¿Tienen futuro los pactos? (1)

Puente. Foto Flickr por Laura Pontiggia

Por Francisco FLORES TRISTÁN

Antes que esa pregunta quizá tengamos que hacernos otra. ¿Son necesarios los pactos? Para contestarla lo primero es calibrar la importancia de esta crisis. La comparación más cercana es la de la llamada “gripe española” que afectó al mundo hace ahora 102 años.

Aquella pandemia provocó al menos unos 40 millones de muertos en todo el mundo y unos 200.000 en España (los datos de la época no son precisos y probablemente fueron muchos más). Aunque la actual pandemia no ha terminado, teniendo en cuenta que el número actual de muertos se cifra en algo más de 200.000 en el mundo y algo menos de 24.000 en España, no parece que ni de lejos vayamos a alcanzar los efectos tan terribles de hace 100 años. Los avances de los sistemas sanitarios y el confinamiento, que en 1918 apenas se llevó a cabo, seguramente nos van a ahorrar millones de vidas humanas. Cosa distinta son los efectos económicos y sociales de esta pandemia. Renuncio a establecer comparaciones con la situación de hace 100 años cuando a los efectos de la epidemia se sumaron los de la crisis de posguerra (del final de la I Guerra mundial) que se prolongaron hasta 1923. Pero centrándonos en la situación actual el retroceso económico va a ser brutal sin precedentes al menos desde los años 50. El FMI pronostica un retroceso del PIB en España de un 8% en 2020 si bien predice que en 2012 habría una recuperación del 4,3%. Estos cálculos son aproximados; el retroceso real puede ser mayor o menor.  Dependerá mucho de las medidas que se adopten tanto a nivel europeo como en la misma España. De ahí la importancia del plan que adopte el Gobierno para salir de la crisis.

Por tanto volvemos a plantear la pertinencia de la pregunta: ¿es necesario que el Gobierno consensue un Plan con las principales fuerzas políticas y sociales o será capaz de hacerlo con los apoyos de la sesión de investidura? Dando por sentado que se mantuvieran los 167 votos favorables de la investidura, la volatilidad de las 18 abstenciones de ERC y Bildu dibuja un panorama parlamentario muy precario y todo ello sin contar con la necesidad de un amplio apoyo social, tan necesario o más que los apoyos parlamentarios. Los independentistas catalanes, lejos de declarar una tregua durante la crisis, han aprovechado la pandemia para intentar transmitir la imagen  (en palabras del Presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona) de que “España es paro y muerte y Cataluña, vida y futuro”. La portavoz del Govern, Meritxell Budó, ha afirmado recientemente que “si la Generalitat hubiera gestionado la crisis sin interferencias de España, hubiera habido menos muertos”. Argumenta que ellos hubieran decretado el confinamiento dos semanas antes sin recordar al parecer  que a finales de febrero organizaron una marcha de 100.000 personas a Perpiñán para homenajear a Puigdemont y que ningún dirigente de la Generalitat pidió al Gobierno ninguna medida de confinamiento antes de la semana del 9 al 15 de marzo.  Y esta línea no es exclusiva de Torra y su partido. ERC no ha cuestionado esta actitud, más bien la ha arropado (recuérdese la delirante crítica de Miquel Buch, de ERC por la “sospechosa cifra” de 1.740.000 mascarillas ofrecidas por el Gobierno interpretadas como una alusión a la victoria borbónica de 1714). No hay motivos para pensar que en el futuro inmediato Esquerra no vaya a seguir condicionando su apoyo a tal o cual avance de la Comisión bilateral o al cálculo electoral ante las nuevas elecciones catalanas. Si esto haría muy difícil la actuación del Gobierno en una situación normal, sería imposible en la situación tan crítica que atravesamos.

