El próximo día 2 de diciembre están convocadas elecciones autonómicas en Andalucía. De las mismas saldrán el nuevo Parlamento y el Gobierno que dirija los asuntos regionales los próximos cuatro años. Asistimos ya  a los consabidos “enfrentamientos dialécticos” –es una manera de definir los rifirrafes entre candidatos– donde se “discute” –es otra manera de hablar– sobre los asuntos de estas elecciones.

Por Javier ARISTU

Seguimos hablando de Andalucía y Cataluña, las dos comunidades autónomas que seguramente van a protagonizar el inmediato futuro. Dos protagonistas del diálogo interterritorial por condiciones naturales: son las dos comunidades más pobladas de España (8,4 millones Andalucía y 7,5 millones Cataluña), ambas han jugado históricamente un papel decisivo, aunque muy diferente, en la gobernación de España y mantienen entre ellas una “especial relación” por causa de la emigración/inmigración de más de un millón de andaluces a Cataluña en las décadas pasadas. Como alguien muy acertadamente señaló en los recién celebrados Diálogos Catalunya Andalucía, el factor inmigración se ha constituido en un “factor fundante” de la nueva Catalunya, la democrática que surgió a lo largo de los años setenta. Efectivamente, ese hecho ha sido elemento fundador de esa Cataluña que hoy, décadas después, pasa por riesgos y aventuras surgidas de un “factor identitario” que solo puede traer partición y división.