Confinamiento/ 18. La India

Foto Flickr Seba Della y Sole Bossio

Por Javier ARISTU

Estos días de clausura me han reforzado una añeja tendencia al aislamiento social. Desde hace varios meses vivo fuera de la ciudad, lejos de la aglomeración urbana, sometido a una rutina de tareas domésticas –pocas, dicha sea la verdad–, lecturas, notas escritas por aquello de seguir reforzando la actividad cerebral y paseos por el litoral del Estrecho. El paseo ha desaparecido del plan de defensa personal: el día 7 de marzo visité por última vez la playa, en una mañana espléndida de sol, y a partir de ahí me encerré entre los muros de mi casa-patria. Lo cual, repito, ha reforzado la rutina de los libros y me ha dado tiempo para reencontrarme con las viejas películas y las nuevas series. Una ausencia me afecta más: la de los nietos que, quitándome los lápices y bolígrafos o emborronando el libro que estoy leyendo me sacaban de esta rutina de viejo gruñón.

Ayer anduve navegando por la prensa europea vía Internet. Algunos medios han abierto sus códigos reservados y podemos leer noticias y reflexiones de interés en toda su extensión. Otros como Le Monde siguen cerrados prácticamente a los no suscriptores. Y navegando me tropecé con un  artículo de Arundhati Roy en el Financial Times que, maravillosamente, estaba abierto a su lectura íntegra. Se titula «La pandemia es un portal» y recomiendo su lectura (el navegador Chrome te lo puede traducir, con algunas incorrecciones o falsedades pero es fiable para una comprensión global del texto). La escritora hindú realiza un recorrido por estas últimas semanas de pandemia y su gestión por el gobierno del partido Bharatiya Janata presidido por Narendra Modi. Arundhati Roy es directa, concisa y clara sobre el contexto actual en la India, «un país pobre y rico, suspendido en algún lugar entre el feudalismo y el fundamentalismo religioso, la casta y el capitalismo, gobernado por los nacionalistas hindúes de extrema derecha».

Arundathi Roy

 La India acoge una mayoría de población de religión hindú (78 por ciento) con unas minorías religiosas importantes entre la que destaca la musulmana (el 14 por ciento, lo que supondría unos 180 millones de personas). Roy va desgranando todas las actuaciones del gobierno de Modi, sus imprevisiones, su carencia de respeto y cuidado por las personas, hasta cuando, de forma improvisada y por decreto, declaró el confinamiento general de los 1.300 millones de hindúes.

¿Se imaginan las condiciones en que se produce el confinamiento en la ciudad de Bombay? Esta tiene más de 12 millones de habitantes, con una densidad de 24.000 personas por km2, o Calcuta, con 5 millones de personas en un conglomerado con la misma densidad (Madrid tiene una densidad de 5.400 habs por km2.). Todos hemos visto fotografías de esas ciudades orientales donde los sistemas sanitarios, higiénicos o de mínima seguridad colectiva son inexistentes. En esas condiciones, cientos de millones de personas hacinadas en sus viviendas, en sus chabolas, en sus habitaciones durante semanas. Otras, una inmensa masa humana de millones de personas, según la escritora, comenzó una larga marcha hacia sus aldeas de origen, despedidos de sus trabajos temporales, carentes de ingresos provenientes de sus infra trabajos, declarados como parias de la tierra en busca de la mínima defensa vital que le da su familia originaria: «necesitaban desesperadamente una pizca de familiaridad, refugio y dignidad, así como comida, si no amor». Es la recuperación de los viejos relatos mitológicos o históricos donde se narran las inmensas migraciones de la humanidad. En este caso es un desplazamiento interno, dentro del propio país, pero los efectos son los mismos sobre la caída en desgracia de los más desgraciados.

India es hoy el segundo estado más poblado del mundo. Concentra un potencial humano impresionante y, a su vez, es polo de inversión de las finanzas globales. India es un país del futuro pero a la vez sigue viviendo con los retrasos del pasado. India es una metáfora asombrosa pero exacta de lo que nos está pasando a todos.

Roy termina su magistral retrato de la realidad actual en este mundo global con un canto a la lúcida esperanza: «Históricamente, las pandemias han obligado a los humanos a romper con el pasado e imaginar su mundo de nuevo. Este no es diferente. Es un portal, una puerta de enlace entre un mundo y el siguiente. Podemos elegir atravesarlo arrastrando los cadáveres de nuestros prejuicios y odios, nuestra avaricia, nuestros bancos de datos e ideas muertas, nuestros ríos muertos y cielos humeantes detrás de nosotros. O podemos caminar a la ligera, con poco equipaje, listos para imaginar otro mundo. Y listos para luchar por ello».

Todo un tratado de ética global.