Confinamiento/25. Paranoias

Foto flickr Jeso Carneiro

Por Javier ARISTU

Un periodista brasileño, refiriéndose al estilo de gobierno de Bolsonaro, dice que «el presidente actúa como si estuviera en un ring contra supuestos enemigos en combates imaginarios». El actual presidente brasileño lleva adelante, antes desde su cargo de diputado ahora como máxima autoridad del país, una cruzada contra el mundo que no es el suyo. Desde unas posiciones completamente fuera de la razón azuza a sus seguidores contra todo aquello que él considera como «enemigo».

Bolsonaro concibe la política y la vida comunitaria como una guerra contra ese contrincante y para esa guerra vale todo: la mentira, la calumnia, las consignas más agresivas contra ese enemigo. Ahora, desde la propia silla presidencial, proclama y lanza la consigna de un gobierno militar para Brasil. ¡No es posible mayor insensatez!

Trump, otra cara de la misma moneda, desde la propia Casa Blanca está lanzando mensajes contra los gobiernos de los Estados norteamericanos y las medidas que sus Gobernadores tomaron ordenando el confinamiento en los hogares y el cierre de los negocios. Bajo los lemas de «Nuestros derechos son esenciales» y «Estados Unidos libre» miles de personas seguidores de Trump se lanzan a las calles reclamando el final de esas medidas de seguridad y la libertad de movimientos. Por no hablar de la campaña que está reforzando cada día que pasa de convertir a China en un «país criminal» por haber exportado el virus a los Estados Unidos.

Enemigos, ya ni siquiera adversarios. La convivencia entre individuos y entre países concebida como una guerra en la que tú te debes defender atacando con mayor fuerza. La política convertida en paranoia.

En España y en Europa no es exactamente lo mismo pero hay fenómenos, dirigentes y circunstancias que se parecen a las creadas por Bolsonaro o Trump. En un mundo basado en la democracia y en el valor de los derechos y del derecho, la actitud política se debe caracterizar por concebir la confrontación como «combate de ideas», de argumentos, de propuestas, nunca como una guerra donde vale todo. Una parte de nuestras derechas, digo una parte, apoyada y promovida desde algunos medios de comunicación, está en ese filo de la navaja tan sutil y fino pero que cuando lo atraviesas conviertes la política en la guerra del fin del mundo. O yo o él.

Todo esto indica que, de forma simultánea, se está reproduciendo un viejo mundo de imaginarios violentos y agresivos, en los que las referencias al fascismo y al nazismo no son gratuitas; pero, al mismo tiempo, nuevas formas de política autoritaria se están implantando en el mundo. Es como un nuevo coctel hecho de todo lo peor que ha dado la historia universal. Una nueva historia de la infamia.