A nadie se le escapa que esta crisis va a ocupar todo el esfuerzo del Gobierno (del actual o de cualquiera que se viera en estas circunstancias) que tendrá que anteponer la salida de la misma a cualquier  otro objetivo inicialmente planeado

Por otra parte es comprensible la reticencia de sectores de Izquierdas que piensan que este Pacto podría aguar el programa progresista del Gobierno de coalición. Pero es que quien puede aguar todo no es un pacto sino la terrible pandemia que se nos ha venido encima y sus consecuencias. A nadie se le escapa que esta crisis va a ocupar todo el esfuerzo del Gobierno (del actual o de cualquiera que se viera en estas circunstancias) que tendrá que anteponer la salida de la misma a cualquier  otro objetivo inicialmente planeado.  Aunque no haya pactos el Gobierno tendrá que priorizar las medidas contra la crisis, lo que muy probablemente significará aplazar o ralentizar algunos de sus objetivos iniciales.

Pero además de conveniente… ¿es posible llegar a un gran pacto? Esto es lo más complicado. Con los mimbres actuales el panorama no es halagüeño. En primer lugar el formato acordado entre Sánchez y Casado, el de una comisión parlamentaria, no parece el más adecuado. Por supuesto que cualquier acuerdo al que se llegue tiene que ser claro y conocido. Pero ¿es necesario que la negociación para llegar al pacto se haga delante de los medios de comunicación? No recuerdo ningún acuerdo al que se haya llegado con ese sistema. La negociación y la transacción inherente a la misma requieren un mínimo de discreción. Por otra parte hay partidos como Vox que han anunciado por activa y por pasiva que no quieren pacto, que lo que quieren es que Sánchez dimita. ¿Esos partidos van a estar en la Comisión? ¿Para dinamitarla? ¿Tendrán la coherencia de no asistir ya que no están de acuerdo en el objetivo? La clave del asunto está en el principal partido de la oposición, el PP.  Hasta ahora todos los indicios apuntan a que el PP ha aceptado la Comisión para no aparecer como intransigente pero la intención no disimulada es aprovechar la pandemia para “hacer sangre”, para forzar una crisis que dinamite la coalición y le lleve a corto o medio plazo al poder. La actitud desplegada por el PP con continuas descalificaciones al Gobierno, haciéndole culpable de los muertos por la epidemia, avala esta sensación. no olvidemos que este no es el PP de Rajoy y Sáenz de Santa María (quien iba decir que llegaríamos a añorar a Rajoy), es el de Casado, Ayuso y Cayetana, animados e inspirados por Aznar que, desde su dorado confinamiento de Marbella, destila todo el rencor acumulado por la marginación en que se sintió durante el mandato de Rajoy. Ahora parece llegada su revancha sobre el sector del PP, en el que se encuadran todavía algunos de los “barones”, que preferirían mantener el “carácter centrista” del partido.

La mayor esperanza que parece tener el Gobierno para llegar a acuerdos con la oposición es la nueva actitud de Ciudadanos que, ahora sí por fin, parece haber aprendido de los errores de Rivera y está desplegando una actitud constructiva  muy alejada del radicalismo del PP y Vox. El Gobierno no debe desaprovechar esta oportunidad para negociar a fondo con esta fuerza política y llegar a acuerdos que posibiliten una salida negociada de la crisis. El inconveniente es que hoy Cs solo tiene 10 diputados, insuficientes para escenificar un gran acuerdo mayoritario de las principales fuerzas políticas del país pero suficientes con el apoyo de otras fuerzas minoritarias para aprobar cuanto menos los Presupuestos sin necesidad de contar con el dudoso apoyo de los independentistas catalanes.

Y por último sería fundamental que un pacto entre las fuerzas políticas se viera completado con un gran acuerdo social entre Empresarios y Sindicatos. La experiencia negociadora, el mayor pragmatismo (que conlleva menor sectarismo) y la necesidad de acuerdos para salir de la dura situación económica, que por desgracia va a derivar en la quiebra de numerosas empresas y un fuerte incremento del paro, hacen presagiar que las posibilidades de acuerdo entre los agentes sociales serían muy superiores en este ámbito de los agentes sociales que en el plano de los partidos políticos.

[Continúa]