Confinamiento/24. No estamos en 2008

Crisis Fishergate, Preston (Lancashire). Foto flickr por Chris

Por Javier ARISTU

Hay ya una cierta perspectiva –doce años– como para analizar aquella crisis de 2008 que a todos nos trajo de calle y aún hoy día sigue coleando. Diez años no son muchos para establecer grandes perspectivas sintéticas sobre la historia de las sociedades; más bien diría que es un plazo mínimo, pero, al perecer, ya se pueden establecer algunas conclusiones sobre lo que fue aquello que comenzó con el apellido Lehman. Adam Tooze habla de una “implosión del crédito interbancario”, implosión –nos dice– que nunca antes habíamos estado tan cerca de que se produjera, ni siquiera en los años treinta del siglo XX. Todo el entero sistema bancario y financiero del mundo estuvo afectado por aquella amenaza. Se había construido tal entramado de intereses e interdependencias entre las instituciones bancarias, ajenas al severo control de las instituciones mundiales ni de los bancos centrales, que el hundimiento de la banca Lehman Brothers arrastró a decenas de otros bancos en todo el mundo. En España sufrimos aquello de forma palpable.

Pero aquella crisis financiera fu sobre todo eso, financiera, y provocó posteriormente el reajuste del sistema bancario, de la legislación sobre los mismos, de los sistemas de crédito y de las relaciones interbancarias. En algunos casos claramente y en otros seguramente de forma muy tímida.

Hoy, la crisis que tenemos por delante no arranca del sistema financiero y es una crisis que afecta a todo el sistema económico –al financiero, al productivo, al de servicios. Pero, su novedad es que, en primer lugar y de forma directa está afectando a las familias, a la economía directa de las gentes, a las personas. 22 millones de parados en Estados Unidos significa que posiblemente muchos millones de esas personas no tendrán un ingreso este mismo mes de abril y no podrán adquirir suministros vitales. En España la cifra asustan: más de 3 millones de trabajadores afectados por los ERTEs,  aumento en 400.000 las prestaciones por desempleo. Los autónomos no se salvan tampoco de esta crisis: el 46% de los profesionales por cuenta propia con trabajadores a cargo ha suspendido o reducido la jornada de su plantilla a través de un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) y una cifra menor, un 16,5%, ha realizado despidos. En resumen, esta crisis desde el primer momento ha afectado directamente al bolsillo de millones de trabajadores, autónomos y pequeños y grandes empresarios de todo el mundo. En dos semanas vimos cómo el tsunami destructivo penetraba en todos los países, en todos los niveles de las economías, las más especulativas y las más reales. Es, por ello, un tipo de crisis peculiar, original y seguramente nunca vista antes. Por su rapidez, por su amplitud y por su potencia destructiva.

Por eso las políticas correctivas o sanadoras han sido distintas y tienen que ser distintas a las anteriormente aplicadas. Deben ser de aplicación directa al ciudadano o trabajador que se ha visto afectado: cheques directos de ayuda, rentas mínimas o ingresos vitales transferidas desde las administraciones a las cuentas de los afectados, créditos inmediatos y sin costes para la supervivencia de autónomos y pequeños empresarios, gracia de pagos de hipotecas, alquileres, cuotas, etc. Estamos asistiendo a un desfondamiento brutal de la economía real y el sistema financiero –público y privado– tiene que desdecirse de muchos de sus dogmas anteriores para resolver el problema número UNO: la salvación y supervivencia de las personas. Esto, entre muchas otras cosas, es lo que hace diferente esta crisis de la de 2008. Aquella fue “salvar” el sistema financiero privado que estaba atrapado en una red de fraudes, fantasías y burbujas. Se hizo a costa de que muchos peces desaparecieron en aquella tormenta. Hoy no se trata de salvar los bancos sino a las personas y por eso es tan importante reajustar las gafas con que se mira el panorama, los cristales que nos aumentan la realidad y las herramientas capaces de intervenir en la misma. Salvar a las personas, este es el objetivo número uno en este momento.

Postdata: he visto esta mañana los comentarios que a la cuestión de la crisis y el trabajo hacen tres ‘analistas por su cuenta’ en el blog Desierto de los tártaros. Es de obligada lectura.