Foto por sevillareport
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Por Francisco J. GONZÁLEZ VÁZQUEZ

La reciente huelga de la empresa de basuras Lipasam de Sevilla es un estupendo caso para reflexionar sobre las huelgas en los servicios públicos.

La recogida de basuras no sólo es un servicio público (y en este caso ejercido por una empresa municipal) sino que también es una actividad relacionada con el derecho a la salud, por lo menos a cierto plazo. Por lo tanto, el conflicto de Lipasam no es un simple asunto de empresa y trabajadores, sino que es una cuestión de tres: el Ayuntamiento, los trabajadores y los ciudadanos de Sevilla, los cuales entramos en el conflicto por partida doble: como propietarios de la empresa (municipal) y como afectados por la recogida de basuras.

Ya que se habla tanto de transparencia, resulta que este tipo de conflicto requiere máxima transparencia por las dos partes: Ayuntamiento-empresa y sindicatos-trabajadores. Máxima transparencia quiere decir todos los datos y todas las propuestas. Todos los datos: situación económica de la empresa (Ayuntamiento), condiciones laborales actuales (salarios, jornada, etc), limitaciones externas (por ejemplo, medidas económicas del Gobierno o de la Junta) y previsiones. Todas las propuestas: básicamente nuevas condiciones laborales que se proponen en relación con las actuales.

 A pesar de que algunos comentaristas y medios de comunicación han dado la victoria a alguna de las partes y alabado su comportamiento, desde el punto de vista de los ciudadanos la cosa no es así. Creo que desde el punto de vista de los ciudadanos a las dos partes hay que darles un cero en transparencia y comunicación. Resumo algunos elementos. He utilizado la información del Diario de Sevilla (DS) y de El Pais (EP).

Por Carlos ARENAS POSADAS

Foto por Sterneck
Foto por Sterneck

El pasado día 26 de febrero participé en la última de las mesas redondas que los promotores de Encampoabierto organizamos bajo el título general  de “¿Tiene la izquierda respuestas para la crisis?”. En concreto, la última de las mesas recibía el subtítulo de “Alternativas para el gobierno de una crisis”. La presente entrada en el blog tiene por objeto poner por escrito argumentos y propuestas que, en vivo y en directo, quedaron mutilados, subliminales y confusos.

Empecé diciendo que la crisis actual, como las anteriores de  1820-1880-1930-1970, no es la crisis sistémica del capitalismo  —véanse las actuales tasas de crecimiento de los capitalismos en China o en América Latina—, sino algunas de las diversas modalidades de capitalismo que compiten entre sí en mercados globales. La crisis afecta sobre todo a la economía  europea, una economía altamente articulada por el euro, aparentemente regulada por el gobierno comunitario por ser un sumatorio de mercados, sociedades y modelos de capitalismos diferentes entre sí; tan diferentes que no se percibe con la misma intensidad los efectos de la crisis en Londres o en la cuenca del Rhur, sedes del capital financiero e industrial europeo, que en Grecia, Sicilia o Andalucía, sociedades impregnadas todavía de instituciones muy antiguas (el capitalismo nació en el Mediterráneo) que han entorpecido su desarrollo.

Seguí diciendo que, en el pasado, se salió de cada una de las crisis sistémicas, no con la destrucción del capitalismo como esperaba Marx, sino dando paso nuevas estructuras sociales de acumulación, nuevos  capitalismos que emergían con bases institucionales distintas a las del viejo capitalismo perdedor. Hoy, como diría Sarkozy, se está a la espera de la irrupción de un nuevo capitalismo, y este parece ser una sobredosis de capitalismo financiero donde rentistas y especuladores nos mantendrán inmersos en un rosario (más bien una ristra de chorizos) de  incertidumbres y temores, mientras la economía real intensificará la búsqueda de referentes en el capitalismo chino sobre la base de trabajo barato y ausencia de derechos sociales y democráticos.

Por Carlos ARENAS POSADAS

Los historiadores económicos son los intelectuales; los macroeconómicos son los semiintelectuales que dieron forma a las ideas, y luego están las abejas trabajadoras, que trabajan en lo micro, que no piensan y solo hacen números. Se eliminó a los historiadores porque, una vez que tienes la verdad, no quieres que el pasado sea examinado. Promocionaron a los semiintelectuales a los altares. Y elevaron a los que solo hacen números.

John Ralston Saul

psantelmoComo historiador, no deja de preocuparme el mal uso que se hace de la historia para justificar privilegios,  ambiciones o fracasos. Es más, como historiador me preocupa que la profesión no haya salido al paso de las tergiversaciones interesadas de la historia que sirven como suculento nutriente para las voraces pirañas que engordan con las especulaciones del día a día.

Los últimos tiempos nos aportan múltiples ejemplos del uso torticero de momentos históricos, al gusto del consumidor, para cuadrar los balances de las empresas.  Unos mercachifles encuentran ese momento la semana pasada; otros lo retrotraen poco menos que al neolítico.