Crisis de la izquierda y punto de vista

Foto Flickr por Paul Downey

Por Paco RODRÍGUEZ DE LECEA

Zoom
Vamos primero a la sustancia, y después hablaré un poco del pequeño milagro que ha sido la edición española de este libro de Bruno Trentin (La utopía cotidiana, Diarios 1988-1994. El Viejo Topo 2018).Un diario personal no destinado a la publicación es un instrumento de trabajo y un registro puntual, que el autor confecciona para sí mismo.

El diarista anota al hilo de los días las impresiones que recibe de los acontecimientos que le afectan de una forma u otra en los distintos ámbitos en los que todos vivimos en sociedad. Esas impresiones se registran “en bruto”, sin filtro ni selección, sin adorno estilístico, de forma muchas veces telegráfica y en clave para el uso propio, puesto que el objetivo no es transmitir ni comunicar nada a un “público” lector.El diario de una persona que ocupa un lugar prominente en su sociedad y en su país, presenta el aliciente de proporcionar acceso directo a las actividades de un protagonista de la Historia en mayúsculas, desde el punto de vista privilegiado de la interpretación y valoración que él hace en persona sobre lo que está ocurriendo. En tiempo real, además; es decir, no en la forma de unas Memorias confeccionadas, rectificadas y aderezadas a posteriori para dar cuenta a la opinión de lo que se ha hecho; sino al hilo mismo de la sucesión vertiginosa de los acontecimientos, en tiempos revueltos.Es el caso de Bruno Trentin (1929-2007), sindicalista, jurista y sociólogo italiano, en los años en los que ocupó la secretaría general de la CGIL, el mayor y principal sindicato italiano.Una crisis sin precedentes barrió en esos años críticos todo el territorio de la izquierda en Italia, en Europa y en el mundo, y puso en cuestión de forma tan cruda como repentina todas  las viejas certezas.

Por eso hablo de zoom al calificar el enfoque particular de este libro que nunca fue pensado para ser publicado. Coexisten en el texto ─muy directo, de una forma literaria muy poco elaborada─ niveles  diferentes que se superponen y encajan unos en otros como unas cajas chinas.El nivel de la identidad personal y familiar, en primer lugar; que contiene, además de los afectos y las aficiones del autor, la historia de una depresión de caballo. En la selección de los textos para la edición española, Javier Aristu y yo optamos por reducir este nivel a un “mínimo significativo”; es decir, dejar tan solo algunas breves notas indicativas de la tormenta íntima que agitó a Trentin en esos años. Rehuimos de esa forma el “morbo” que podía provocar en el lector una cuestión puramente accesoria y anecdótica.Segundo nivel, la historia del sindicato en unos momentos críticos. En un contexto de pluralidad sindical y de duras batallas por el predominio político (un nuevo avatar de la “correa de transmisión”) en la organización por parte de los partidos de una izquierda que se desmigajaba, Trentin se esforzó en afirmar la autonomía de la CGIL, eliminar de raíz la influencia de las “componentes” (comunista, socialista e independiente) que ocupaban un lugar estatutario en la dirección, y definir un programa propio, surgido y definido a partir de la propia fuerza organizada. Todo ello en unos momentos particularmente tempestuosos por la gran batalla política de la supresión de la escala móvil; por la reconversión del “viejo” PCI en el nuevo y efímero Partito Democratico della Sinistra, sumada a la escisión del grupo de la no menos efímera Rifondazione; y, más en general, por la pérdida de los referentes clásicos que supuso en las izquierdas del Occidente el derrumbe estrepitoso de la Unión Soviética.Tiananmen, la caída de Gorbachov y el ascenso de Eltsin, los equilibrios difíciles de la Unión Europea, la delicada situación mundial en un momento en que el mundo había dejado de pronto de ser bipolar, conforman un tercer ámbito temático en el que Trentin no es solo un espectador de primera fila, sino un protagonista activo. Él representa a una fuerza poderosa, la de un sindicato democrático de masas, el más significado del mundo occidental, y desde la autoridad que le concede esa posición, interviene, participa, se reúne, debate, presiona y sufre presiones. Lo que queda de todo ello en el Diario no es el relato de sus tomas de posición y de la influencia que tuvieron en la marcha general de los acontecimientos, sino el eco sordo de las batallas, las impresiones recibidas, el retrato instantáneo de los protagonistas que le han apoyado y con los que se ha enfrentado.Y finalmente, sobrenadando a todo ese magma, se sitúa en un lugar destacado en los Diarios la reflexión teórica, las notas de una lectura incansable y sistemática, y el esbozo de proyecto de una obra ensayística que dé cuenta al revés, desde el presente y hacia sus raíces hundidas a diferentes profundidades en el pasado, de la historia torturada de un pensamiento utópico-real según el cual el trabajo humano podría representar, más allá de un modo de vida subordinado y opresivo, la promesa de una liberación desconocida, la epifanía de una humanidad finalmente redimida.Esa obra fue escrita, y se llamó La ciudad del trabajo. En 1994, cuando Trentin abandona la secretaría general de la CGIL por coherencia consigo mismo, dolorido y al mismo tiempo aliviado, tiene ya en mente las líneas principales del libro proyectado. Su diario es también una mina en la que desenterrar los materiales en bruto de los que se valió para su magistral elaboración posterior de la historia de la gran utopía cotidiana de la izquierda.
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Fue Javier Aristu quien me dio la alerta, y me facilitó la compra de un ejemplar de los Diarios de Trentin en la edición italiana de Ediesse, al cuidado de Iginio Ariemma. Javier y yo nos cuidábamos ya de la edición de la revista electrónica Pasos a la Izquierda, y pensamos al principio en la publicación de algunos fragmentos largos, nada más.

El proyecto creció gracias a un viento favorable en el grupo de colaboradores de la revista, así en Sevilla como en Barcelona y en Pineda de Mar. Javier y yo hicimos una selección de entradas, algo más de la tercera parte del libro original. Las tradujimos a cuatro manos, las revisamos, les pusimos titulillos para marcar el paso de uno a otro nivel de reflexión.

Decidimos que aquello necesitaba un aparato considerable de notas, y una presentación adecuada. Las notas se convirtieron finalmente en un Glosario, en cuya redacción intervinieron Marcial Sánchez Mosquera y Javier Tébar Hurtado. De la presentación se hizo cargo Antonio Baylos Grau, que hizo mucho más de lo que nosotros podíamos imaginar: todo un ensayo autónomo sobre la significación de la obra de Trentin y sobre su difusión en España, a través principalísimamente del esfuerzo de José Luis López Bulla como traductor y como divulgador.

Teníamos ya el artefacto a punto. Bastó enseñarlo en la Fundación Primero de Mayo para sumar el apoyo entusiasta de Ramón Górriz, Bruno Estrada, José Babiano y seguro que me dejo a alguno más en el tintero. Javi Tébar activó las gestiones entre ellos y Miguel Riera,  de El Viejo Topo, para la edición en papel, que se resolvió con toda clase de facilidades por ambas partes.

Quedaba pendiente la cuestión de los derechos. Ahí intervinieron López Bulla y Quim González Muntadas con Gaetano Sateriale, director de Ediesse, que se encargó de hablar con la viuda de Bruno Trentin, Marcelle (Marie) Padovani. Marcelle cedió graciosamente los derechos para esta edición española, y así pudo nacer finalmente el libro, desde la convergencia de muchas generosidades absolutamente desinteresadas. Su trayectoria en las librerías no habrá sido famosa, me temo, pero es una apuesta firme de futuro, un libro cuya condición de indispensable se irá afirmando con el tiempo.