir bien para sus propios intereses.

Hablaba antes de reacciones y opiniones curiosas o llamativas. Algunas hay, como las del ex parlamentario y dirigente socialista Luis Ángel Hierro. En un artículo firmado en Andalucesdiario encauza su indignación por la inexistencia de acuerdo para dejar gobernar a la candidata de su partido, critica a Podemos, Ciudadanos, PP e IU por impedir ese hecho y defiende la independencia de los procesos electorales andaluces respecto de cualquier otro con la idea de destacar la importancia de la autonomía andaluza. Nada que no sea legítimo dentro del campo de la opinión personal y política por lo que no voy a polemizar con él en relación con su criterio sobre el actual desacuerdo y estancamiento parlamentario. Sí me resulta chocante su canto a la importancia de la autonomía andaluza cuando afirma: «Aquí el problema es que, por tactismo político, PP, Podemos, Ciudadanos e IU echan por tierra el trabajo que venimos haciendo los andaluces y andaluzas desde hace 35 años para defender nuestra singularidad y nuestro autogobierno y separarnos de la tendencia uniformista y centralizadora que siempre ha querido la derecha para esta tierra».

Por Francisco PALERO GÓMEZ

Aun a riesgo de no ser preciso en el análisis por ver la realidad política andaluza desde la distancia e influido por los voceros – en las tertulias no descubro  analistas – me voy a adentrar, siguiendo la reflexión publicada por Aristu, en el suceso de la no investidura de una Presidenta que apareció en la escena política por mor de la designación a dedo y que pretende hoy repetir, fundada en la razón cierta de representar a la fuerza más votada de Andalucía, pero – al menos eso es lo que trasmite – haciendo caso omiso a la aritmética, esto es, al hecho cierto de que han sido mayoría los andaluces que no le dieron su apoyo en las elecciones por ella convocadas.

El hecho, el suceso – o el insuceso –, me conduce a tres reflexiones enlazadas.

1.- La singularidad andaluza.

Señalemos lo obvio: Andalucía celebra su fiesta el 28 de febrero y – a diferencia de otras comunidades históricas – en conmemoración de una batalla (política) ganada: la que asimiló esta comunidad a las de origen histórico, la que permite a Andalucía elegir sus gobiernos en espacios temporales diferentes al resto de las autonomías y por ello reafirmando su identidad conquistada y sin injerencia dependiente de los avatares de otras realidades políticas.

Por Carlos ARENAS POSADAS

El viejo reloj de la política andaluza lleva casi dos meses parado. Crece la presión mediática (o mejor decir la publicidad encubierta) y emocional para que se ponga cuanto antes fin a esta situación de interinidad provocada (repiten a coro) por los “tacticismos” de quienes se oponen a la investidura. La candidata a la presidencia de la Junta quiere gobernar a toda costa (debe ser demasiado duro admitir que con ella se puede acabar un “fructífero” modelo de gobernanza de más de 35 años) sin importar cómo ni para qué; lo mismo vale un roto (y se recuerda a Rajoy aquello del apoyo a la lista más votada) que un descosido (intentando atraerse al mismo tiempo a fuerzas tan dispares como Ciudadanos y Podemos).

A pesar de tanta alarma por el desgobierno, la vida sigue igual. Nada de lo que era firme se ha derrumbado. No obstante, quienes reclamamos un tiempo de reflexión en este momento de la historia andaluza constatamos que, efectivamente, la presidenta está rebajando la dosis diaria de egolatría, pero que no se está aprovechando el desconcierto provocado por el evidente fracaso de su decisión de adelantar las elecciones. Dicho de otra manera, algo viejo se muere pero nada nuevo está naciendo. Es más, se corre el riesgo de que, como tanto se publicita, lo nuevo se identifique con “tacticismo”. Un mensaje que cala bien en el subconsciente popular machacado secularmente por la idea de que el “régimen” representa la centralidad y procura el bien común frente a las ambiciones personales de los “políticos”.

