Confinamiento/23. FG

Felipe González. Foto RTVE

Por Javier ARISTU

El confinamiento es muy aburrido. Para mí no lo es porque me dedico a hacer lo que hago generalmente, solo que de forma intensiva. Y no me canso, lo cual es una suerte. Entiendo sin embargo a otras personas y parejas que, trasmutados en seres encerrados con muchos juguetes y apartados de su rutina laboral, no saben qué hacer con tanto niño, tanta tarea casera a su alrededor, tanto tiempo sentado en el sillón sin no saber qué hacer…

Como también comienza a ser aburrido volver, una y otra vez, a recordar a los amigos y conocidos que no estamos en una rutina, que esta situación es harto anormal y original, que no existen medios conocidos y masivos para acabar con el virus, y con las formas e instrumentos rutinarios de la política, y que por tanto este gobierno no se basta solo para resolver el problema que se nos viene encima. Y, aclaro, les digo que eso no significa que haya que sustituir el gobierno. No, no sustituir, sino ampliar la base y campo de alianzas del gobierno para resolver este pandemonio.

Viene a cuento todo esto de unas «Ideas para acortar la distancia. De los Pactos de La Moncloa a una dinámica de acuerdos» que Felipe González acaba de lanzar a la opinión pública y que se pueden leer aquí. Algunos amigos me han salido raudos a descalificar tales ideas por la calidad del mensajero. Si lo dice FG…¡malo! ¿Y si lo dice PI? Veamos.

Nunca he sido devoto del estilo político de FG pero eso interesa un cuerno a quien pueda leer esto. Digamos que desde que tuve uso de razón política mis caminos fueron por otros, no divergentes en la mayoría de los casos pero sí paralelos o simultáneos; es decir, no coincidentes. Ahora bien, nunca tiraría a la basura un papel que viniera de la reflexión de FG.

Resulta que FG ha lanzado a la calle –y eso no es casualidad después de que José María Aznar haya lanzado su impertinente veto a una parte del gobierno– una reflexión sobre las lecciones que se pueden sacar de aquellos Pactos de Moncloa a los que él fue reticente y resabiado. Y lo que importan son, por un lado, las lecciones que el líder socialista saca ahora de aquellos acuerdos y de aquellos métodos de acción política, y, por otro lado, la convicción acerca de «la necesidad de llegar a acuerdos es hoy tan necesaria como lo era entonces». Leo con interés esto que escribe FG: «La opinión pública, como ahora, reclamaba y quería que hubiese acuerdos entre los representantes políticos. Nadie se planteó si debían estar o no los comunistas de Carrillo, ni los representantes del PNV de Ajuriaguerra, ni los nacionalistas representados por Roca, ni la gente de Fraga. No hubo vetos ni autoexclusiones». “Vetos y exclusiones”, precisamente lo que plantea Aznar desde Faes y destinado al joven Casado.

¿Repetir los Pactos de La Moncloa? No, no tiene que ser esa misma vía. Mejor será seguramente la de conseguir una «dinámica de acuerdos» que posibilite una atmósfera política y social de convergencia de intereses, diversos y distintos entre ellos pero convergentes en el objetivo mayor de “superar la depresión”. Modestamente, yo he hablado en este mismo blog de entramado de compromisos como fórmula flexible para entender que seguramente la escena de la firma todos juntos no se repetirá pero sí a lo mejor los compromisos comunes en ciertos acuerdos.

Yo animaría a mis cofrades y viejos amigos a leer con detenimiento el papel de FG. Hagan abstracción, si se puede, de la figura humana o de la trayectoria política y retengan dos cosas: una) es la primera vez en varios años que FG está dando aliento a Pedro Sánchez para que juegue un papel de catalizador político; y dos) está apostando por un programa de reconstrucción económica, social y político, con una base amplios acuerdos parlamentarios, sociales y territoriales, sin excluir a nadie salvo el que quiera marginarse. Son cosas que hace solo tres meses sería muy difícil de oír en boca de FG.

¡Cómo ha cambiado el mundo en dos semanas! Pero para algunos es como si casi nada hubiera ocurrido.