Confinamiento/ 21. Influir, intoxicar

Foto flickr Daniel Lobo

Por Javier ARISTU

Llevo el confinamiento de forma más que aceptable. La edad, acostumbrada ya al retiro y el silencio, favorece un estado general de aislamiento. Lo cual es vía libre para que la lectura rellene buena parte de las horas de esta larga marcha por salir de la pandemia. En una de esas escapadas que estoy haciendo al siglo XIX, leo (Isabel II o el laberinto del poder, de Isabel Burdiel, ed. Taurus) que en torno a aquella desgraciada reina, y a su madre María Cristina, se formaron unos y diversos grupos en la Corte, en Palacio, que se dieron en llamar camarillas. Aristócratas nostálgicos del viejo régimen, burgueses con ansias de nobleza, varones aspirantes a la cama de la reina, clérigos y obispos, monjas y sus amantes formaron un variopinto grupo de presión que trataba de influir sobre la joven y alocada reina e impedía actuar con discreción y racionalidad al gobierno de la nación. Así entendía aquella monarquía y aquella casta noble su papel de influencia en esos tiempos.

En la España del siglo XXI tenemos monarca pero las camarillas ya no residen en Palacio. Desde hace ya varias décadas se ha recompuesto un modo de influir en la política de los gobiernos a través de, por un lado, la presión económica de quien puede presionar porque tiene medios y poder y, por el otro, a través de la contaminación comunicativa usando el instrumento de los medios de comunicación. Quienes tenemos ya unos años recordamos aquellos años 80 y 90 del siglo pasado cuando algunos medios, de papel, radio y televisión, se convirtieron en el ariete de una privatización del estado a través de las concesiones estatales de frecuencias de radio, captura de subvenciones y rescates de medios en ruina, cobra de sobresueldos mediante aguinaldos que salían de los propios ministerios, etc. Esos mismos medios usaban el chantaje de una denuncia escandalosa para influir en el propio gobierno y en su beneficio como empresa privada. Junto a esa táctica propia de películas de gánsteres se difundió un «modelo de periodismo» donde la intoxicación sustituyó a la información. Primero se sacaba el escándalo y, si este resultaba falso, no se corregía la noticia, se la dejaba correr como rumor que permanecería entre la colectividad. Desde aquellos años 80 se fue construyendo un viciado sistema de conexión entre poder político, poder financiero y medios de información que, con crisis, cierres, cambios de titularidad y reconversión, ha llegado hasta hoy en que las redes sociales han pasado a ocupar la primera plana y la vanguardia de ese modo de actuar.

La derecha sociológica, por usar una expresión que vaya más allá de lo que identifica el PP o Vox, hace tiempo que captó la importancia de contar con un engranaje de medios de información que estuvieran puestos al servicio de sus concepciones sobre la sociedad, la religión, la enseñanza, la nación o el poder. Para ello capta a comunicadores que, bien pagados y bien mantenidos, hacen lo que sea para satisfacer esos intereses. Este fenómeno es similar en otros países: en Estados Unidos fue fundamental para que Trump alcanzase la Presidencia y es hoy soporte fundamental de lo que llamaríamos la corriente del trumpismo. En torno al actual presidente se han formado un conglomerado de corrientes religiosas evangélicas, líderes políticos de los Estados, financieros, empresarios y medios de comunicación como la cadena televisiva Fox. Son el baluarte y el medio de difusión por todos los rincones del país de esa peculiar manera de ver la vida social que se basa en el privilegio del rico y el castigo al pobre.

En España también existe esa colusión de intereses entre política, religión, finanza, ideología y medios de comunicación. Por ello en estos momentos de crisis social se nota con especial virulencia el papel del rumor, el engaño, la manipulación y la intoxicación que ejercen determinados medios de comunicación. Para ellos nunca existirá la verdad de los hechos, estén los suyos en el gobierno o en la oposición. Lo único que les interesa es el poder de los suyos…y el aguinaldo mensual para ellos.