Por Francisco DURÁN LAGO

Pasaron las elecciones del 22 de Marzo, y de inmediato vamos a votar en las del 24 de mayo. En las autonómicas del 22M los andaluces, con su voto (los que votaron), han dibujado un mapa político que ya era previsible pero que al final ha sido mucho  más amplio y diverso del que existía antes aunque en absoluto consolidado, de momento.

Los antecedentes de las elecciones del 22M son ya conocidos, puede que  no lo suficiente pero, al menos tenemos una gran parte de los elementos que explican  por qué se convocaron las elecciones. Lo importante actualmente es que, en lugar de tres fuerzas políticas, pasamos a cincos, hecho que recoge la pluralidad más amplia del pensamiento  del pueblo andaluz. El actual parlamento está compuesto en una parte por veteranos y en otra por una mayoría de nuevos diputados y diputadas con ninguna experiencia en el debate parlamentario, si bien los hay con algún recorrido en debates en las plazas de las ciudades, hechos que son muy interesantes pero distintos a la práctica parlamentaria.

Por Aurelio GARNICA DÍEZ

Algunas noticias recientes ponen de actualidad la importancia del sistema electoral y su influencia en la composición de los Parlamentos.

 El resultado de las elecciones generales del Reino Unido del 7-5-2015.

 El Reino Unido divide su territorio en 650 circunscripciones electorales y en cada una se elige un diputado. Sale elegido el candidato que obtenga más votos en cada circunscripción. Es un sistema mayoritario puro. Ello provoca unas claras desigualdades cuando se analizan los votos y escaños obtenidos por cada partido a nivel de todo el país. En las recientes elecciones la desproporción más clara es que un partido con 99.809 votos ha obtenido dos diputados y otro con 3.881.129 ha obtenido un único diputado. Los ejemplos se pueden multiplicar como se ve en el cuadro siguiente donde reflejamos los votos y escaños obtenido por cada partido.

Por Javier ARISTU

Nunca se arrepentirá lo suficiente Susana Díaz de haber adelantado las elecciones andaluzas al pasado 22 de marzo. Cada día que pasa es un grano en la cuenta de ese error. Antes dependía de una minoría que participaba dentro de un gobierno y ahora tiene enfrente a cuatro partidos que conforman una mayoría de rechazo, ninguno de ellos con posibilidad —de momento— de pactar con ella de forma estable y  que es posible que  nunca vayan a estar con ella en tareas de gobierno. De un gobierno de coalición en 2012, con acuerdo firmado, con tres consejeros de IU, y con un Maíllo y la mayoría de la dirección andaluza de esta formación que estaban a pesar de los pesares por mantener ese pacto de gobierno, Susana Díaz ha pasado a suplicar “que la dejen gobernar” en solitario. Y hasta ahora le han contestado que no.

La candidata socialista y antes presidenta pretendió cambiar, ahora se ve claro,  el ciclo electoral de este año 2015; lo que no se sabe es que con qué finalidad. Desde luego, y a la vista de los resultados, no parece que a pesar de haber mantenido los mismos escaños, lo cual se puede considerar un éxito en los tiempos que corren,  haya conseguido un triunfo político. La aritmética parlamentaria es la que es. Susana Díaz y el PSOE andaluz están ambos peor que antes. Cuando adelantó las elecciones, situándolas dos meses previos a las municipales y autonómicas y medio año de las tan decisivas generales de final de 2015, creía romper un hipotético curso de descenso de su partido y que, con los resultados que esperaba, la situaría en una plataforma inmejorable para gobernar Andalucía e influir a su vez en la política española. Se ha topado con el enorme escollo de que le faltan 8 escaños para tener la mayoría absoluta y, lo que es peor, enfrente tiene cuatro partidos y 62 diputados que están en el lado completamente contrario: no quieren pacto de gobierno de ningún tipo pero tampoco están dispuestos a dejarla pasar de rositas absteniéndose en la investidura “para dejarla gobernar”.