Confinamiento/19. ¿Plan Marshall?

Banco Central Europeo. photoheuristic.info

Por Javier ARISTU

Lamentablemente, parece que no hay todavía una salida clara y una vía coherente para la solución a la previsible crisis económica que se va a dar en Europa, especialmente en los países del sur. Hoy leemos que Francia, a tenor de los datos de no crecimiento del primer trimestre –baja un 6 por ciento– ha entrado en recesión. Y Francia es una potencia industrial; no hablemos, por tanto, de lo que puede pasar en Italia o en España. Sin embargo, hasta el momento en que escribo estas líneas, no hay una propuesta clara acordada en la dirección de una propuesta de asunción de una «deuda europea» que sirva para financiar los enormes costos de esta crisis en los países de la UE.

De todos modos, y viendo cómo funcionan los pasillos y mecanismos europeos, no podremos decir tajantemente que no hay acuerdo. Siempre, creo, habrá una salida menor o mayor que permita encontrar una propuesta de solución. Quiero decir que, posiblemente, estamos entrando en un proceso sinuoso de presiones y tensiones políticas entre los estados europeos que durante semanas y hasta antes del verano nos tendrán pendientes. La crisis, sin embargo, no espera plazos y ya la tenemos aquí con nosotros. Cuanto más se tarde en encontrar un terreno común que incluya un compromiso europeo por asumir esos costos de forma comunitaria peor será para todos, pero especialmente para países como el nuestro.

En paralelo a este tablero de negociación europeo debería abrirse otro en España dirigido a encontrar un marco común que alcance medidas consensuadas destinadas a paliar y soportar las consecuencias terribles en la economía del país. La necesidad de ese gran acuerdo –al que algunos o muchos se refieren como nuevo Pactos de la Moncloa– me parece evidente. Es muy difícil de alcanzar dado el panorama de nuestro escenario político…pero en política cosas más difíciles se han visto. Pero para eso, como decía el otro día Nicolás Sartorius en TVE, hay que trabajarlo. Ningún acuerdo llegará caído del cielo. El primero que lo tendrá que trabajar es el gobierno y luego los partidos tendrán que retratarse. Y quien diga hoy que no, mañana tendrá seguramente un retrato negativo que le costará caro. La gente sabe que esto solo se superará a través de un plan acordado mayoritariamente.

Ahora bien, conviene desterrar cualquier referencia engañosa del pasado. Ni en la actualidad se dan las condiciones políticas, históricas y culturales de Moncloa 1977 ni es correcto hablar de un Plan Marshal. Hoy hay que trabajar con el mismo espíritu de esas dos iniciativas –que son consenso y voluntad de reconstrucción– pero sabiendo que son experiencias distintas. En Europa no es bueno hablar en 2020 de un Plan Marshall como en 1948. Aquello tuvo algunas características que hoy son imposibles de que se den. Primera, fue una iniciativa de los Estados Unidos, concretamente de su Secretario de Estado George Marshall que, inteligentemente, captó que la ruina de Europa tras la guerra no le convenía a los EE.UU y eran a la vez una ocasión espléndida para dar salida a la productividad y al comercio norteamericanos. Segundo, el plan no fue solo financiación monetaria sino, de manera destacada y prioritaria, consistió en un programa de provisión sin coste alguno de productos americanos a los países europeos de acuerdo con la demanda de estos. Es decir, Estados Unidos exportaba productos que demandaba cada país europeo, sin coste, con lo cual se construía un círculo virtuoso: EE.UU. exportaba, Francia (por ejemplo) se dotaba de bienes que no tenía y se creaba a la vez una economía real de intercambio dentro de Europa, y los EE.UU. estaban creando un mercado extraordinario para su economía y una zona de influencia y hegemonía ante el adversario soviético.

Hoy, a diferencia de 1948, se está hablando de financiación de la deuda que se generará en los países afectados por la crisis y que tengan que acometer políticas de reconstrucción de la economía, del empleo y de las infraestructuras y servicios. Seguramente, en el caso de España, se trata no de hacer puentes y autopistas que den mano de obra inmediata (modelo Roosevelt y new deal) sino de insuflar dinero efectivo o a crédito en sectores de la nueva economía, de los servicios y del sistema público. Y ese dinero efectivo tiene que salir de algún lado y ese el quid de la cuestión que se está negociando: ¿quién paga esto?