Confinamiento/ 20. Aquel PCE

26 04 1977 LEGALIZACION DEL PARTIDO COMUNISTA ESPANOL

Por Javier ARISTU

            Un día como hoy, hace más de cuarenta años, se legalizaba al PCE. Era un viernes santo, día del máximo dolor para los cristianos, cuando Suárez anunció el hecho que decidía definitivamente las cartas para la partida que se cerraría, momentáneamente, el 15 de junio, dos meses después. Hoy se coincide en el día cronológico y casi en el día santo. Es jueves santo y aquello se celebró el sábado santo, que algunos llamaron después «sábado santo rojo». Un calendario religioso para un partido hijo del diablo. Una persona querida me dice que hable de esto, del PCE. Para mí es ya hablar de pura antropología, pero necesaria en estos tiempos. Vayamos a ello.

Ni la melancolía ni la nostalgia pueden enturbiar una visión crítica de aquellos años. Hubo de todo, traiciones, errores, cambios de camisa, cambios de piel…pero tras aquel año y medio tempestuoso y que ya es Historia con mayúscula hay un relato ejemplar, el relato de unos protagonistas que fueron capaces de trasponer su interés particular por uno general. Los primeros de todos, los trabajadores que se movilizaron más que nadie en aquellos cortos y frenéticos años por la defensa de sus condiciones de trabajo y, especialmente y también, por la democracia. Hay que decirlo alto y claro: sin la movilización consciente, seria y responsable de unos pocos cientos de miles de trabajadores organizados –no fue la mayoría del pueblo español, como se dice en crónicas retóricas y flatulentas– habría habido Transición de la dictadura a un sistema democrático, sí, pero no sabemos a qué tipo de modelo democrático, o con qué hipotecas y cargas. ¡Y mira que la Transición real llevó las suyas! Sin la lucha de los trabajadores de Comisiones, especialmente, y sin el papel activo y responsable del PCE la Transición que vivimos no hubiera sido. ¡Hay que decirlo alto y claro!

Lo mismo se puede decir de su papel en los Pactos de La Moncloa. Fuerza política ya no decisiva, más bien modesta tras su 9 por ciento en las elecciones de junio de 1977, el PCE comprendió en aquel otoño decisivo que o se acordaba un plan de reestructuración económica o aquella democracia de dos meses corría peligro de bancarrota. No fue una jugada ladina y oscura del PCE para adquirir un protagonismo que no le habían dado las urnas; fue eso que a veces se usa de forma desmedida: tener sentido de Estado.

Hoy ya no existe el PCE, al menos aquel PCE. Queda un residuo simbólico con más ganga que mena. El PCE de 1977, el de 1956 y el de los años 60 y 70 se fue como un suspiro por el desembarcadero de la historia. Pero antes hizo su trabajo, el más duro y sufrido sin duda, de colaborar para traer la democracia para todos los españoles. Dio todo lo que tenía y desapareció de la vida diaria de este país llevándose con él entre otras cosas un sentido y una concepción de la actividad política que hoy se echa de menos.

La izquierda actual, la que está gobernando de forma razonable esta crisis, parece que ha entendido la gravedad de la situación y la urgencia de dar una respuesta ambiciosa, con sentido de Estado. No parece que así lo esté entendiendo el principal partido de la oposición. Sin embargo, no tiraría con artillería pesada contra esta derecha desubicada sino que trataría de transmitir ese discurso pedagógico de que hoy la sociedad española y europea está posiblemente ante un momento que denominamos de Historia con mayúscula y, por tanto, hacen falta respuestas y actitudes con mayúscula. Como se actuó en aquel inolvidable 1977.