Confinamiento/ 22. El PNV y los pactos

Aitor Esteban

Por Javier ARISTU

Unas declaraciones del portavoz del PNV [La Vanguardia, 14 de abril] me inducen a comentarlas hoy. Dice Aitor Esteban que «más que en unos nuevos pactos de la Moncloa, la llave del horizonte político se encuentra en los próximos presupuestos generales».

Me da la sensación de que el portavoz nacionalista vasco, persona equilibrada y sensata, pierde de vista la gravedad y hondura de la crisis que se avecina. Uno se inclina a pensar que está mirando solo en su pequeño territorio del norte, en su enclave electoral, ignorando que la ola que viene va a llevarse por delante bastantes cosas que creíamos viables el pasado enero, incluidos baluartes industriales vascos. El problema, tal y como se está diagnosticando por parte de notables analistas económicos y sociales, no es asunto de un presupuesto de un año: lo que se nos avecina requerirá seguramente varios años de presupuestos. Quiero decir que la mirada corta, es decir, unos presupuestos de 2020, no podrán jamás asumir la importancia y dimensión de lo que hay que hacer. Por eso digo que el portavoz vasco sigue pensando en clave de enero de este año, cuando lo que estaba en juego precisamente eran unos presupuestos de 2020 y en los que, legítimamente, el grupo del PNV pensaba sacar todo lo que pudiera para sus históricas demandas frente al «gobierno de Madrid», dada precisamente la posición clave que el grupo vasco tiene actualmente en el Congreso de diputados.

Pero en abril de 2020 las cosas han cambiado espectacularmente y para ello necesitaremos no unos presupuestos 2020 sino unos acuerdos políticos y sociales más allá del año presupuestario, y que incluyan en dichos acuerdos a este gobierno y a esta oposición. Esta es la radicalidad y la novedad de esta nueva coyuntura. Habrá que construir unos presupuestos para 2020, obviamente y cuanto antes mejor, pero estos van a ser muy diferentes que los que podía tener previsto María Jesús Montero hace dos meses. ¿Cómo asumir en una política presupuestaria anual el cambio de situación económica, de empleo, de capacidad productiva, de impactos sociales que va a tener esta crisis? ¿Alguien piensa que en las próximas semanas vamos a asistir en el Congreso a un debate normal sobre presupuestos como si los diputados fueran extraterrestres discutiendo cifras que no tienen nada que ver con la realidad? Miremos si ha cambiado o no la previsión de ingresos provenientes de impuestos (¿cuántas empresas no van a poder pagar sus impuestos? ¿cuántos autónomos serán exentos o desaparecerán como impositores?), calculemos lo que nos vamos a gastar los españoles en atención social, en desempleo, en políticas de formación y reciclaje de trabajadores… en fin, un panorama de ingresos y gastos que tienen muy difícil encaje en la perspectiva típica de unos presupuestos anuales.

Los diputados nacionalistas vascos históricamente se han caracterizado en nuestra democracia por un sentido pragmático y realista de la situación y de la política. Hace ya unos años que el PNV dirigido por Urkullu se decidió por dejar atrás el alma sabiniana o independentista que personificó el anterior grupo dirigente (Arzallus, Egibar) y el lehendakari Ibarretxe, optando por un partido europeísta, negociador, exponente de una elite vasca adaptada a los nuevos tiempos y no con la boina y la txlaparta (perdón por el tópico). Y creo que todos nos podemos felicitar de ese giro estratégico porque incorpora a la gobernanza del estado a una fuerza que sabe «hacer política» y que prima la negociación-acuerdo sobre el enfrentamiento de matriz étnico nacionalista.

Ahora bien, en esta situación se le ve el plumero al diputado Esteban. Se le nota que no está por construir una «política de estado» que supondría, obviamente, la pérdida de importancia política y parlamentaria del PNV. Y es lógico. Toda minoría, y en este caso minoría territorial y parlamentaria, desea establecer una relación privilegiada con el gobierno del Estado para conseguir el máximo para su base social y para su territorio. Pero este no es el caso en el que estamos después del tsunami que nos está agrediendo. Política de cortos vuelos es aquella que solo piensa en sacar unos presupuestos generales del estado donde «mi territorio» obtendrá beneficios por mi posición privilegiada. No es difícil pensar que el PNV vería relativizarse su papel decisivo con el predominio de una política de amplios acuerdos gobierno/oposición ante la emergencia que tenemos. Pero esto es lo que hay: o se planifica una política a medio plazo que se base en un programa de reconstrucción apoyado por amplias mayorías políticas o asistiremos a una profundización de la crisis social de millones de personas, crisis que no podrá resolver ningún presupuesto de mayoría simple e inestables, aunque en ella esté el PNV.